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Sembremos iglesias hispano-latinas saludables

Por Eliseo A. Mejía-Leiva


En esto de fundar 500 nuevas comunidades de fe y la meta de certificar 75 iglesias en toda la nación en este nuevo cuadrienio, es como pararnos ante un abismo lleno de sorpresas, grandes desafíos y oportunidades (Plan Nacional 2008-2012). Creo que estos riesgos sobrenaturales le dan sentido al salto de nuestra fe, no al vacío sino a nuestra misión evangelizadora. Ellos nos abren nuevas coyunturas divino-históricas (kairós) para alinear y trabajar aquí y ahora (krónos) como un solo pueblo y así cumplir con el designio redentor de Dios en este siglo.

Puesto que la faena es monumental, es preciso aprender los unos de los otros en humildad, afirmarnos en la evangelización en las comunidades asignadas, y aplicar maneras bíblicas para diseminar iglesias saludables a lo largo de todas nuestras conferencias. Aclaro que en el proceso de ejecución, necesitamos reconocer cada generación hispano-latina en los Estados Unidos. Cada una de ellas experimenta diferentes necesidades, complicaciones, desasosiegos culturales, incidentes e ilusiones específicos en cada estado, condado, ciudad y comunidad en la cual viven y se mueven. Estos elementos propios en cada comunidad no se pueden pasar por alto. Precisamos tomarlos muy en cuenta ya que constituyen la plataforma para lanzarnos por fe a la recreación de un nuevo futuro.

Nuestro profundo anhelo es el de descubrir, desarrollar y enviar sembradores/as de iglesias con un corazón apostólico-pastoral dispuestos a alcanzar ciudades con alta o mediana concentración de hispano-latinos. Uso el término apostólico para describir a un líder preparado a interactuar dentro de y con diferentes culturas en las cuales contextualiza y encarna un mensaje profético de esperanza y transformación.

Pablo modela este principio al declarar: "Aunque soy libre respecto a todos, de todos me he hecho esclavo para ganar a tantos como sea posible. Entre los judíos me volví judío, a fin de ganarlos a ellos. Entre los que viven bajo la ley me volví como los que están sometidos a ella (aunque yo mismo no vivo bajo la ley), a fin de ganar a éstos. Entre los que no tienen la ley me volví como los que están sin ley (aunque no estoy libre de la ley de Dios sino comprometido con la ley de Cristo), a fin de ganar a los que están sin ley. Entre los débiles me hice débil, a fin de ganar a los débiles. Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles. Todo esto lo hago por causa del evangelio, para participar de sus frutos" (1 Corintios 9:19-23).

Paralelo a este esfuerzo multicultural, los plantadores y plantadoras de iglesias reconstruyen una identidad común en lo lingüístico, es decir, generan un vocabulario nuevo, el cual nace dentro de la nueva congregación o comunidad de fe. Sin embargo, el nuevo lenguaje va adquiriendo matices redentores al permanecer íntimamente enraizado en el quehacer de la misión de la iglesia en ese preciso mundo. He aquí su labor pastoral. Esta área representa su pasión por amar, guiar, cuidar, y proteger pacientemente el rebaño que Dios le ha encomendado.

El gozo y el dolor de pastorear abre la puerta de sus corazones para dirigir con integridad. Bien lo dice el autor de Hebreos: "Acuérdense de sus dirigentes, que les comunicaron la palabra de Dios. Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe" (13:7). Es esa conjugación que estimula a nuestras iglesias a crecer y multiplicarse saludablemente. Los sembradores/as de iglesias viven mensajes dignos de ser recordados, modelan con su conducta lo predicado, y les motiva una fe que ofrece sentido a nuestra vida, es decir, a nuestra misión re-evangelizadora. La influencia ejercida en la comunidad es viva ya que esta no percibe dicotomías en el decir, el ser y el quehacer cotidiano. Pronto descubren corazones consagrados a Dios y las posibilidades divinas invadiendo sus vidas al experimentar los beneficios del reino de Dios.

Se puede entonces señalar que la salud de las congregaciones que vamos a sembrar en toda la nación, está en relación proporcional a la calidad del liderazgo, y éste directamente relacionado con la calidad del discipulado. El alcance de este movimiento genuino transformacional es confiado a líderes apostólicos y discípulos convencidos que las nuevas comunidades de fe y las iglesias continúan el movimiento expansivo iniciado por Cristo mismo.


--El Rdo. Eliseo A. Mejia-Leiva es Director Asociado de Nuevas Iglesias y Desarrollo de Congregaciones y Ministerios Hispano-latinos. emejia@vitalchurch.com


el Intérprete, julio-agosto, 2009