Skip Navigation

Rev. José Palos primer director del Plan Nacional para el Desarrollo de los Ministerios Hispano-latinos de la Iglesia Metodista Unida.

Foto cortesía de Rev. Arthur McClanahan, Conferencia Anual de Iowa.

El Rev. Palos fue homenajeado en la 3era Consulta del Plan Nacional, en marzo de 1025, por su trayectoria y testiomnio en favor del desarrollo de los ministerios hispano-latinos de La Iglesia Metodista Unida.

Rev. Arthur McClanahan, Conferencia Anual de Iowa.

El Rev. José Palos fue ordenado como Presbítero en la Conferencia Anual de Rí Grande en 1966 y actualmente está jubilado.

Previous Next

PLANtando semillas de esperanza:  entrevista a José Palos Director fundador del Plan Nacional

 

Por Rev. Gustavo Vasquez *
30 de septiembre de 2015

El Génesis del Plan Nacional

Desde el siglo 19 La Iglesia Metodista Unida viene desarrollando ministerios y trabajando con la comunidad hispano/Latina. Han sido más de doscientos años desde que la Iglesia Metodista Episcopal y La Iglesia Metodista Episcopal del Sur iniciaron obras en las distintas partes del país donde se concentraba la población hispana: Arizona, California, Florida, Illinois, Nueva York, Nuevo México, Texas, Colorado, Kansas, Luisiana, Nueva Jersey y Pennsylvania.

Muchos de estos ministerios crecieron y se consolidaron como congregaciones y misiones. Sin embargo, no existía una coordinación que pudiera aglutinar esfuerzos y recursos para mejorar el trabajo ministerial que venían desarrollando.

Es pasada la segunda mitad del siglo 20 cuando en la iglesia se crean entidades que trabajaban en la coordinación de distintos aspectos de la vida ministerial en la comunidad hispana.

  • El Comité de Recursos en Español, formado por representantes de varias agencias generales,
  • La Junta Consultiva bajo la Comisión de Comunicaciones, que producía la revista El Intérprete y
  • MARCHA, que se conformó como el caucus de la comunidad hispana dentro de La iglesia Metodista Unida.

Estas tres entidades dieron origen a lo que conocemos hoy como Plan Nacional para el Desarrollo de los Ministerios Hispano/latinos.

Miembros de Comité Nacional de Ministerios Hispanos en la decada de los 80. Foto cortesía de El Interprete. 

El Rev. José Palos fue su director fundador y relata esa experiencia con detalles. Ya en el año 2012, con motivo de los 20 años del Plan, el Rev. Palos publicó un breve reseña histórica de la cual extraemos hoy algunos fragmentos, para ampliar esta entrevista que nos concedió con motive de celebrarse el mes de la herencia hispana.

El origen del Plan y la celebración de dos décadas de trabajo

Be sure to add the alt. text

El Rev. José Palos fue ordenado Presbíterio en 1966 en la Conferencia Anual de Río Grande, estado de Texas. Foto cortesía de El Intérprete.

La aprobación de "La Iglesia Local Étnica Minoritaria" como una prioridad misional de la denominación durante varios cuadrienios entre las décadas de los años 70 y 80, fue un importante precedente que ayudó a líderes Hispanos/Latinos a conocerse mejor y trabajar juntos. A la vez les ayudó aprender lo bueno y lo débil de trabajar con las algunas agencias generales.

En la década de los 80, después de una consulta nacional sobre ministerios Hispanos/Latino, se formó un Comité Nacional de Evangelización y Desarrollo Congregacional que yo presidí. Este Comité llevó a cabo varios eventos de adiestramiento regional y nacional sobre ministerio Hispano, con recursos humanos y financieros de varias agencias generales de programación que apoyaron esta iniciativa.

Varios materiales impresos también se publicaron por la Junta de Discipulado y la Junta de Ministerios Globales como resultado del trabajo de este comité nacional. 

Además, durante esta década (años ochentas) varios Concilios Jurisdiccionales de Ministerios y Colegios de Obispos, enfocaron sus reuniones en torno al tema de desarrollo de ministerios Hispanos. 

El Rev. Palos nos relata una etapa muy singular e importante de este proceso de organización que se venía gestando y el rol que jugó el Obispo Joel Martínez, quien era miembro de la Junta General de Ministerios Globales. El tuvo la iniciativa de promover encuentros y contactos entre conferencias metodistas fronterizas de la IMU en Estados Unidos y de la Iglesia Metodista de México.

Estos esfuerzos generaron la creación de comités subregionales para coordinar el trabajo ministerial, lo que contribuyó a que más y más líderes locales se incorporaran a esta iniciativa.

Todos estos eventos ayudaron a líderes Hispanos, a través de la nación, a ver la necesidad de coordinar el trabajo. Por otra parte, el Plan Nacional Hispano de la Iglesia Católica Romana, que se desarrolló durante este período, también dio inspiración a algunos líderes Hispanos quienes anhelaban algo similar.

Yo presidía el Comité de Estrategia de MARCHA cuando se reunió en el Hotel Roosevelt en la Ciudad de Nueva York entre el 19 y 20 de febrero de 1987.  Un grupo de miembros de MARCHA (8), así como personal Hispano de las agencias generales (7) estuvieron presentes.

Fue allí donde claramente se discutió la idea de presentar a la Conferencia General de 1988 una petición para desarrollar un Plan Nacional para el Desarrollo de Ministerios Hispanos. 

Be sure to add the alt. text

El Rev. Palos  en una intervención en Conferencias Generales  durante la década de los 90. Foto cortesía de El Intérprete.

El proceso para obtener el “certificado de nacimiento” del Plan

En una reunión de un subcomité de MARCHA en Nashville durante la primavera de 1987, se discutieron los detalles de la petición que se venía preparando. El Obispo Martínez y yo nos comprometimos a hacer la redacción final de la petición, para presentarla a MARCHA en su reunión de noviembre de 1987. Esa Asamblea aprobó la petición y la envió a la Conferencia General.

La petición fue considerada por el Comité Legislativo de Administración General que dio su aprobación.  Posteriormente, el pleno de la Conferencia General la aprobó y así se formó el Comité de Estudio que trabajó en un estudio que arrojara datos y opiniones sobre el pueblo Hispano, cómo ministrar a ese pueblo y cómo desarrollar un plan nacional.

Este comité tuvo un carácter multicultural en su composición (anglos, afros, coreanos e hispanos) y estuvo bajo la coordinación del Obispo Elías Galvan

Después de una seria de estudios, el Comité analizó toda la data que obtuvo y un subcomité trabajó con el Dr. Justo González para redactar la primera versión del plan. Finalmente el Comité la aprobó y fue enviada a la Conferencia General de 1992 como una petición del Comité de Estudio.

Aunque el Plan fue aprobado por el 94% de los delegados de la Conferencia General de 1992, hubo algunas diferencias de opinión. Algunos consideraban que el Plan fuese llevado a cabo por las agencias existentes, las cuales se encargarían de desarrollarlo con sus propios recursos. Esto implicaba que el naciente plan no tendría fondos propios.

El plan fue finalmente aprobado, pero prácticamente sin recursos durante el primer cuadrienio. Apenas algunos fondos para cubrir los gastos del comité y la producción de algunos recursos en español.

En febrero de 1993 se formó el Comité Nacional de Ministerios Hispanos, presidido por el Obispo Joel Martínez y en julio de ese mismo año fui nombrado como el primer Coordinador del Plan Nacional, bajo la Junta General de Ministerios Globales.     

A diferencia de MARCHA, el Plan Nacional no había sido una propuesta proveniente de las bases. Aunque los pastores, líderes parroquiales y conferénciales, participaron activamente en discusiones y promovieron la idea de una trabajo más coordinado, el concepto de una Plan como tal fue más bien la respuesta de las agencias generales que buscaban unir esfuerzos, recursos y ser más eficientes en la promoción de ministerios entre la comunidad hispana.

En el cuadrienio siguiente, la Conferencia General de 1986 reafirmó el plan y le asignó recursos, marcando una nueva etapa en el incipiente Plan. Ahora con fondos asignados, el Plan podría enfocarse en el fomento de nuevos ministerios hispanos, en las conferencias anuales que estuviesen interesadas.

¿Cuáles eran los temas que discutían entre los líderes y como visionaban el futuro del ministerio hispano de La Iglesia Metodista Unida en aquellos años?

Se precisaron 2 énfasis en el trabajo del plan: primero, el desarrollo de nuevos ministerios a nivel local, tanto congregacionales como de servicio comunitario; y la capacitación de líderes para el trabajo en la iglesia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La formación de líderes fue, es y seguirá siendo una de las prioridades de trabajo del Plan Nacional. Foto cortesía de El Interprete. 

Ambos aspectos teníamos que desarrollarlos desde nuestras realidades y nuestra cultura, ya que los modelos existentes para el desarrollo congregacional y la capacitación, respondían (y aún sigue siendo así) a la realidad y al marco cultural anglosajón.

El modelo anglosajón proponía desarrollar nuevas congregaciones en los crecientes suburbios adyacentes a los centros más poblados, a donde se dirige siempre la población buscando mejores condiciones habitacionales.

Este modelo, además de ser muy costoso, tiene dos aspectos que no concordaban con la realidad de la población hispana:

  • El primero era la presunción de que entre la población que habitaba en los suburbios, habían metodistas unidos/as a quienes había que contactar e incorporarles a la nueva congregación, ya que serían la base para el desarrollo del trabajo. 

Nosotros, en cambio, éramos comunidades más pequeñas, cuya fe no era preponderantemente de tradición wesleyana, ni siquiera protestante-evangélica y con mucha inestabilidad para establecerse definitivamente en un sitio determinado.

  • El segundo elemento era el asumir que esta nueva congregación estaría en capacidad económica de auto sustentarse en un periodo entre 3 a 5 años.

Esto funcionó entre la población anglo de clase media en los suburbios, pero no funciona entre la población hispana e inmigrante, porque éramos una comunidad básicamente trabajadora, de bajos ingresos y en constante relocalización buscando mejores oportunidades de trabajo.

Muy pocas comunidades de fe tenían las posibilidades de pagar los servicios pastorales, bajo los estándares de la iglesia anglosajona.

En cuanto a la capacitación existía (y aún se mantiene) un desfase similar. Todo el sistema de formación pastoral y de líderes de la iglesia, esta adecuado a las necesidades de la población anglosajona, a sus realidades y ello es diferente entre nosotros.

Nuestra población no tenía las posibilidades de cumplir con los requisitos del sistema tradicional de la iglesia por varias razones:

  • En primer lugar, la educación universitaria requerida no es de fácil acceso para las comunidades inmigrantes y pobres.
  • Hay que tener un alto dominio del inglés para poder cursar estudios en el sistema de educación formal y para el inmigrante no angloparlante, eso es una gran limitación.
  • El tiempo de dedicación al estudio dificulta el ejercicio de trabajo necesario para la sobrevivencia y eso era un gran obstáculo para nuestra comunidad.
  • La educación teológica y los programas tenían un perfil anglo-céntrico y carecían de una visión multicultural, necesaria para el trabajo con la comunidad hispana que es muy diversa.

Es por ello que el Plan se enfocó en la formación de misioneros/as laicos/as, desde sus realidades y a partir de sus experiencias.

Sin embargo, ha sido y sigue siendo un gran obstáculo, el no tener un mejor sistema de formación que responda a la diversidad de la iglesia y de la propia sociedad. Sigue siendo necesario un sistema y unos procedimientos que permita preparar a los pastores de manera formal para la comunidad hispano.

“La consecuencia de no tener un mejor sistema de formación es que a la hora de abrir nuevos ministerios hispanos, las conferencias se ven apremiadas por conseguir lideres pastorales, y como el sistema formal no les está ofreciendo los candidatos adecuados, reciben o contratan a personas por ser hispanas, pero que muchas veces no tienen las capacidades, la formación teológica, ni la tradición doctrinal metodistas. Como resultado se han vividos muchas experiencias frustrantes y desalentadoras con personas que terminan siendo manipuladores/as, que dividen congregaciones, crean problemas y se llevan a la gente.Uno de los grandes obstáculos es que cada Conferencia mantiene con celo sus propios procedimientos.

La única vez que hubo un esfuerzo jurisdiccional coordinado fue en período entre el año 2008 al 2012, cuando la jurisdicción del oeste, patrocinado por el colegio de obispos de esa jurisdicción en donde se encontraba la Obispa Minerva Carcaño, formuló una estrategia para mejorar el proceso de reclutamiento y formación pastoral de hispanos entre todas las conferencias de esa jurisdicción. 

El Plan ha hecho varias propuestas, buscando mejorar la situación. Una de ella fue estaba orientada a las conferencias que estuvieran un alto nivel de concentración de población hispano parlante, para que requiriera de sus ministros, aprender español de manera que pudieran ministrar en cualquier idioma a cualquier iglesia, tal como la hace con éxito la Iglesia Católica Romana. Esto nunca fue aceptado por las juntas de ministerio de las conferencias.

De una consulta hecha en el año 2012 en la que participaron obispos, superintendentes, la Junta General de Educación y Ministerio (GBHEM) y el Plan Nacional, surgieron una serie de propuestas, las cuales no sé si se han implementado, pero que estaban relacionada por este problema que aún tenemos.

Los desafíos y resistencias

Entre los desafíos que se fueron presentando estuvieron:

  • El desarrollo de materiales en español para la capacitación de líderes laicos;
  • Cómo ayudar, además del desarrollo de nuevos ministerios, a la revitalización de las congregaciones que ya estaban establecidas
  • Cómo asistir a las Iglesias de otras culturas a desarrollar ministerios con la comunidad hispana. Muchas iglesias metodistas unidas de cultura afro, anglo y coreana, estaban ubicadas en comunidades y vecindarios hispanos crecientes.
  • Y finalmente cómo preparar a pastores para las Iglesias y congregaciones nacientes. En este aspecto hubo y sigue habiendo serias dificultades y resistencias de cambiar, porque el sistema tradicional dificulta a una persona inmigrante, que hable otro idioma o venga de otra cultura, poder acceder a la formación académica que la iglesia requiere para ser reconocido y llamado al pastorado de la iglesia.
Be sure to add the alt. text

El Rev. Palos recibe un reconocimiento a su ministerio y testimonio de trabajo en favor del desarrollo de los ministerios hispano/latinos de La Iglesia Metodista Unida. Foto: Rev. Arthur McClanahan, Conferencia Anual de Iowa.

Muchas Iglesias y comunidades de fe se mantuvieron luchando contra las adversidades generadas por la propia estructura de la iglesia. Para ellas el Plan nacional representó una plataforma que les daría más visibilidad y voz ante el resto de la iglesia, de manera que podrían conseguirse una serie de reivindicaciones que potenciarían el desarrollo de ministerios hispanos.

Encontramos resistencias a participar en el Plan Nacional de parte de algunas conferencias anuales donde había ministerios hispanos establecidos. La verdad es que hubo conferencias donde encontramos desinterés.

También nos dimos cuenta que algunos líderes anglosajones conferénciales, manifestaban interés cuando se percataban de la existencia de fondos, porque les permitiría descargar en ellos los gastos relacionados con los ministerios hispanos, que de otra manera la conferencia tendría que afrontar. Cuando no había fondos disponibles, para algunos desaparecía el interés. 

El Plan Nacional desarrollo con acierto una estrategia cooperativa con las conferencias en las que dividían la inversión en los ministerios en un 50% para cada entidad; por cada $1 que el Plan aportaba, la conferencia anual debía aportar otro $1 y así se logró aumentar significativamente los fondos para el desarrollo de ministerios hispanos.

Otras de las resistencia que encontramos fue la forma de abordar y ministrar en los problemas sociales que aquejaban a la población hispana (muchos de los cuales se mantienen en la actualidad).

El problema de la inmigración, por ejemplo, fue uno de esos asuntos. La Agencia de Iglesia y Sociedad tienen un procedimiento tradicional de desarrollar su trabajo, que es abogar directamente entre los políticos en Washington.

La propuesta del Plan era que se trabajara también con líderes sociales, pastores y grupos de base, a lo que se resistieron y se desaprovecho una oportunidad de crear mayor impacto a nivel social y de mayor conciencia en nuestra comunidad.

El Plan en la actualidad y su proyección hacia el futuro

El Plan ha evolucionado bien, tenemos ahora más personal a nivel nacional que se ha diversificado en las tareas y han cubierto el trabajo de manera muy eficiente. Hay varios misioneros trabajando en diferentes tópicos importantes para la vida y desarrollo de los ministerios hispanos y esto es muy positivo.

Los materiales que se están produciendo son mucho mejores en términos de calidad y se están reeditando y actualizando materiales que tenían y varios años de editados, utilizando nuevas tecnologías para divulgarlos a nivel nacional. Esto es altamente positivo porque se refuerza el papel del Plan como una herramienta de la conexionalidad de la iglesia, alrededor de la formación y la información.

Por otra parte, creo que ha sido muy positivo el hecho real de que las Iglesias y ministerios hispanos han crecido a lo largo del país. Lo que se ha hecho a través del programa Path1 ha sido muy positivo en líneas generales. Esto lleva a la necesidad de desarrollar estrategias de monitoreado y acompañamiento, que permitan seguir impulsando un crecimiento más rápido y amplio.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ministros/as brasileros reconocen al Rev. Palos como precursor de la incorporación de los ministerios brasileros al Plan Nacional. Foto cortesía del pastor Juarez Gonçalvez. 

Entre los desafíos presentes y futuros veo los obstáculos que sigue interponiendo la estructura de la iglesia en los aspectos que ya hemos mencionado (desarrollo congregacional, formación pastoral).No estoy seguro de cómo el Plan está lidiando con las limitaciones que habíamos tenido con el sistema que rige el desarrollo congregacional en nuestra iglesia, pero es sin duda un desafío permanente.

Me da la impresión de que aún se mantiene una resistencia a cambiar los modelos de ministerio prestablecidos y de que aún no hay un sistema coordinado entre las conferencias para el reclutamiento y la formación de nuestros pastores.

En el pasado una de nuestras deficiencias, el carecer del criterio y de un mecanismo apropiado de evaluación y acompañamiento a los ministerios a nivel local y regional. Espero que esto lo vayamos superando.

* El Rev. Gustavo Vasquez es el Director de Comunicaciones Hispano/Latinas de la IMU. Puede contactarle al (615)742-5111 o por el gvasquez@umcom.org.