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El Espíritu Santo

Curt Harding

6 de noviembre, 2012 | Rethink Church


Símbolo del Espíritu Santo.

Jesús dijo "¡La paz sea con ustedes!" Después "sopló sobre ellos y les dijo: 'Reciban el Espíritu Santo'" (Juan 20:19-22).

Se dice que describir el Espíritu Santo es como describir el viento. Sabemos que está allí porque lo sentimos. Podemos ver sus efectos en los árboles, en el agua, etc.

¿Pero qué es el Espíritu Santo? Aunque deberíamos preguntar ¿Quién es? Si el Espíritu es lo que la Biblia dice que es, ¿cómo podemos relacionarnos con alguien a quien no podemos ver?

Luchamos con la idea del Espíritu porque tenemos una imagen de Dios en la mente. Por lo menos sabemos que su voz suena como la de Morgan Freeman. También creemos que tenemos una clara imagen de Jesús. Tiene que ser como Jim Caviezel en la película The Passion of the Christ. Un tipo atractivo con cierto toque de tosquedad, pelo largo suelto, y ojos azules. Es gentil, accesible. Nos protege.

Pero no tenemos ninguna imagen del Espíritu. No sabemos cómo luce.

El día de la resurrección, los discípulos no habían visto a Jesús desde el día en que lo vieron crucificado. De repente se aparece en el lugar donde estaban. ¿Se imaginan el impacto? ¡Qué emoción! Los discípulos rompieron en gozo, risa y lágrimas. Empezaron a congratularse, ¡Jesús está de vuelta! ¡Aquí mismo con nosotros! Pero Jesús les dice que se va, y entonces sopla sobre ellos y les da el Espíritu.

Antes de eso, les dijo: "Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad&ellipsis; No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes (Juan 14:16-18). Jesús estaba pasando el mando. Dijo a sus amigos más íntimos que vendría otra persona como ayudador, abogado, amigo y consolador.

El Espíritu es nuestro ayudador. Fue verdad en el primer siglo y es verdad hoy. Es una tremenda promesa. Jesús no nos dejó huérfanos, sino que está con nosotros en el consolador.

Así como no entendemos al viento completamente, tampoco entendemos del todo la obra del Espíritu. Pero esto no es un obstáculo para la fe, la fe que transforma nuestra vida.