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Que en este nuevo año seamos una iglesia que da nueva vida

 

Por Rafael Moreno Rivas
 

Comenzamos el año celebrando Epifanía y el bautismo del Señor. Festejamos que Dios se hizo presente en Jesucristo para darnos vida (Jn. 10:10).  En su bautismo, Jesús se unió al pueblo (Lc 3:21-22) y se sembró como semilla de solidaridad; paradigma del proyecto de vida. Nos dio visión de pueblo, siempre presente para impartir vida. Jesús nos inspira para que en este nuevo año nuestra piedad, individual y colectiva, se torne en obras de misericordia hacia otros y otras, provocadas por el amor  (Isa. 58:3-12).   

Jesús nos desafía a ser una iglesia presente porque le importa lo que está pasando en ella y a su alrededor, sea en la familia, el gobierno, la comunidad o el mundo.Comenzamos el año celebrando Epifanía y el bautismo del Señor. Festejamos que Dios se hizo presente en Jesucristo para darnos vida (Jn. 10:10). En su bautismo, Jesús se unió al pueblo (Lc 3:21-22) y se sembró como semilla de solidaridad; paradigma del proyecto de vida. Nos dio visión de pueblo, siempre presente para impartir vida. Jesús nos inspira para que en este nuevo año nuestra piedad, individual y colectiva, se torne en obras de misericordia hacia otros y otras, provocadas por el amor (Isa. 58:3-12).

Jesús nos desafía a ser una iglesia presente porque le importa lo que está pasando en ella y a su alrededor, sea en la familia, el gobierno, la comunidad o el mundo. La iglesia no está enajenada en una burbuja de espiritualidad vacía, como las seis tinajas sin vida de la boda en Caná (Jn 2:1-11). Más bien, la iglesia está dispuesta a darse como agua fresca, a nuestro mundo sediento y herido de muerte, para que Dios la transforme en vino nuevo, símbolo de vida en Cristo.

Iglesia que por amor no se calla ni se cansa hasta que resplandezca la justicia de Dios en toda su creación (Isa. 62:1). Se zambulle en la comunidad adolorida y, por la gracia de Dios, revive con ella en su bautismo solidario, para buscar primeramente el reino de Dios y su justicia (Mt. 6:24-34). Comunidad que recuerda su sacramento bautismal o su confirmación, como inicio de vida nueva, y celebra el poder del Espíritu para ser fieles testigos hasta lo último de la tierra (Lc. 3:15-16; Hech 1:6-8).

Nuestra visión es la de una comunidad de fe que cumple su misión (Mt. 28:19-20) como un solo cuerpo (1 Cor. 12:12-31), aunque nos duelan las diferencias entre nosotros. Esto es parte del torno del alfarero y de su escuela para transformarnos en mejores tinajas. Que seamos una iglesia que esté dispuesta a convertir las calles, plazas y callejones en santuario para toda persona, para el encuentro con Dios, para escuchar la Palabra del Reino (Neh. 8:1-12), para recibir la unción del Espíritu y proclamar el año agradable del Señor (Lc. 4:14-21).

Así como Dios llamó a Isaías ante la muerte del rey (Isa. 6:1-8), a Pablo en su crisis de vocación (Hch. 9:19) y a los discípulos frustrados y cansados (Lc. 5:1-11), también nos llama hoy a reafirmarnos en nuestro bautismo como sello del compromiso de vida y fidelidad a su reino. Nos llama a salir de la comodidad para dar un salto de fe, para remar mar adentro en el análisis y la comprensión de los tiempos que nos ha tocado vivir, para tirar la red en el nombre de Jesús.

¡Que en este nuevo año podamos ser una iglesia presente para dar vida!


--Rdo. Rafael Moreno Rivas
Iglesia Metodista Universitaria, Río Piedras, PR
imuniv@coqui.net

el Intérprete, enero-febrero, 2008