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Reconciliados en Cristo

Por Rosanna Panizo
 

Que los conflictos son parte de la realidad de la vida no es nada extraño. Los encontramos en las relaciones entre los sexos, clases sociales, razas y etnias, personas de diferentes edades, confesiones de fe, etc. Las sociedades democráticas califican estos conflictos como intolerantes, ya que niegan la misma esencia de la convivencia humana. De esta manera, sabemos que los términos racismo, sexismo, misoginia, clasismo, homofobia, etc. corresponden a sectores de la sociedad que rechazan a personas de determinado grupo por ser diferentes a grupos hegemónicos o mayoritarios. Dios nos ha creado diversos y diferentes; pero cuando la diferencia deviene en odio, marginación, opresión, abuso y/o violencia de algún grupo en contra de otro, entonces esa realidad niega la misma creación humana hecha a imagen de Dios.

Como iglesia no estamos ajenos a esta realidad. Como pastora muchas veces he escuchado a las mujeres confesar que sus esposos abusan de ellas. Muchas veces he acompañado a algún trabajador de la construcción para exigir un salario que su contratista no quiso pagarle. También vemos a la policía abusar físicamente a un joven de un barrio pobre sólo por el color de la piel o por no hablar inglés.

A partir de la convicción de que todas las cosas han sido reconciliadas en Cristo, el apóstol Pablo nos dice qué sucede cuando nos hacemos discípulos de Cristo (Gá. 3:27-28). ¿Será que las diferencias entre la gente de la iglesia desaparecen como con una varita mágica cuando nos hacemos seguidores del maestro de Galilea? ¿Ocurre que no queremos hablar de ellas para no "alterar el orden" o porque son "cosas del mundo"?

La reconciliación no significa que tengamos que encubrir las contradicciones de la vida. Jesucristo nos reconcilió en la cruz. A partir de la conversión, la comunidad de fe toma conciencia de esta nueva realidad pasando por el bautismo en donde hemos sido "revestidos en Cristo". Entonces podemos afirmar que somos la nueva humanidad inaugurada por Cristo Jesús.

Pero la conversión implica cosas sumamente concretas: que los abusadores dejen de abusar, que los abusados hagan conciencia de su dignidad como seres humanos y denuncien el abuso. La conversión implica mirar a la persona diferente como mi hermano y hermana, no como mi enemigo.

Liturgia de reconciliación

Llamado a la adoración:
L.
La paz de Dios sea con ustedes.
P. Y con tu espíritu.
L. El Cristo Resucitado está en medio nuestro.
P. Gloria a Dios, Aleluya. Amén.

Oración de invocación
Canto de apertura: "Miren Que Bueno" (Mil Voces, # 278)

Confesión Comunitaria:
L. Oh, Señor, venimos ante tu presencia y descubrimos nuestro pecado.
P. Nos escondemos de tu presencia
(silencio)
L. Oh, Señor, reconocemos que no podemos amarte a ti y a otros dioses al mismo tiempo&ellipsis;
P. Reconocemos que de nuestras diferencias creamos ídolos que nos separan unos de otros y no nos permiten caminar como tu pueblo.
(silencio)
L. Oh, Señor, tú nos buscaste para reconciliarnos contigo e hiciste de nosotros un pueblo nuevo a través de la obra de Cristo en la cruz&ellipsis;
P. Clamamos otra vez a ti para que obres reconciliación en medio nuestro.
(silencio)
L. Oh, Señor, hoy nos invitas a tu mesa&ellipsis;
P. Permite que vivamos como pueblo reconciliado y que aprendamos a vivir con hermanos y hermanas diferentes a nosotros.
T. En el nombre de Jesús, te lo rogamos. Amén.

Lectura bíblica: Gálatas 3:19-29

Predicación
Invitación a la mesa del Señor (Mil Voces, p. 14)
Canto de comunión: "Un Pan, Un Cuerpo" (# 324)
Afirmación de fe: "Credo Hispano" (MV p. 69)
Canto final: "Somos Uno en Cristo", # 273

Bendición


--Rosanna Panizo, pastora de la Iglesia Metodista Unida Cristo Vive, Durham, NC

el Intérprete, enero-febrero, 2008