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En Sandy Hook, volver a la normalidad es más bien un nuevo normal

Por Mel Kawakami*
 

A fines del año pasado, un joven entró a la escuela básica Sandy Hook, en la misma cuadra donde se ubica la Iglesia Metodista Unida Newton, y asesinó a 20 preciosos niños y 5 héroes adultos. Ha sido una terrible tragedia para la ciudad.

Las conmemoraciones ya terminaron, los vehículos de la prensa se han ido y la escuela ha empezado a funcionar 6 millas del lugar de los hechos. Pero la respuesta a "¿de dónde eres?" ha cambiado irrevocablemente de una conversación casual a un dolor que se atasca en la garganta.

El resto del mundo continúa con su vida, hablando del acantilado fiscal, de resoluciones de año nuevo, del empleo o desempleo del país, y de cualquier otra cosa que los diarios puedan poner su atención. Aunque todo parece "normal" en apariencia, para Sandy Hook se trata de un "normal nuevo". La realidad es que nada será igual otra vez. Hay 20 niños que no crecerán y 6 adultos que dieron su vida por ellos y una familia que llevará, por siempre, la marca de haber causado una masacre.

Pero en la oscuridad brilló la luz. No sólo el mensaje de que Dios está con nosotros incluso a través de los "valles tenebrosos" (Sal. 23:4), sino el hecho de que "la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla" (Juan 1:5). Pasamos de las expectativas de Adviento a la luz de la Navidad. La palabra de Dios y el mundo se tomaron de la mano. El obispo y el superintendente nos visitaron. También vinieron el Comité de Auxilio Metodista Unido y Comunicaciones Metodistas Unidas. Una llama de la Iglesia de la Natividad, en Belén, Israel, llegó como recuerdo visible de la esperanza y la fe. Después fuimos inundados de postales, tarjetas y cartas. Nuestros medios sociales de comunicación y teléfonos estuvieron ocupados. Todos nos llenaron de amor y preocupación que nos sostuvo en momentos de necesidad, y estamos muy agradecidos.

Nuestra iglesia actuó de tal forma que sólo puede ser descrita como llena del Espíritu. Nuestros fideicomisarios y los miembros del directorio de nuestra escuela Kindergarten saludaron a las visitas y nuestros líderes del Ministerio Stephen escucharon a los que vinieron a llorar y orar. Otros coordinaron con la Cruz Roja y los medios de comunicación que acamparon en la playa de estacionamiento. Otras iglesias ayudaron cuando estábamos cansados. Nuestros miembros contestaron el teléfono, leyeron la correspondencia y catalogaron los regales. Otros fueron a los funerales y otros cocinaron para que todos coman. Fue maravilloso ver al cuerpo de Cristo trabajar unidos en la crisis.

Estamos agradecidos por todo el apoyo que recibimos; nos sostuvo a través de los valles tenebrosos, y seguimos pidiendo sus oraciones.

La esperanza y la sanidad son metas a largo plazo. Muchos de ustedes siguen preguntando en qué nos pueden ayudar. Pero la pregunta es: ¿Qué podemos hacer antes de que la psique nacional olvide esta tragedia...; hasta la siguiente tragedia?

Hay que considerar dos cosas: Una es abordar la causa más amplia de la justicia social, personal e institucionalmente, que incluya acceso a la salud mental, para disminuir la violencia por armas de fuego y para que no se tolere la violencia en nuestra sociedad.

Segundo, nuestra oración para este nuevo año es que Dios despierte nuestro compromiso metodista unido con oración, presencia, servicio y testimonio. Les pedimos que encuentren alguna forma de honrar a los niños de su congregación y comunidad en el contexto de estos compromisos.


--*Mel Kawakami, pastor titular de la IMU Newtown, Connecticut.

Opiniones

Thays Fontanez

Lo ocurrido en la escuela básica Sandy Hook, en Newtown, Connecticut, ha sido una de las más terribles tragedias que he podido presenciar en mi corta vida. Jamás pensé que una persona con problemas de interacción social fuese a matar niños inocentes que apenas empezaban a vivir. Son cosas que le tocan el corazón a uno, ya que uno no sabe cuándo cosas así podrían pasarle a un familiar cercano. Estos son sucesos que te hacen reflexionar lo importante que son tus familiares. Digámosle a nuestros seres queridos, cada día, cuánto los amamos y hagamos de cada día uno especial e inolvidable.

Es penoso que aun nosotros que no somos víctimas, pero que vemos todas estas desgracias, no sepamos apreciar lo que tenemos. Pidámosle a Dios dirección; y que él sea el centro de nuestras familias para así tomar el camino correcto.

--Thays Fontanez estudia en el Colegio Evangélico Capitán Correa, tiene 16 años, y vive en Hatillo PR.


Víctor Gómez

Nunca olvidaré el sentimiento de ira y tristeza que sentí, cuando escuche la noticia de que una escuela de educación elemental había sido atacada con armas de fuego. Mi primera reacción fue clamar a Dios por protección y misericordia, no solamente por las víctimas sino por el atacante. En mi clamor, preguntaba "¿por qué a estas criaturas tan inocentes?" y: "¿por qué los sobrevivientes tendrán que llevar esta experiencia marcada en sus memorias?" Al mismo tiempo estoy seguro de que el corazón de Dios estaba también entristecido.

No cabe duda que fue un momento inesperado y trágico. Pero aun en medio del dolor, Dios está presente. A menudo nos escondemos detrás de las coberturas ilusivas del miedo, la duda y la ira, pero Dios siempre está con nosotros, aun en los momentos más difíciles.

--Rdo. Víctor Gómez es pastor titular de Mount Bethel View Charge, Winchester, Virginia.


Aida Beltrán-Gaetán

Lamentablemente, la vida está llena de tragedias diarias en todo el mundo. La vida misma es una bendición divina, pero tener vida es estar en riesgo. Cada día, cada instante está preñado de posibilidades tanto positivas como negativas. Algunas tragedias las vivimos directamente, otras indirectamente, como los Tsunamis y la masacre de la escuela. Son tragedias tan cercanas que es inevitable identificarnos con ella.

La vida entra en cámara lenta dentro de la rutina diaria; pensamos, lloramos, rogamos, esperamos y preguntamos dónde está Dios en todo esto; dónde está nuestra fe. Sobrevivimos todo esto porque, inexplicablemente, mantenemos la fe de que Dios está al lado de quienes están sufriendo y de quienes los están ayudando. Creemos que Dios ha de traer una solución a lo que está pasando, sea en el presente o en el futuro.

--Aida Beltrán-Gaetán es presbítera retirada de la IMU y vive en Atlanta, GA
abeltrangaetan@comcast.net


Fernanda Ramos

Siempre he escuchado acerca de balaceras en las escuelas, pero el hecho de que esta ocurrió en una escuela básica donde todos los estudiantes tenían menos de 10 años, es algo increíble. Creo que esta tragedia realmente ha abierto los ojos de la gente respecto a cuán serio es este problema. Tengo 16 años y vivo en Conroe, Texas. Como estudiante, ya no me siento segura yendo a la escuela, aunque sé que hay gente que se está moviendo para hacer cambios que solucionen este problema. En mi iglesia, oramos para que todos los afectados por la masacre logren tener paz. También quiero motivar a los estudiantes para que se interesen en el tema y ayuden a quienes pasan por momentos difíciles.

--Fernanda Ramos
nanda.ramos1012@gmail.com


Luis Ernesto Treviño

¿Qué podemos aprender de la tragedia de Newton? Lo primero es que debemos aceptar el hecho de nuestra vulnerabilidad, de que estamos expuestos a tragedias como esas. Nosotros, nuestros hijos y todos nuestros seres amados están expuestos al peligro. Alguien podría preguntar: "y dónde está la protección de Dios cuando la maldad se hace manifiesta?". La respuesta es que Dios está allí, a nuestro lado, lo sientas o no lo sientas; lo creas o no lo creas. Cuando esa maldad nos alcanza, no es porque Dios nos haya quitado su protección. Simple y sencillamente es porque estamos expuestos al bien y al mal.

--Luis Ernesto Treviño es pastor de la IMU Jesús es el Señor, en Cobden, IL
trevipe@hotmail.com



el Intérprete, enero-febrero, 2013