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Principios de adoración

Por Oscar Carrasco
 

Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. Ahora ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación proviene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad. —Sé que viene el Mesías, al que llaman el Cristo —respondió la mujer—. Cuando él venga nos explicará todas las cosas. —Ése soy yo, el que habla contigo —le dijo Jesús (Juan 4:21-26).


En el Nuevo Testamento encontramos varias referencias a la adoración, pero me gustaría compartir con ustedes el texto de Juan 4:21-26. Este hermoso pasaje nos entrega palabras que vinieron de nuestro propio Señor Jesucristo. También nos invita a abrirnos a estas palabras, como lo hizo la mujer samaritana. 

Cuando estudiamos nuestra tradición wesleyana sobre la adoración, con su potente predicación, sus hermosos himnos, su alcance a los pobres y necesitados, no podemos más que dar gracias a Dios y celebrar este gran movimiento espiritual que, por la gracia de Dios, ha influido tanto hasta hoy.

Desde luego que no podemos volver al pasado, pero por el Espíritu podemos vivir nuevamente las intenciones de Juan Wesley en nuestros servicios de adoración, viniendo a adorar a Dios con un corazón ardiente. Recordemos Juan 4:24b, “quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”. La mujer samaritana encontró que Jesús ya conocía su vida corrompida, pero también encontró liberación para su vida. Tanto gozo sintió, que corrió a su pueblo anunciando al Mesías. 

Cuando venimos a adorar, debemos venir con arrepentimiento y humildad a los pies de Jesús, quien conoce nuestras vidas. También debemos venir ante él con expresiones de oración, alabanza y agradecimiento. Imperfectos como somos, Jesús nos perdona y nos levanta, dándonos ese amor tan inmenso que solo él puede dar.

Semanalmente, grupos pequeños de hermanos debieran reunirse con sus vecinos, para aprender de las Escrituras, cantar alabanzas, preguntarse unos a otros “¿cómo está tu alma?”, para tener oraciones profundas a Dios y alabanzas alegres por la liberación que Jesús nos da.

Como cristianos, debiéramos llevar la santidad de las Escrituras a través de la tierra, llenos de un profundo compromiso con nuestro prójimo, especialmente por el más necesitado. Debemos reflejar una santidad personal y una santidad social en nuestras vidas, teniendo congregaciones que promuevan la justicia social en nuestro mundo. 

Pienso también que debemos esforzarnos por tener un equilibrio en lo que hacemos en la adoración. El tener una liturgia preparada nos ayuda a encontrarnos en el acto dinámico de la adoración. Entramos a la adoración con nuestras mentes y corazones y, con la ayuda del Espíritu Santo, sentimos la presencia de Dios y de Jesucristo.

El pensador Henri Nouwen dijo en una ocasión: “Mientras más eres llamado a hablar por el amor de Dios, mucho más necesitarás profundizar el conocimiento de ese amor en tu propio corazón.  Lo más lejos que el viaje exterior te lleve, lo más profundo debe ser tu viaje interior. Solamente, cuando tus raíces son profundas, abundarán tus frutos”.

¿Tiene profundidad tu adoración? Gracias a Dios por la oportunidad que tenemos de profundizar en el conocimiento de ese amor de Dios en nuestros corazones por medio de la adoración. Que la Gracia de nuestro Señor Jesucristo nos anime a venir a adorarle en espíritu y en verdad. ¡Todo sea para La Gloria de Dios!
 


--Rdo. Oscar Carrasco, superintendente del distrito Elgin de la Conferencia Anual lllinois Norte, oscarcarrasco24@gmail.com


el Intérprete, enero-febrero, 2012