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Reflexión sobre la Conferencia General

 
William H. Willimon

25 de mayo, 2012 | UMReporter


Obispo William H. Willimon.

La Conferencia General de Tampa hizo historia como la más cara ($1,500 por minuto), improductiva y fatua asamblea en la historia del metodismo. El fiasco de la "Celebración del Ministerio", del domingo por la tarde, fue una metáfora de nuestras casi dos semanas a expensas de la iglesia: cuatro horas de suplicaciones de parte de varias organizaciones: Comisión General del el Estatus y Rol de la Mujer, cinco planes nacionales étnicos, Fortalecimiento de la Iglesia Negra para el Siglo XXI, Hombres Metodistas Unidos, Niñas Scout, Universidad de África, etc. Otro tema de esa larga noche: aunque no podemos citar frutos específicos, por favor, no nos obliguen a cambiar o a gastar menos en nosotros mismos.

Incluso después de sufrir este abuso, la Conferencia General sucumbió a los ruegos de las agencias. En un blog después de CG2012, Mike Slaughter (que, junto con Adam Hamilton, advirtió a la CG, elocuente pero fútilmente, que debemos cambiar o enfrentar una muerte cierta) dijo la verdad: "Nuestros sistemas denominacionales continúan resistiendo el cambio por medio de proteger estructuras arcaicas. Desde nuestros seminarios a las juntas y agencias, la preservación institucional fue una fuerte influencia de resistencia a lo largo de toda la CG. Las burocracias organizacionales atrincheradas resisten el ser llamadas a cuenta&ellipsis;".

Cuando llegó el domingo, la mayoría de los cansados delegados se habían marchado. En una carta a la Comisión sobre la Conferencia General (CCG), la Obispa Hope Morgan Ward se quejó de que "todo el evento careció de coordinación&ellipsis; fue inconexo, repetitivo y fortuito".

Obispa Ward, para ser justos habría que decir que la CCG, en su incapacidad para producir una Conferencia General asequible, manejable y productiva, no es peor que la disfunción de cualquier número de nuestras agencias generales. Además, su crítica implica que el domingo por la noche un fracaso producido por la CCG.

Ron Heifetz, mi experto organizador, habla del "mito de sistema quebrado". Heifetz argumenta que todos los sistemas son "sanos" en que producen lo que desean los que se benefician de él. Aunque la CCG no puede producir una convención complicada y grande de dos semanas, la CCG produce una Conferencia General que protege a las posiciones de poder de la iglesia.

"Si usted quiere asegurarse que nada cambiará y que nadie preguntará '¿qué exactamente es lo que su junta produce para la promoción del reino?' Entonces le damos la Conferencia General 2012".

Algunos trabajan bajo la ilusión de que los obispos realmente juegan un rol en la planificación y dirección de la Conferencia General, en la supervisión de los programas de la iglesia, en guiar la dirección de nuestra conexión. La verdad es que, no sólo los obispos carecen de voz y voto en la Conferencia General, sino que no tienen ningún papel en la producción de la Conferencia General.

En medio de una adoración que se descarrió hacia mareadoras desviaciones teológicas, el desafío prohibitivo de tantas lenguas y la imposibilidad de un debate pensado y honesto entre casi un comité de mil miembros con ocho o nueve idiomas, una cosa unía a la Conferencia General 2012: la desconfianza que se tenía del liderazgo de los obispos.

Aunque los obispos gastaron cuatro años (guiados por los mejores expertos en administración de la iglesia) produciendo el Llamado a la Acción (LAC), el caótico Comité de Administración General rechazó el plan de restructuración de LAC.

¿Logros de los obispos? La Federación Metodista para la Acción Social recibió nueva vida y la Junta de Iglesia y Sociedad volvió a casa sin ser afectada por ninguna reforma, mientras que la organización Good News y una improbable asociación de grupos de agitación se unieron en contra de los obispos.

Un grupo de la Jurisdicción Sureste, ridiculizando el LAC como un juego de poder producido por los obispos, inventó el "Plan B" para frustrar la insidiosa supervisión de los obispos. El Plan B trataba de introducir algo desconocido en la historia de nuestra conexión, esto es, iglesia en base a un comité. Pero dicho Plan B no llegó muy lejos.

Entonces un grupo precipitadamente fraguó el "Plan UMC", una negociación flácida que limitaba la participación episcopal. La plenaria aprobó este anti-obispos. El Concilio Judicial lo mató al día siguiente. Nos guste o no, la constitución de la iglesia entrega a los obispos el deber de la supervisión.

Los delegados se fueron a casa (el costo del transporte llegó a casi $2 millones), algunos avergonzados de haber producido tan poco en respuesta a la pérdida de 3 millones de miembros en los Estados Unidos desde 1970, pero con la serenidad de haber resistido todo intento de modificar el tamaño, costo y duración de la Conferencia General y haber protegido la burocracia de la iglesia. Bienvenidos a la iglesia por comité.

Las buenas nuevas son que la misión de Jesucristo no será derrotada. Con o sin nosotros, obtendrá la iglesia que él demanda.
--Obispo William H. Willimon.
Al reunirme con clero joven desanimado en la Conferencia General, les supliqué que ejercieran disciplina espiritual, que quitaran sus ojos de la CG y los pusieran en el campo primario del Espíritu Santo, esto es, las congregaciones donde predicarían el próximo domingo. Le pedí a Adam y a Mike que vuelvan a casa a expandir sus redes equipados por sus congregaciones, nuestra sola esperanza para una renovación de toda la iglesia impulsada por el Espíritu. La Conferencia General no producirá ninguna restructuración concienzuda, ni ninguna rendición de cuentas para el crecimiento y el discipulado, jamás lo hará.

¡Alégrense obispos deprimidos! Habiendo sido rotundamente desairados por la Conferencia General, los obispos ahora están en libertad de centrarse en sus conferencias anuales y en aquellas iglesias locales y clero productivo (muchos de los cuales están demasiado ocupados y son demasiado impacientes para ser delegados a la CG) que responden a la exhortación episcopal para un liderazgo visionario y que corre riesgos.

Mientras que la CG vaciló, el Concilio de Obispos se reorganizó, racionalizó y economizó drásticamente su trabajo, reajustándose para dirigir congregaciones con vitalidad. Los obispos efectivos no esperan el permiso de la CG para guiar a la IMU a un futuro con vitalidad. Ahora que la CG ha despreciado el intento de los obispos de renovar y dirigir los mecanismos moribundos de la iglesia en general, quizá ahora podamos comprometernos a las prácticas históricas del episcopado: predicar, enseñar y guardar la fe.

Y la próxima vez que uno de ustedes tiene la temeridad de quejarse acerca de derroche de la Conferencia General, la pérdida de dos generaciones de jóvenes cristianos, la ineficacia de una junta o agencia o de la infidelidad del metodismo en retirada, yo les diré: "Comparto su preocupación, es una lástima que usted no estuvo en Tampa".

Las buenas nuevas son que la misión de Jesucristo no será derrotada. Con o sin nosotros, obtendrá la iglesia que él demanda.

*Willimon es obispo de la Conferencia Anual de Alabama Norte y autor del libro: