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El muro de los lamentos

 

Comentario por Jorge Berrios*
Agosto, 2014 | Nashville, Tennessee

“ Y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego” – Nehemías 2.13

Al divisar el muro por primera vez en nuestro viaje a la frontera, comencé a preguntarme, “¿Por qué este muro?”  No solo establece una distancia, marca una separación entre dos naciones, traza límites, rompe la cercanía entre familias, desgarra corazones, sino que en su efecto más trivial interrumpe el paisaje. Me decía a mí mismo, “¡No tiene sentido!”  Si compartimos un mismo cielo, un mismo sol, las mismas estrellas en la noche. ¿Por qué este muro?Me refiero al muro que divide a los Estados Unidos y México en uno de los puestos fronterizos de mayor tráfico: Tijuana, en el territorio mexicano y  San Isidro, en el territorio estadounidense.

El miércoles, 6 de agosto, junto a otros hermanos y hermanas miembros de la Iglesia Metodista Unida  y con motivo de nuestra  reunión anual del caucus hispano MARCHA (Metodistas Asociados Representando la Causa Hispanoamericana), emprendimos un viaje desde El Segundo, California hasta la frontera con México para conocer de cerca la realidad de la frontera y palpar lo que allí se vive.  

Al estar de cara frente al muro en territorio mexicano, recordé que hace muchos años, en mayo del 1998, visité otro muro, el llamado Muro de los Lamentos en Jerusalén. Ambas han sido experiencias significativas en mi vida. Frente a ambos muros pude orar, llorar y reflexionar. Pero en realidad, aunque experimenté emociones similares en ambos muros, no me percaté de la semejanza que puede existir entre los dos muros hasta que el Rdo. Saúl Montiel nos indicó: “Lo he llamado el muro de los lamentos”, al referirse al muro fronterizo.

El Rdo. Montiel, pastor ordenado de la Iglesia Metodista Unida quien pastorea actualmente una congregación en San Diego, nos guió por nuestro recorrido a través de la frontera. Al acercarnos al muro nos llevó a un lugar llamado el Parque de la Amistad. En este punto del muro metálico, hay una especie de rejilla en la pared donde se puede ver de un lado al otro del muro. En este lugar, los sábados y domingos de las 10 de la mañana a las 2 de la tarde, se le permite a un máximo de 25 personas reunirse frente a la rejilla, solo por treinta minutos por grupo, para ver a sus familiares al otro lado del muro, explicó el Rdo. Montiel.

Este es el lugar donde el Rdo. Montiel ha sido testigo de llantos desgarradores de familiares que, en muchos casos, no han visto a sus seres queridos por muchos años. Madres, padres, hijos, hermanos y amigos se reúnen y, al menos, a través de la rejilla pueden verse y hablar aunque no puedan abrazarse. Esta realidad es solo algunas de las razones por las cuales el Rdo. Montiel lo llama el muro de los lamentos. Luego de la explicación pude comprender la semejanza entre este muro fronterizo y el Muro de los Lamentos en Jerusalén, pero también pude identificar las diferencias.

Aquél muro en Jerusalén es parte de las ruinas que quedan de la base del templo de Jerusalén. Edificación que recordaba la presencia de Dios en medio de su pueblo. Este muro fronterizo es la estructura que se levanta para recordar la separación que se realiza, la injusticia que se ejecuta, la opresión que se manifiesta y el atropello que se perpetra contra la dignidad humana de millones de personas que sufren.  

Allí, frente al muro, realizamos un servicio de comunión y juntos oramos y colocamos las manos sobre el muro. Me estremeció el llanto de mis hermanas y hermanos que unánimes orábamos para que un día aquél muro sea removido. Sentí el deseo de dar siete vueltas y al final de la última vuelta tocar las bocinas de cuernos de carnero, y gritar a gran voz, para que el muro cayera como las murallas de Jericó. Recordé el recorrido que Nehemías hizo en la noche y observaba los muros de Jerusalén derribados, solo que en este caso a diferencia de Nehemías, me llenaría de gozo el recorrer el muro fronterizo entre los Estados Unidos y México y observar que ha sido derribado, y su rejilla consumida por el fuego.


*Jorge Berrios es editor asociado de páginas web de Upper Room Books, Junta General de Discipulado.