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Foto por Greg Nash

Definiendo una vergüenza

 

Obispa Minerva Carcaño y Simone Campbell*/ Traducción y Adaptación: Michelle Maldonado**
24 de febrero de 2016

La promesa de Donald Trump durante su campaña de defender el cristianismo si es elegido como presidente ha sido motivo de preocupación para nosotros/as. Recientemente Trump llamo la crítica del Papa Francisco acerca de su postura ante la inmigración "vergonzosa". Hasta este punto llegamos.

Trump no puede defender lo que él no parece entender.

La fe cristiana enseña el amor al prójimo y el amor al extraño, no el amor sentimental, sino el verdadero amor que da la vida. Hay dos tipos de amor que se especifican en la Biblia: Phileo y Ágape. El amor ágape es el amor de sacrificio; piensa en la parábola de Jesús, donde el buen samaritano vio a un hombre herido y le ayudó sin tener en cuenta la raza o la religión. Él sólo vio a una persona en necesidad. El cristianismo no es la única fe que habla de amor intencional. Cada religión del mundo tiene en su centro un compromiso con el cuidado de la humanidad: el huérfano, la viuda y al extranjero.

Está muy claro lo que pasa. Trump está ejecutando una estrategia política que ha existido durante miles de años: canalizar la ira nacida del miedo. Él no es el único candidato en hacerlo, pero su voz parece ser la más fuerte y la más airada. Entendemos que gran parte de este miedo, proviene de aquellos que ven su condición de mayoría – blanco, cristiano y hombre – cambiando y sienten que nadie está haciendo algo por ello, pero la promesa de Trump defender el cristianismo no es más que una estrategia política para ganar votos. No es sólo manipulador y cínico, sino que atenta contra la profunda sabiduría de la fe cristiana, y eso es ofensivo para nosotros/as.

Millones de estadounidenses, incluyendo aquellos cuyos temores están siendo canalizados por Trump, han dedicado sus vidas a hacer buenas obras de fe. Su difusión del miedo es un insulto personal y es peligroso públicamente. Se está construyendo un muro entre los ciudadanos estadounidenses de todos los credos, colores y culturas. Nuestra fe se merece mucho más respeto del que se ha demostrado hasta el momento.

Trump dice que la sugerencia del Papa de que sus políticas de inmigración no son cristianos es "una vergüenza". Lo que es lamentable es el celo xenófobo de Trump, que está causando temores entre los/as inmigrantes, llamándoles violadores y luego ofreciendo un muro gigante como remedio a la inmigración, lo cual no es la solución. La situación actual de mantener a inmigrantes en centros de detención con fines de lucro y la deportación madres y padres, que tienen que dejar a sus hijos valiéndose por sí mismos, tampoco es la solución.

Yo, Minerva Carcaño, lo sé. Como obispa metodista, sostuve a un niño de Honduras en un centro de inmigrantes en el sur de Texas mientras él me mostraba las imágenes que había dibujado y describió el peligroso viaje que acababa de tomar como un niño inmigrante no acompañado. Como supe en aquel momento, y sé ahora, las soluciones ofrecidas por Trump o por la administración actual, no son las respuestas y ciertamente no son expresiones de la fe cristiana.

Los muros nos separan de la posibilidad de ejercer el amor que da la vida, mientras que los puentes nos ofrecen esa posibilidad, y los/as cristianos/as han de ser contados entre los/as constructores/as de puentes en Estados Unidos. Nos unimos a las iglesias y sinagogas que ofrecen santuario y proporcionan refugio a las familias en peligro de ser separadas - los padres de sus niños/as, las esposas de los maridos, los vecinos de nuestras comunidades.

Yo, la hermana Simone Campbell, lo sé. Durante nuestra campaña "Monjas en el autobús", en honor a la visita del Papa a EE.UU. y el mensaje de inclusión económica, me encontré con Kathryn, una joven de 16 años, que estaba cuidando a sus cinco hermanos/nas después de que sus padres trabajadores fueron deportados. Stephanie, su hermana de 11 años, en su angustia intento el suicidio, creyendo que sería mejor para su familia no estar viva. Afortunadamente, esto/as niños/as estaban rodeados por el cuidado de sus vecinos y el amor de su comunidad parroquial que todavía les sigue apoyando.

Eso es amor ágape. Amor cristiano, intencional y de gran alcance.

El disfraz de santos/as y cristianos/as de los/as candidatos/as presidenciales, no les va a udar a abordar de manera efectiva la reforma de inmigración o los problemas de la pobreza y la desigualdad económica en EE.UU. Tampoco va a resolver el racismo institucional, la desigualdad educativa y la gran cantidad de personas en el país sin seguro de salud. Se va a necesitar mucho más que levantar un falso cartel declarando que uno entiende lo que es ser cristiano/a.

Todos/as los/as candidatos/as presidenciales están invitados/as a unirse al valiente testimonio de las personas de fe y de amor (los/as constructores de puentes). Pero no pueden hacerlo a través de las palabras de poca profundidad. Ser líder requiere tomar los problemas difíciles de la vida real de nuestra nación y enfrentarlos con integridad. Aunque no estamos de acuerdo sobre las políticas, no podemos estar en desacuerdo con la necesidad de integridad.

*Carcaño es residente de Los Angeles y obispa en La Iglesia Metodista Unida, la primera mujer hispana en ser elegida para este episcopado. Campbell es directora ejecutiva y lider de la Red de "Nuns on the Bus". Ella es autora de "Una monja en el autobús: Cómo Todos Nosotros Podemos Crear Esperanza, Cambio, y Comunidad". Para más información acerca del artículo, visite el enlace: http://thehill.com/opinion/op-ed/270517-defining-disgraceful

** Michelle Maldonado es la Directora Asociada de Comunicaciones Hispano/Latinas de la IMU. Puede contactarle al (615)742-5775 o por el mmaldonado@umcom.org