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Foto de Angelia Sims, Angelia's Photography.

La Navidad se trata de buenas noticias para toda la familia de Dios, incluyendo la nuestra. Dios transformará nuestras lágrimas en gozo. Puede que no sea de manera inmediata, pero la promesa divina es una promesa en la que podemos confiar.

Navidad con o sin la familia

 

Por Eunice Arias y Luis Aramayo *
15 de diciembre de 2016

"...;Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor" (Lc.2: 10b-11, NVI)

Desde el mes de noviembre que empezamos a oír frases como "la Navidad es la fiesta de la familia" o "la Navidad es una reunión de familia". Esto se repite tanto que llegamos a creer que sin la familia no hay Navidad. Para quienes no podemos estar físicamente junto a toda la familia, puede ser un tiempo en que lamentamos más que gozamos.

Nos lamentamos por las decisiones personales, de pareja o de familia que nos alejaron de algunos seres queridos. Reclamamos contra la situación económica del país y del mundo, que cambió nuestros planes o los de otras personas amadas y las llevó allende los mares. Nos apenamos porque no tenemos suficiente dinero para viajar o facilitar el viaje de quienes están lejos. Nos preocupa no estar cerca de los nietos y las nietas para verlos crecer o para acompañar a nuestros seres queridos cuyas fuerzas se debilitan o están enfermos.

Nos asustan las noticias de guerra que separan o matan personas, familias, comunidades enteras que se ven obligadas a deambular de un lado a otro, sin tierra, sin trabajo, sin comida, sin perspectivas de vida digna.

Por esto y otras cosas, nos identificamos con lo que Lauren F. Winner escribió en el Aposento Alto (edición 2008, en inglés): "Necesitamos la versión adulta de la historia de la Navidad ? la historia que reconoce que aunque es diciembre, no todo es felicidad ni todas las personas se sienten alegres. La buena noticia genuina, entonces, es saber que Adviento es el tiempo en que esperamos no un bebé simpático en un pesebre: durante Adviento esperamos a Aquel que puede restaurar a quienes tienen el corazón quebrantado".

Esta no es una buena noticia para un futuro lejano. María proclama en su cántico que Dios ya está trabajando para suplir el hambre de cosas buenas que tienen las personas y pueblos, ya está levantando y exaltando a las personas humildes; para ello Dios nos utiliza a ti, a mí y a muchas otras personas alrededor del mundo.

La Navidad se trata de buenas noticias para toda la familia de Dios, incluyendo la nuestra. Dios transformará nuestras lágrimas en gozo. Puede que no sea de manera inmediata, pero la promesa divina es una promesa en la que podemos confiar. Es más, podemos confiar que quienes lloran no están solos o solas; Dios, que sabe de dolores, traiciones y pérdidas, llora junto con sus hijos e hijas. Jesús también lo hace.

Un cántico navideño que cantamos en nuestras tierras dice:

"Para esta tierra sin luz, nace el Señor;
Para vencer las tinieblas, nace el Señor.
Para cambiar nuestro mundo todos los días, nace el Señor.
Para vencer la pobreza, para borrar la injusticia,
Para traernos la paz, para esta tierra que sangra,
Para este mundo dormido, para inquietar nuestras vidas,
Para cada persona que espera,
¡Todos los días nace el Señor!"

Deseamos que puedas celebrar 365 días de Navidad en tu vida y en la vida de tu familia. Confiamos que puedas contribuir a que otras personas celebren 365 días de Navidad, enjugando lágrimas, dando de comer a las personas hambrientas, vistiendo a las personas desnudas, recibiendo a la persona extraña, visitando a las personas enfermas y encarceladas, buscando tu liberación y la de otras personas de todo tipo de opresión, compartiendo la fe y proclamando la buena noticia: Gozo del mundo es el Señor.



* Eunice Arias & Luis Aramayo. Publicado originalmente en la revista El Intérprete, noviembre-diciembre, 2009.