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El significado de Adviento: Segunda parte

 


Foto UMNS por Deanne Casanova.

Timothy Whitaker

8 de diciembre, 2011 | Conferencia Anual de Florida

El amor a Dios

Un escriba le preguntó a Jesús cuál era el mandamiento más importante. Jesús le citó Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18 que afirma que debemos amar a Dios y a nuestro prójimo.

Cuando Jesús decidió combinar estos dos mandamientos como si fuesen "el gran mandamiento", nos enseñaba que no hay amor a Dios sin el amor a los seres humanos, y de que no hay amor hacia el ser humano sin el amor a Dios.

La enseñanza protestante contemporánea tiende a malentender la integración del amor de Dios con el amor al prójimo como si fuese una combinación de los amores. En otras palabras, el mandamiento de amar se reduce al amor al prójimo. El resultado práctico es que el distintivo amor a Dios no recibe la atención que merece en nuestra práctica cristiana.

Una de las características de la enseñanza de Juan Wesley es que subrayó el amor a Dios. Obviamente, también enfatizó que nuestro amor a Dios debe expresarse en nuestro amor al prójimo, pero jamás cometió el error de asumir que nuestro amor a Dios se agota en nuestro amor al prójimo. Por el contrario, Wesley está consciente de que nuestro amor a Dios debe primar en nuestras vidas.

En su sermón sobre la circuncisión del corazón, Wesley escribió:

"Hay solo una cosa que debes desear por su valor esencial, la fruición de Aquel que es todo en todo. Hay solo una felicidad que debes proponer a tu alma, la unión con Aquel que la creó, el tener comunión con el Padre y el Hijo, el unirte al Señor en un Espíritu. Hay solo un fin que tienes que perseguir hasta el fin de tus días, gozar de Dios en el tiempo y la eternidad. Uno debe desear otras cosas, hasta donde lleven a esto. Ama a la criatura, hasta donde te lleve al Creador. Pero en cado paso que des, sea este el punto glorioso que defina tu vista. Que cada afecto, pensamiento, palabra y obra se subordine a esto. Lo que sea que desees o temas, busques o rechaces, digas o hagas, sea para tu felicidad en Dios, quien es el solo fin y fuente de tu ser".

Para ayudar a que los metodistas alimentaran su vida espiritual, Wesley preparó una colección de oraciones para cada día. Después de la oración para el día lunes, Wesley le pide al lector que se pregunte: "¿Pensé en Dios primero o al final?".

Tanto en su enseñanza como en su dirección espiritual, Wesley magnificó el mandamiento de amar a Dios con todo nuestro ser, como un mandamiento particular que debe ser obedecido por sobre todo otro mandamiento. Pero Wesley no estaba siendo original, sólo afirmaba lo que ya había sido expresado por los santos de todas las edades. La tradición cristiana de la contemplación es una muestra de lo que es amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerzas.

La razón de por qué muchos protestantes no gozan una "felicidad en Dios" es porque hemos pasado demasiado rápido del amor a Dios al amor al prójimo. Hemos dejado la contemplación para dedicarnos a la acción. La oración ha sido cambiada por el deber, y la teología por la ética. Esta agenda producirá cristianos sobrios, preocupado y activos, pero no cristianos gozosos, liberados y pacíficos. Una forma de obedecer el primer mandamiento es asistir al servicio religioso, oír la predicación, recibir la Comunión, orar privadamente, estudiar la Biblia y ayunar. Estas prácticas son medios para llevar a cabo el amor a Dios.