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Reclamando el liderazgo espiritual

Por Eliseo A. Mejía


Hay un viento fresco del Espíritu Santo soplando en nuestra denominación e impulsándonos a la acción. La evangelización está en primer plano, pues nos estamos dando cuenta que la gente necesita a Cristo.

Hemos descubierto que la iglesia local es la clave para ofrecer esperanza al mundo. 

Veo también que, como metodistas unidos, estamos aprendiendo a ser humildes. Estamos aprendiendo de la iglesia del tercer mundo, la cual crece a pasos agigantados. Si estamos dispuestos a aprender de ella y a entrar en sociedad con ella, crearemos una base global de líderes y miembros efectivos con pasión por Cristo.

Nos estamos dando cuenta de que los líderes pueden venir del clero y del laicado. Aprendemos también que no debemos tener una idea preconcebida de lo que es hacer ministerio. Nadie debe sentirse amenazado al ver que el liderazgo laico crece. El ministerio efectivo se lleva a cabo en equipo y en sociedad.

Hemos descubierto que la iglesia local es la clave para ofrecer esperanza al mundo. Así es como pensaba Juan Wesley. Si nos concentramos en encontrar a la gente allí donde se encuentra, la iglesia local se convertirá en parte de la comunidad. Nuestro conexionalismo metodista unido debe ponernos en la situación de dar cuenta unos a otros por nuestra santidad social e individual, por nuestro trabajo y disciplinas espirituales. Si esto ocurre, tendremos un avivamiento.

Estas señales me dan esperanza y deseo ser parte de este movimiento en todo el país.

Como iglesia entendemos que se puede hacer más. Debemos seguir recordando nuestras convicciones wesleyanas sobre quiénes somos y cómo debemos llegar a ser. Debemos reclamar la santidad escritural a lo largo de todo el país y desear vivir vidas santas, para que agrademos a Dios y él ame nuestro ministerio. Debemos ser la conciencia del país y del mundo. Debemos trabajar para conseguir la unidad, en lugar de las divisiones de nuestra denominación. Debemos creer en la redención del mundo y en los nuevos movimientos que se están levantando en la denominación.

Para lograrlo, debemos actuar con un sentido de urgencia. La oportunidad que tenemos demanda una respuesta. Entre una Conferencia General y otra, debemos estar haciendo discípulos de Cristo y trayendo a la gente a Dios.

Como iglesia, debemos tomar el liderazgo espiritual con seriedad a fin de sanar la vida de la gente. Con humildad y cuidado, debemos buscar formas de aprender de las generaciones más jóvenes, involucrarlas en el liderazgo y reconocer que ellas pueden conectarse con la cultura de los jóvenes.

Debemos continuar aceptando los dones que el liderazgo nuevo e inteligente trae a la iglesia, especialmente los dones de hispanos, coreanos y africanos. Son una gran bendición para la denominación. No debemos abandonar la ortodoxia por razones prácticas, sean políticas o sociales, sino que equilibrarlas recordando que la obediencia es la guía del ministerio.

Con la misma pasión que buscamos la justicia social debemos llevar a la gente a Dios.

Debemos ayudar a los seminarios a que se reinventen a sí mismos y buscar nuevas posibilidades que incluyen modelos y estrategias educacionales creativos, para que los seminarios sean académicos y creativos. ¿Cómo sería si uno de los requisitos de graduación fuese plantar una iglesia?

Me imagino una iglesia reclamando estos principios: emponderar a los laicos y a la juventud; estar enraizados en el dar cuentas de nuestras acciones y en el conexionalismo; involucrarse en el ministerio social de santidad con una comunidad y consecuencias globales; reclamar lo que Wesley empezó.

Tengo esperanza y estoy en oración. Si lo hacemos, seremos la sal de la tierra y la luz del mundo.



--Rdo. Eliseo A. Mejía-Leiva, es director asociado de Ministerios Hispano-Latinos en la Conferencia de Kentucky. www.vitalchurch.com, emejia@vitalchurch.com


el Intérprete, noviembre-diciembre, 2008