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El líder y su teología: Tercera parte

21 de octubre, 2011 | GBOD

Conociendo nuestra teología
La Biblia forma nuestra teología, como también lo hacen nuestra tradición cristiana, nuestras experiencias y la forma en que las interpretamos. Los himnos que cantamos, las oraciones que hacemos, los rituales en los que participamos y los credos que profesamos son algunas de las formas en que expresamos nuestro entendimiento de la fe cristiana. Estamos rodeados de palabras y símbolos que intentan nombrar la realidad del amor y gracia de Dios en nuestras vidas. Nuestro contexto influencia cómo interpretamos el lenguaje de la fe, rituales, símbolos y prácticas. Los particulares de quiénes somos también afectan el valor y el grado de importancia que asignamos a estas prácticas.

Leyendo la Biblia
La Escritura es un libro sobre Dios y su relación con los humanos. Como creyentes metodistas unidos, creemos que la Escritura es la fuente principal de nuestra fe y práctica. La Biblia da testimonio a la realidad de Dios en nuestro medio.

Génesis 1:1 empieza la historia de la revelación que Dios hace de sí mismo con las palabras: "Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra". La historia continúa hasta llegar a los versículos 26 y 27, donde se dice que Dios dijo: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza&ellipsis; creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios". Esta antigua narración de nuestros orígenes concluye con un maravilloso testimonio: "Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno" (1:31). Los cristianos proclamamos que antes que nada existiera, Dios existía. La esencia de la naturaleza de Dios es relacional. Hemos sido creados a su imagen. Lo que Dios creó es bueno.

El resto de la Escritura cuenta cómo los humanos fracasaron en vivir según la imagen de Dios que llevan dentro. Con frecuencia adoramos el éxito, la riqueza y el poder, en lugar de Dios. Cuán a menudo nos degradamos, oprimimos y matamos unos a otros. La Biblia también testifica del amor y perdón de Dios. Una y otra vez, Dios restablece su relación con la humanidad. Este testimonio se expresa en la forma más clara en Jesucristo, que vino a reconciliarnos con Dios.

En la iglesia, usamos la palabra "pecado" para acciones y actitudes que nos separan de Dios y su voluntad. Usamos la palabra "gracia" para referirnos a la generosidad y amor incondicional que Dios nos tiene. Usamos los términos "reconciliación" y "salvación" para lo que Dios logró en Cristo. Estos son conceptos básicos de nuestra historia cristiana. Por cierto, toda la historia de la iglesia es el relato de Dios reconciliando al mundo a través de su Hijo.

Jesús como centro
A fin de saber cómo es Dios, podemos poner atención a la vida, ministerio y muerte de Jesús. Si examinamos Marcos 8, veremos que este capítulo es como un microcosmos del ministerio de Jesús. El capítulo empieza con Jesús alimentando a miles de personas. Continúa con Jesús sanando a un ciego. Después Jesús conversa con sus discípulos sobre lo que la gente dice de él, y Pedro profesa su fe en Jesús como el Mesías elegido. El capítulo termina con Jesús llamando a sus discípulos al discipulado: "Si alguien quiere ser mi discípulo&ellipsis;, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga" (v. 34).

Alimentar, sanar, enseñar y llamar son los componentes esenciales de ministerio de Jesús. Si concordamos en que podemos conocer a Dios a través de Jesús, entonces estas acciones nos dan la clave de quién es Dios y lo que quiere de nosotros. Dios provee para nuestras necesidades espirituales y físicas. Dios quiere que vivamos como Cristo vivió. En lugar de centrarnos en nuestras necesidades, debemos confiar que Dios proveerá y vivir una vida de servicio al mundo en nombre de Jesús.

Alabando con la música
¿Cuál es la primera canción que recuerda haber cantado en la escuela dominical o la iglesia? ¿Con qué palabras se describía a Dios? ¿Qué claves para la vida cristiana ofrecía?

Nuestra vida está llena de himnos y canciones que expresan nuestra fe en Dios a través de Cristo. Sea que cantemos un antiguo himno o una canción contemporánea, las palabras expresan nuestra forma de entender a Dios, lo que ha hecho por nosotros y la forma en que debemos responder.

Participando en la iglesia
Considere un domingo típico en su congregación. Lo más probable es que hay prácticas que se hacen todos los domingos, como encender velas, saludarnos unos a otros con la paz de Cristo y compartir la oración congregacional.

Durante el mes, lo típico es que la congregación celebre la Santa Comunión, se bautice a algún niño o adulto o se reciba a nuevos miembros.

Cada una de estas ocasiones está marcada con palabras y acciones familiares que llamamos rituales. Desde un punto de vista práctico, los rituales nos ayudan a saber qué hacer porque los hemos realizado anteriormente. Desde una perspectiva teológica, los rituales expresan la fe. El encender una vela nos recuerda que Cristo es la luz del mundo. El compartir nuestras peticiones de oración nos afirma que somos el cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:26). El participar en la Comunión nos recuerda lo que Dios hizo por nosotros a través de Jesucristo, y que Cristo está presente en el sacramento. El bautismo de un niños nos dice que todos tenemos un lugar en la familia de la fe.

Lo que creemos acerca de Dios viene formado por las prácticas de las congregaciones en las cuales hemos participado. Dado que la mayor parte de estas prácticas no son explicadas durante el servicio religioso, lo más probable es que la gente ya entienda su propósito o que este se deduzca del rito mismo. Si usted está en una posición de liderazgo, tiene la responsabilidad de explicar estas prácticas y llevarlas a un plano de conciencia en la gente.

Entendiendo el contexto
Cada uno nace en una familia, comunidad, nación cultura particular. Estas unidades sociales contienen valores, costumbres, prioridades, normas y expectaciones. Al crecer, descubrimos lo que es apropiado o inapropiado en nuestra familia, comunidad y cultura. Aprendemos las reglas del éxito, así como los linderos que no debemos ignorar.

Además de estos factores sociales abarcadores, hay otras variables que definen nuestro contexto, como el sexo, educación, ingresos, etnicidad, lugar geográfico (rural, urbano, etc.) y lugar social (tipo de profesión, etc.).

Además, los individuos podrían vivir solos, con un cónyuge, niños, amigos o parientes. Una familia podría vivir en un país en el que no nacieron. Una persona que vive sola podría ser soltera, viuda o divorciada. Todo nuestro contexto y experiencias personales moldean nuestra teología y cómo vemos el mundo. Es importante conocer el contexto, a fin de entender los valores que estimamos, las presuposiciones sobre las que actuamos y los factores que influyen en nuestras decisiones y conducta.


Para las dos primeras entregas, visite

El líder y su teología: Primera parte

El líder y su teología: Segunda parte

Este artículo es una adaptación de una parte del estudio Teachers as Spiritual Leaders and Theologians, producido por la Junta General de Discipulado.