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Por Aurin Squire | Traducción y adaptación por Amanda M. Bachus (*)
12 de febrero de 2015

El 30 de junio de 1974, Alberta Williams King fue asesinada a tiros mientras tocaba el “Padre Nuestro” en el órgano de la Iglesia Bautista Ebenezer. Como activista cristiana de derechos civiles, fue asesinada de igual forma que su hijo, Martin Luther King, Jr. Pero la mayoría de la gente recuerda sólo a uno de ellos. Hasta hace un mes, yo era una de esas personas.

Cuando un amigo me habló de Alberta Williams King, mi primera reacción fue "¿quién?" Esta pregunta fue seguida por una ola de vergüenza. Era la misma sensación que tuve hace unos años cuando escuché por primera vez acerca de Fannie Lou Hamer. Luego, más tarde fue sobre Ida B. Wells y otros líderes que parecían aparecer en la discusión de la historia estadounidense en mi confuso y desinformado silencio. Empecé a sospechar que recibí una educación a medias y que había dejado de lado el rol de las mujeres y el feminismo en la Historia Negra.

Pensé que estaba bastante bien versado en la historia afroamericana. Mis padres llenaron nuestros estantes de libros con el plan de estudios básico con títulos como: Fuera de la esclavitud, Cartas desde una cárcel de Birmingham, Hijo nativo, Chico Negro, Ve y dilo en la montaña, Soul on Ice, La falta de educación para el negro, Antes de Colón, y muchas más piezas de la literatura y de no ficción. Me sumergí en los libros, ensayos, historia de los santos, vídeos, enciclopedias. Mis estudios extracurriculares fueron de una curiosidad auténtica (en lugar de una obediente obligación) para saber más acerca de mi familia. Las mujeres negras tenían la función de transmitir la poesía y la canción: Phillis Wheatley, Maya Angelou, Gwendolyn Brooks, Nikki Giovanni, Sapphire. Pero por lo que al activismo se refiere, el liderazgo, las filas políticas eran sólo para los hombres.

"Bueno, no estudiamos mucho sobre eso, porque no existe tal cosa”.  Cuando niño, asistiendo a las escuelas para blancos privilegiados en el sur de la Florida, he oído estas mismas respuestas al pedido para conseguir más acerca del mes de febrero. Por lo general, yo era el único rostro negro en las clases de honor y sería el único que solicitaba. Durante el tiempo que estuve en la escuela media, la ignorancia sobre el tópico que permeaba en el ambiento no provocó mi ira. En cambio si me entró la curiosidad en cuanto a quiénes más no "tendrían una historia".

Cuando mis profesores disertaban sobre la historia del Medio Oriente, eliminaban mentalmente a Egipto, Libia, y la mayor parte de la región del continente africano para mantener el concepto eurocéntrico/Mediterráneo intacto. Pero nada de esto me sorprendió. La mayoría de mis compañeros blancos llegaron a un consenso de que los afroamericanos, en realidad, no tenían una historia antes de la esclavitud (o la llegada de los europeos) y no hay mucho deque hablar después del movimiento por los derechos civiles de la década de 1960. La única subcategoría que tiene una menor relevancia histórica, eran las mujeres negras. Y mientras se debatiera arduamente en defensa de la necesidad de la historia del negro, la mayoría estaba dispuesta a cederle una importancia al feminismo en la historia.

Ahora bien, esto no pretende ser una afrenta en contra de mis maestros, familia o comunidad. Estoy agradecido por sus lecciones sobre los hombres afroamericanos que hicieron historia. Pero después de escuchar acerca de Alberta Williams King el mes pasado y no tener idea de quién era, comencé a preguntarme cuántas historias de transformación me he estado perdiendo. Con la excepción de Sojourner Truth y Harriet Tubman, había descuidado la mitad de mi historia.

Incluso ahora, mientras la atención del país se centra en la nueva generación de activistas que luchan contra la brutalidad policial y los crímenes de odio, son las mujeres las que a menudo se quedan afuera. El silencio tiene consecuencias sutiles pero duraderas. La omisión histórica apunta hacia las creencias subconscientes de una cultura que algunas personas importan menos que los demás. Cuando se calla sobre la historia femenina, estamos enseñando a nuestros hijos que su dignidad es de segunda clase y los relatos históricos de sus vidas son menos relevantes. Este valor rebajado se transmite cuando las mujeres se enfrentan a una brutal codificación sexual y sistémica dentro y fuera de la comunidad. Cuando no podemos vernos a nosotros mismos en nuestra historia, empezamos a pensar que estamos desconectados y sufrimos solos. La ignorancia histórica siempre precede los desequilibrios culturales y desesperación individual. Demasiadas vidas todavía se viven en un espacio en blanco, muchas marchan por la igualdad racial, mientras subyugan su género e incluso su orientación sexual.

La ola de violencia inter e intra-comunitaria contra las mujeres y los ciudadanos LGBT afroamericanos no es un accidente. Puede parecer muy delicado hablar de la falta de historias afuera de las ‘heteronormativas' durante el Mes de la Historia Negra, pero la exclusividad histórica a menudo tiene una manera de convertirse en tragedia actual e institucionalizada.  Importa aquello de cuya historia se ha de contar.

Como adulto, estoy tratando de recuperar el tiempo perdido. Al conocer el trabajo de Wells cuando destaca los linchamientos, el liderazgo detrás de escena de la señora King, el activismo de Fannie Lou Hamer en Mississippi para que la gente se registre para votar, y de muchas otras mujeres cuyas historias se deben contar a nuestros niños y se conviertan en una parte aceptada de la historia negra.

*Aurin Squire es un periodista independiente que vive en la ciudad de Nueva York. Además de pertenecer a la sociedad de escritores de la Escuela Juilliard, también escribe para otras instituciones como el  Dramatists Guild of America, Brooklyn Arts Exchange, and National Black Theatre.

* Amanda M. Bachus es escritoria independiente para UMCOM amanda.m.bachus@gmail.com

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