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Sobreviviendo a Sandy en Cuba

 

Humberto Casanova

Muchas son las historias que el Rdo. Juan Vera, anterior obispo de Puerto Rico, podría contar de su visita a Cuba después del huracán Sandy, en octubre de 2012. Vera es consultor del Comité de Auxilio Metodista Unido (UMCOR).

Cuenta que hubo una pareja que con su bebé buscó refugio, mientras los vientos destruían su hogar. Se metieron debajo de la cama, abrazándose, mientras sus pertenencias y el resto de la casa volaban con el viento. Los tres sobrevivieron.

También habló de la casa pastoral con su generador, en la ciudad de Santiago. "La iglesia la ofreció a toda la comunidad", dijo Vera. "Allí la gente recargaba sus teléfonos celulares, las familias vecinas tuvieron algo de luz gracias a cables eléctricos de extensión y los padres recargaban las máquinas respiratorias para niños que las necesitaban".

Casas de iglesia como esta, dice Vera, están multiplicándose en la Iglesia Metodista de Cuba, en toda la isla. Durante el día son el hogar de una familia pastoral o de algún miembro de la congregación. Al atardecer se convierten en santuarios donde se alaba a Dios.

El huracán Sandy dañó más la parte este de Cuba, donde está la ciudad de Santiago, dañando unas 200,000 casas. La tormenta también dio nueva fuerza al cólera en la Havana.

Vera pudo ver un gran espíritu de solidaridad en todas las comunidades. "Cada uno hacía todo lo que podía para asegurar que todas las familias de la comunidad tuvieran algún refugio donde vivir después de la tormenta", dijo.

"No vi a nadie con las manos cruzadas sin hacer nada", continúa Vera. "La creatividad de la gente era evidente en todo lugar".

En muchos casos, de los escombros que quedaron se pudo construir un pequeño cuarto con baño. Este tipo de cuarto tiene espacio suficiente para que la familia duerma durante la noche y resguarde lo poco que quedó.

Pero las familias y comunidades también experimentan la solidaridad que viene del extranjero. En Puerto Rico, el Obispo Rafael Moreno Rivas llamó a los metodistas a tomar parte en una ofrenda a favor de sus hermanas y hermanos de Cuba. Vera se encargó de llevar la primera ofrenda de $8,000 en noviembre.

Además, UMCOR proveyó de una donación de emergencia de $10,000, para la Iglesia Metodista de Cuba.

El proceso de recuperación será largo, dice Vera. "Queda mucho por hacer para que las áreas afectadas puedan experimentar algún tipo de normalidad", dijo.

La destrucción le recordó el pasaje bíblico de los huesos secos, en el libro de Ezequiel. "Cada vez que vi la destrucción en la naturaleza y las comunidades, recordé la poderosa imagen bíblica, en la que los huesos secos vuelven a la vida por el poder de Dios," dice.

"Espero que el amor y solidaridad de la Iglesia Metodista Unida, y otras denominaciones de la familia metodista con sus ofrendas y apoyo, transformarán las comunidades devastadas".