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La Luz de Cristo crece y crece: un modelo a seguir

Por Tim Weeks


La Iglesia Metodista Unida Epworth, en Elgin, Illinois, parece una típica iglesia suburbana. Pero los domingos por la tarde, vibra al son contagioso de una orquesta de ocho personas con batería, bongos y congas tocando ritmos latinos. Cuatro líderes de adoración se mueven, cantan y oran en español, a la vez que jovencitas angelicales dan vueltas a banderas delante de la congregación. Se trata de La Luz de Cristo, una nueva comunidad de fe hispano-latina establecido hace dos años. Un grupo con un ambiente sincero y lleno del Espíritu. Se juntan unas 130 personas cada domingo para alabar a Jesús con sonrisas en sus rostros y muchos alzando sus manos al cielo, como lo hace el pastor de la iglesia Rubén Rivera.


Foto por Tim Weeks

El Rdo. Oscar Carrasco, superintendente del distrito Elgin, y el Rdo. Mario Mayer, de la IMU El Mesías, reclutaron a Rivera, de 47 años y nativo de México, como misionero laico.

"Empezamos a hablar con el Rdo. David Newhouse, de Epworth, para que nos acogiesen", dice Rivera. "Mi esposa Julissa y yo empezamos tocando puertas y formando estudios bíblicos. Cuando Newhouse nos dijo que no había problema, ya teníamos unas 12 personas".

Rivera trabaja en el área de la construcción con asfalto y cemento. Hoy es el líder de una comunidad de fe de 120-150 personas cada domingo. Dios cambió su vida. "Yo era adicto al alcohol y las drogas por 20 años", recuerda con lágrimas en los ojos. "Un día oré a Dios que me liberara y le prometí servirle por el resto de mi vida. Hoy honro esa promesa".

La predicación de Rivera es inspiradora y carismática. No usa el púlpito de la iglesia, sino un atril para música frente a las primeras bancas de la iglesia. Lleno de energía y celo evangélico, se mueve libremente con su Biblia en mano, hablando fuerte y claro en español, a una congregación que absorbe cada palabra. Con frecuencia la congregación responde a sus preguntas y exhortaciones con aplausos y con "amén y aleluya".

Este domingo, su sermón incluye la historia de Abraham y Sara, y de cómo Dios bendijo su fe con un hijo, a pesar de su edad avanzada. "No se trata de nuestro tiempo sino el de Dios", proclama. "¡Nunca pierdas la fe!".

"Hay muchos Rubenes que alcanzar", comenta Rivera. "Es por eso que tengo la pasión de servir al Señor, porque hay gente que solía salir conmigo y que ahora conocen a Jesucristo y adoran en nuestra misión".

Rivera se está entrenando por medio de la Academia Conferencial para el Desarrollo de Comunidades de Fe, que tiene una serie de reuniones mensuales creadas por Carrasco y el Rdo. J. Martin Lee, director de Desarrollo y reorganización Congregacional de la Conferencia Anual Illinois Norte.

Bajo el liderazgo de Lee, la conferencia ha empezado 30 comunidades de fe nuevas. Desde 2003, cuando empezó la primera academia, se han plantado 9 comunidades de fe latinas. “Para reavivar el movimiento metodista, tenemos que usar liderazgo laico autóctono y no depender más del clero ordenado”, dice Lee. “Lo que hacemos ahora está propulsado por la pasión, no por el dinero, porque subsidiar el salario de los pastores de congregaciones pequeñas no funciona en la comunidad hispana”.

“Chicago tiene la tercera más grande población méxico-americana en el mundo, de modo que las oportunidades para el crecimiento de la iglesia son enormes”, dice. “No podemos esperar a que los líderes hispanos vayan a la universidad y obtengan un diploma. Las necesidades son muchas y tenemos muchos misioneros laicos listos para el trabajo”.

“En la academia hemos entrenado a unos 100 latinos/as, 45 de los cuales son misioneros laicos. Este es el futuro de la denominación. Algunos irán al curso de estudios y el obispo les otorgará una licencia de pastor local. Pero el movimiento de Juan Wesley fue un movimiento laico, no de clero. De modo que, estamos recapturando la pasión metodista aquí en Chicago”.

Rivera aprecia el entrenamiento. “Aprender cómo hacer un letrero de iglesia parecería bastante básico, pero nuestro primer letrero tenía demasiada información para gente que pasa conduciendo a 50 millas por hora”, dice riéndose. “De modo que, cuando ordené el siguiente letrero, pedimos uno más grande con menos información. Hoy tenemos unas 8 o 9 familias más por sólo un letrero bien hecho”.

“También aprendemos a empezar grupos celulares y qué hacer con ellos para que crezcan. Es así que capacitamos a otra gente para que hagan lo mismo con pasión”, explica. “Pero no tiene que ver conmigo… se trata de multiplicar la congregación y alcanzar a todo el vecindario”.

Este es un grupo que creció de 2 a 120 personas, en sólo dos años. Esto habla de una multiplicación efectiva. La Luz de Cristo es, realmente, una luz, no sólo para Elgin sino para toda la Iglesia Metodista Unida.


--Tim Weeks, es escritor y productor independiente de televisión. Vive en Nashville, Tennessee.


el Intérprete, septiembre-octubre, 2012