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En defensa del amor

Por Carmen Sol Cotto*
13 de agosto, 2014 | Filadelfia, Penn.

En muchas ciudades de Estados Unidos cerca de la frontera con México, muchas personas que protestan han estado portando letreros que indican: "No son nuestros niños; No es nuestro problema". Han estado deteniendo al transporte que trae a niños inmigrantes que llegaron sin compañía a sus comunidades.

El 31 de julio cientos de personas de fe, provenientes de más de 10 estados diferentes se reunieron en Washington, D.C. para realizar una protesta frente a la Casa Blanca.

Nuestros letreros leían: "Defendiendo el lado del amor por nuestras familias inmigrantes".

  Como personas de fe sabemos que estos son también nuestros niños. En Mateo 19:14, Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.» Mateo 19:14 (NVI)

Agradecemos a nuestros líderes metodistas como la Obispa Minerva Carcaño y el Dr. Bill Mefford; director de derechos civiles y humanos en la Junta General de Iglesia y Sociedad en Washington, DC por organizar este acto. Una gran cantidad de líderes de distintas iglesias de toda la nación también se unieron ese día en oración por amor, por nuestra fe y nuestros principios de justicia social.

Más de 120 personas de nuestro grupo fuimos arrestados frente a la Casa Blanca y animados por cientos de personas que nos apoyaban. Otros grupos de fe alrededor de este país también estaban defendiendo al amor al abrir sus iglesias y hogares para recibir y cuidar de los niños inmigrantes. Porque eso somos. Somos un pueblo de fe defendiendo el amor.  

Cada vez que nos juntamos en desobediencia civil en Washington, DC, nos estamos animando e inspirando unos a otros a continuar en esta lucha larga por los derechos humanos.

El pueblo de fe tiene una voz moral. Las personas en el poder deben escuchar esa voz para cambiar las leyes y mejorar las condiciones de vida de nuestros hermanos y hermanas.

Dios nos llama para ser la voz de quienes no tienen voz y a defender a quienes sufren.

Lo que hace poderoso este movimiento son nuestras acciones y nuestros números.

Treinta y dos fuimos arrestados en febrero. En esta ocasión éramos 4 veces más ese número. El número de personas que apoyaron también se multiplicó. ¡Así es que se construye un movimiento!

Estamos también ganando profundidad y creciendo espiritualmente en el proceso. Es una dinámica más grande que nosotros mismos. Estamos creciendo en nuestro entendimiento de lo que es moverse de la compasión a la acción y de lo que significa cumplir parte de lo que leemos en Mateo 25:40 " “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.”

Se requiere ahora mismo una fe que mueva montañas. Y estamos aprendiendo que "¡Si se puede!" Nuestro compromiso es más fuerte que nunca porque estamos comenzando a ver lo que ocurre cuando defendemos el amor.

Oh sí, hay que recorrer un largo camino en esta jornada. Pero tomemos ánimo. ¡Nosotros MARCAMOS la diferencia! Debemos recordar que, en nuestra historia, las personas de fe defendieron el amor y ocurrió el cambio. Ocurrirá nuevamente si no desmayamos.

Por favor sigan llamando, sigan invitando a otras personas a unirse, sigan defendiendo el amor y sigan levantando su voz moral. Sigan orando y clamando a Dios por nuestros niños, por los hijos de Dios. 

El cuerpo de Cristo es una fuerza poderosa. Muchos miles de personas actuando y moviéndose en un solo espíritu serán capaces de lograr una transformación significativa. Pude ver la mirada de esperanza y determinación y pasión en los ojos de mis hermanos y de mis hermanas puestos en fila para ser arrestados. Si todos somos fieles y hacemos nuestra parte, Dios vendrá en su poder y completará su obra. ¡Es una promesa!

Mientras tanto sigamos orando, clamando y marchando y hacemos lo que haya que hacer en esta lucha por la justicia. ¡Oh, que gozo es ser parte de este poderoso, maravilloso y hermoso cuerpo de Cristo!

En defensa del amor

* Carmen Sol Cotto es directora de comunidades de bienvenida al inmigrante de la Junta General de Iglesia y Sociedad