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Cuidado pastoral a lo largo de la ruta con migrantes

 

Por Felipe de Jesús Ruiz Aguilar* | Traducción y adaptación Amanda M. Bachus **
29 de mayo de 2015

Al leer la palabra de Dios en la Biblia, nos encontramos con un enfoque especial y amoroso dirigido hacia el migrante. "Así mismo debes tú mostrar amor por los extranjeros, porque también tú fuiste extranjero en Egipto". (Deuteronomio 10:19, NVI). "El Señor protege al extranjero y sostiene al huérfano y a la viuda, pero frustra los planes de los impíos... "(Salmo 146: 9 bis, NVI). Estos son sólo dos de los muchos textos bíblicos que describen el amor de Dios para la comunidad migrante vulnerable. Por toda la Biblia, este es un mensaje recurrente.

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Una mujer guatemalteca sostiene una foto de su hijo desaparecido durante la vigilia en Tapachula, México, el 16 de diciembre de 2013. Foto por Paul Jeffrey.

Para los migrantes en el Hemisferio Occidental, México es considerado como un gran trampolín, un inmenso puente a través del cual miles de personas procedentes de América Central y las provincias del sur de México pasan en un esfuerzo desesperado por llegar a Estados Unidos. Cada día los migrantes tratan de atravesar la frontera norte de México en busca de lo que ellos creen es el "sueño americano". Pero para muchos, este sueño con demasiada frecuencia se convierte en una pesadilla insoportable en el camino.

Las personas que dejan sus países de origen con la esperanza de encontrar una vida mejor más al norte, se esfuerzan por escapar de las duras realidades de sus países de origen. Algunos dejan el hogar debido a la pobreza. Otros huyen de la violencia de pandillas en sus comunidades. Cualesquiera que sean sus razones, por lo general viajan en una de tres formas posibles. El viaje más afortunado es en avión. Otros viajan por tierra en autobús o en coche. Los que no tienen ningún otro recurso viajan en tren.

En el estado mexicano de Chiapas, los viajeros más pobres suben al tren de carga conocido como "La Bestia". Se le dio ese nombre porque muchos de los desafortunados que lo han montado sufren accidentes, acoso, robo, violación, pérdida de extremidades, e incluso la muerte. Este viaje en tren no es como aquellos en los que el viajero tiene un asiento dentro de los coches, donde se espera un mínimo de comodidades. No, este viaje se hace afuera de "la Bestia", con los migrantes aferrándose al techo de cada vagón de mercancías, sujetos a la lluvia, el sol, el viento, el frío o el calor, sin agua ni comida.

Hemos escuchado testimonios de innumerables personas que han caído de la parte superior de este tren de carga, algunos de los cuales han sufrido amputaciones de sus brazos o piernas. Otros han sido golpeados tan duro hasta quedar inconscientes, o se han paralizado por el golpe de la caída.

El viaje en sí puede tomar de dos a cuatro semanas, si las vías del tren están en condiciones decentes. De lo contrario, puede haber retrasos hasta que se hagan las reparaciones. Un tiempo atrás, la ruta del tren llevaba a la gente a las fronteras de Tamaulipas y Chihuahua con Texas. Sin embargo, debido a la actual violencia a lo largo de estos tramos fronterizos, los migrantes prefieren tomar los carriles que van rumbo a Mexicali y Tijuana, en el estado norteño mexicano de Baja California. Esto añade 24 horas más a las horas del viaje--10 de los cuales incluye el viaje a través de un desierto abrasador. Esta forma catastrófica de tránsito mata los sueños de todos los que tienen que viajar de esa manera: jóvenes, mujeres, niños y hombres de todas las edades, de todas las clases sociales, y de diferentes creencias religiosas.

El llamado al ministerio con el migrante

Como Iglesia Metodista -- una iglesia de Jesucristo-- no podemos hacernos de la vista gorda o ser apáticos a este desastre humanitario. Cuando somos testigos de una situación así, no debemos seguir siendo contemplativos o esperar por una respuesta que providencialmente caiga del cielo. Somos el pueblo de Dios -- los instrumentos que Dios utiliza para traer bendiciones a otros. Somos las manos de Dios que se utilizan para llevar la esperanza a aquellos que no saben lo que va a pasar cuando caiga la noche o cuando amanezca el próximo día. Es nuestra responsabilidad como cristianos y como seres humanos atender a los que sufren desprecio, falta de atención, insultos, discriminación y violencia. Debemos cuidar de las personas que están olvidadas o rechazadas por aquellos que no han conocido el amor de Dios, que no conocen el temor de Dios, y que nunca han sufrido extrema necesidad en sus vidas. 

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El Obispo Felipe de Jesús Ruiz Aguilar, de la Conferencia Anual del Noroeste de la Iglesia Metodista de México. Foto cortesía del obispo Ruiz Aguilar.

“Dios nos llama hoy a asistir a nuestras hermanas y hermanos que, a causa de alguna desgracia, están separados de sus familias y se encuentran lejos de su hogar, en busca de un futuro mejor”.

Qué tenemos disponible

A partir de este llamado urgente, un proyecto ha salido de mi corazón y lo hemos llamado “Acompañamiento pastoral en la ruta del migrante”. El objetivo de este proyecto es de darles una mano a los migrantes en tránsito, sea del sur hacia el norte, o del norte hacia el sur. Este sueño incorpora todas las seis conferencias de la Iglesia Metodista de México, junto con la participación vital de las Iglesias Metodistas de América Central y la Iglesia Metodista Unida en los Estados Unidos. Los primeros pasos se han desarrollado con la participación de Ministerios Globales y el Plan Nacional para el Ministerio Hispano/Latino.

Juntos hemos creado un mapa que marca todas las rutas utilizadas por los migrantes a través del ciclo por la república mexicana. El mapa también indica las ubicaciones de todas las congregaciones metodistas a lo largo de estas rutas, y marca las oficinas del Instituto Nacional de Migración junto a organizaciones de derechos humanos, albergues, comedores, y cualquier otro lugar que ofrezca ayuda a los migrantes.

La segunda etapa del proyecto fortalecerá el ministerio con los migrantes que actualmente se está desarrollando en México, con la esperanza de llegar a más migrantes que necesitan asistencia y apoyo durante este difícil tramo de su viaje. Hoy estamos agradecidos por los servicios ya establecidos en la frontera entre México y Estados Unidos--específicamente en Tijuana, Tecate y Mexicali, en el estado de Baja California; en San Luis Río Colorado, Sonoyta, Nogales, Agua Prieta y en el estado de Sonora; y en Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua. También tenemos lugares donde los migrantes pueden parar para comer en Apaxco, en el estado de México.

Aún así, la mayor parte de nuestro trabajo actual con los migrantes es a lo largo de nuestra frontera norte. Sólo un servicio está disponible en el centro del país. Nuestro sueño como iglesia es fortalecer el trabajo en el centro y partes del sur de México sin dejar nuestros esfuerzos de ahora en el norte. Podemos proclamar con alegría que hemos logrado mucho, después de haber ayudado a 63.200 inmigrantes el año pasado con alimentos, ropa, mantas y estuches de salud proporcionados por el Comité Metodista Unido de Auxilio (UMCOR). También hemos proporcionado acceso telefónico a los migrantes para llamar a casa y hablar con miembros de la familia,  y  donaciones que les permite comprar boletos de regreso a sus ciudades de origen.

Uniendo esfuerzos

La tercera etapa del proyecto consiste en unir fuerzas con aquellos que ya trabajan con el sector vulnerable en nuestras comunidades migrantes. Ministerios Globales ha enviado dos misioneros adultos jóvenes a la ciudad de Tijuana para trabajar con albergues para migrantes dirigidas por el Ejército de Salvación. Ese refugio pronto proporcionará servicios en otras ciudades a los migrantes que están siendo deportados o se encuentran en tránsito. También hemos unido esfuerzos con aquellas oficinas municipales y estatales que prestan servicios de ayuda a los migrantes.

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La Iglesia Metodista de México y el equipo pastoral de acompañamiento crearon este mapa usando Google. Muestra las rutas de migración de la mayoría de los migrantes que cruzan México. Indica congregaciones metodistas en el camino, y señala los principales puntos de servicio y agencias que pueden proporcionar ayuda. Vea el mapa en la red.

El proyecto “Acompañamiento pastoral en la ruta del migrante” ayudará a acompañar a los migrantes en su travesía, lo que nos permite saber en qué fase de su viaje se encuentran y permitiéndonos alertar a sus familias cuando vienen a nosotros en busca de noticias de sus familiares ausentes.

Todo este trabajo en desarrollo es parte de un cuadro aún más grande sobre los ministerios con las comunidades migrantes a través de este tipo de programas como: The Right to Stay in One’s Region (“El derecho a permanecer en tu región de origen”); Safe Passage Along the Corridos (“Camino seguro por los senderos”); Welcoming and Belonging  (“Bienvenida y pertenencia”), y un nuevo programa se añade a estos segmentos: Support for the Migrant Who Has been Deported (“Apoyo al migrante que ha sido deportado”).

Todo esto es una obra profética, que nos llama a servir a aquellos cuyas circunstancias los han forzado fuera de sus hogares-- a menudo a un camino difícil y muy peligroso.

Doy gracias a Dios por darme la oportunidad de predicar acerca de la calamidad humana que la migración puede llegar a ser. También doy las gracias a Dios por el tremendo equipo que está a la vanguardia de este importante proyecto y el sueño: la reverenda María Calixto Luna, presidente de la Comisión Nacional de Asuntos Migratorios (CONAM); cada ejecutivo en CONAM, en cada una de las conferencias anuales de la Iglesia Metodista de México (IMMAR); el gran equipo de la Junta General de Ministerios Globales, Lisa Katzenstein, Jorge Luiz Domingues, Edgar Avitia, y Francisco Cañas; y mis hermanos y hermanas en América Central. Además, yo no puedo dejar de agradecer a mi gran amigo el obispo Elias G. Galván por su inestimable colaboración y asesoramiento de inspiración Que viene de sus muchos años de experiencia. Por encima de todo, le damos gracias a Dios por tener misericordia de nosotros y por permitirnos hacer lo que nos habíamos olvidado de hacer. Dios nos está dando una nueva oportunidad de extender una mano a aquellos hombres, mujeres y niños que están sufriendo en el camino, tan lejos de sus amigos y seres queridos.

Foto: Una mujer guatemalteca sostiene una foto de su hijo desaparecido durante la vigilia en Tapachula, México, el 16 de diciembre de 2013. La mujer era parte de un grupo de centroamericanos que llegó a México en busca de familiares, desaparecidos mientras viajaban hacia el norte, a los Estados Unidos. El grupo, en su mayoría madres que buscan a sus hijos, pasaron 17 días recorriendo 14 estados mexicanos en busca de sus seres queridos. Foto: Paul Jeffrey

MAPA: La Iglesia Metodista de México y el equipo pastoral de acompañamiento crearon este mapa usando  Google. Muestra las rutas de migración de la mayoría de los migrantes que cruzan México. Indica las congregaciones metodistas en el camino, y señala los principales puntos de servicio y agencias que pueden proporcionar ayuda. Vea el mapa en la red.

El obispo Felipe de Jesús Ruiz Aguilar, de la Iglesia Metodista de México, sirve como asesor en asuntos de inmigración para la Iglesia Metodista Unida. Está a cargo de la Conferencia Anual del Noroeste de la Iglesia Metodista de México, con sede en Tijuana, Baja California. 

(*) Amanda M. Bachus es escritora independiente para Comunicaciones Metodistas Unidas.

Este artículo fue publicado originalmente en la revista New World Outlook (Nueva Perspectiva Mundial), mayo-junio de 2015. Usado con permiso.

- Ver más en: http://www.umcmission.org/find-resources/new-world-outlook-magazine/2015/may/june/0519churchextendsitshands#sthash.P4wady2l.dpuf