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Un regalo de esperanza en la viña

 

Por Amanda M. Bachus


Los trabajadores de la pisca trabajan de sol a sombra durante la cosecha de la uva. Realizan la dura tarea de recoger la uva de los viñedos de California en temperaturas hasta por encima de los 100°F. No solo trabajan en la uva, sino que van de la fruta a la verdura, de campo en campo. El trabajo es arduo y las condiciones de vida son precarias.

Marcelo y Corazón Escarzaga son los primeros pastores mexicanos que han llegado a trabajar en iglesias rurales cerca a los viñedos. Sirven en el Condado Tulare, el más pobre de California. "Es una experiencia muy rica para cualquier pastor que quiera contextualizarse, que quiera trabajar con los trabajadores del campo y pasar por esta experiencia", dice Corazón.

La conferencia de California Nevada invitó a Marcelo y Corazón a plantar iglesias en el distrito de Fresno. Su trabajo pastoral en México se desarrollaba en iglesias urbanas. Nunca imaginaron que irían a servir en el campo, pero respondieron al llamado de Dios. La pareja tiene cuatro hijos, tres varones y una bebita que aún no ha cumplido un año.

Marcelo es el pastor de la iglesia en Visalia y Corazón es la que dirige el ministerio en Lindsay. Tienen un tercer ministerio en la ciudad de Porterville. Invitan a los labriegos a compartir los alimentos y a orar juntos. Tienen un servicio de alcance a la comunidad y proveen de alimentos y despensa a las familias necesitadas.


El Rdo. Escarzaga dialoga con uno de los trabajadores de la viña en los valles centrales de California.

Una iglesia rural y migrante
Cuando termina la cosecha de las uvas, los trabajadores se van a los campos de naranja, luego se van a los de cereza. Durante la época del limón, muchas personas llegan a sus iglesias. El pastor les enseña a ahorrar dinero para cuando llegue la época de las vacas flacas.

"¿En qué trabaja usted?", le preguntaron una vez los trabajadores a Marcelo. Cuando contestó que era pastor, le dijeron que ese no es trabajo de verdad. Entonces Marcelo decidió ir a trabajar en el campo por un tiempo. Corazón cuenta que lo recogían a las 4 AM. El primer día, se puso protector solar, lentes y llevó su sándwich. A las 4 de la tarde regresó muerto del cansancio. Así pudo darse cuenta de cuán difícil era el trabajo de estos hombres y mujeres.

Marcelo también trabajó en lo que se llama "la anillada", un proceso donde los trabajadores cortan parte del tronco de la vid para que la planta conserve sus nutrientes. Marcelo ni siquiera había terminado con una vid, cuando los trabajadores ya lo habían dejado atrás.

La poda y la renovación
Durante la época de invierno, pareciera que las vides están muertas. ¡Pero no, están vivas! Dice la hermana Escarzaga. "Es el tiempo donde tiene que haber un proceso de poda, de limpia. Un proceso donde parece que no pasa nada, pero la vid está viva". Después, hay gran gozo cuando viene la cosecha. Todos trabajan en equipo. Uno corta, otra empuja la carretilla y otros empacan. Es un trabajo en conjunto. Era como Jesús cuando predicaba a la gente con la parábola de la vid, que dice: "Solamente unidos a mí van a permanecer y van a dar fruto, y sin mí nada podéis hacer". Así es el trabajo de la iglesia. Todos formamos un cuerpo, y trabajamos en equipo.

A Corazón le gusta ver las manos de las mujeres del campo, "aunque son manos poco cuidadas, son manos fuertes donde se puede ver la tierra". Cuando ve las manos de esas mujeres, ve cuán duro trabajan.

Los Escarzaga son un regalo para los trabajadores de los campos en el condado de Vidalia y Lindsay, y en Porterville. Los jueves por la tarde tienen siempre un plato de comida para ellos. Saben bien que llegan cansados a la iglesia y se gozan esperándolos con un plato de comida caliente.

Dificultad en la familia rural migrante
Lo que más preocupa a esta pareja es la falta de ayuda para los matrimonios y la violencia en el hogar. Son gente que ha venido de comunidades pobres de México, y con poca educación. Son una cadena de migrantes que aspira a cierta mejora en su vida como labriegos en este país. Muchos no saben leer ni escribir. Desafortunadamente, no tuvieron acceso a la educación. Sienten que no vinieron a estudiar sino a trabajar el campo.

Por otro lado, las madres se ven forzadas a dejar a los niños en manos de extraños. Pasan muy poco tiempo con ellos y solo pueden darles la comida básica. La comunidad de fe, en Lindsay, ofrece un banco de comida donde se reparte fruta, arroz, fideos, aceite y otras cosas básicas para el cuidado diario.

En Visalia, la gente es más preparada, gozan de los beneficios del progreso de la segunda y tercera generación como hijos de inmigrantes. Ya no trabajan en el campo. Están más interesados en la educación y desean ingresar a la universidad. Muchos son legales, lo opuesto a Lindsay donde hay indocumentados.

En el templo de Porterville, se ofrece Escuela Dominical y dos servicios los domingos, uno formal y otro informal. Toda la familia colabora con el ministerio.

En México, Marcelo era un ávido jugador de futbol, y ahora lo enseña a los niños. Este deporte se ha convertido en un pasatiempo para los niños del distrito en las iglesias donde sirve, además de enseñarles a orar y cuidar de la salud.

El que Marcelo fuera a piscar uvas con los trabajadores, los dejó muy impresionados. "Pastor, ahora usted es uno de nosotros", le han dicho. Siempre les pregunta a los trabajadores si tienen alguna necesidad y ora con ellos. También recorre los viñedos llevando botellas de agua fría para repartir, conversa con ellos y los invita a visitar la iglesia.

Marcelo es pastor ordenado en México y cursa una maestría en Fuller Theological Seminary, en Pasadena. Tanto Marcelo como Corazón piensan seguir el proceso de candidatura en la Iglesia Metodista Unida y llegar a ser pastores ordenados en plena conexión.

Los Escarzaga sienten que han sido llamados por Dios para realizar esta preciosa labor en los campos de California.


--Amanda M. Bachus


el Intérprete, noviembre-diciembre, 2010