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Muerte y Resurrección

Por Raúl Domínguez Flores

 

Cuando hablamos de la resurrección de los muertos, tenemos que diferenciarla de la mera resucitación. La resucitación es volver a la vida bajo las mismas circunstancias naturales que se daban antes de morir. El Cristo se levantó de los muertos con una vida diferente a la que hoy tenemos los humanos. Seguramente de una naturaleza superior. De esto no hay duda. Dios revistió a Cristo de una naturaleza que no tuviera el mismo obstáculo terrenal: la muerte.

Por otro lado, también hay que notar que hubo testigos oculares. Testigos que dieron su vida por esta resurrección. Murieron con la esperanza de ser resucitados. Los discípulos hablaron y comieron con Jesús después de la resurrección (Lc. 24:13ss.; Jn. 21:1ss.). Todos concluyeron que la muerte fue vencida para siempre. Si la muerte fue vencida, la vida en este mundo se convierte en un viaje, no en un destino. El destino final tiene una puerta principal: la resurrección de Cristo. El camino verdadero y viviente es Cristo mismo. El mundo deja de ser una alternativa para quien camina por la senda de la vida abundante.

Vivir para Cristo es morir al mundo. Morimos al deseo ilusorio de controlar la vida para evitar el riesgo económico, social y de salud. El riesgo de perder la felicidad en el mundo deja de ser un tema esencial. Incluso, el temor a perder la reputación, de ser víctima del ostracismo y rechazo social, quedan en segundo plano. Todas estas “inconveniencias” se desvanecen al ver la sabiduría de Dios. Esta sabiduría brilla en el instante que vemos lo que el mundo llama “la necedad de Dios”, es decir, la redención por la vía dolorosa. Cristo es la sabiduría de Dios en toda la extensión de la palabra. La resurrección es la celebración de la inmensurable omnisciencia de Dios. Por tal motivo, cuando el mundo nos rodea de muerte, tristeza, pesimismo, desconfianza y dolor, no debemos desmayar. Cada persona que pertenece al pueblo de Dios puede declarar: “No he de morir; he de vivir para proclamar las maravillas del Señor” (Sal. 118:17).

El temor a la muerte es lo único que puede detener la misión de la iglesia. El miedo nos mantiene alejados de la misión de Dios. Cuando vemos la muerte como un espectro que asecha nuestra vida, las posibilidades de dar testimonio desaparecen. La alarma de una crisis económica en este año se ha agravado a causa del temor que inyectan los medios de comunicación. Muchas personas esperan que las cosas cambien para cambiar de ánimo. En vez de cambiar de ánimo para cambiar las cosas. Dios es el Señor de la historia, nada en este mundo nos puede alejar de sus propósitos eternos en Cristo Jesús, declaremos con voz de victoria; “Éste es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él” (Sal. 118:24).

Litúrgia

La resurrección es la celebración de la inmensurable omnisciencia de Dios.

Preludio: "En el monte del Calvario",
Mil Voces #142

Llamado a la adoración
Líder: Alabemos a Dios porque él es bueno.
Pueblo:Alabamos a Dios porque su misericordia es eterna.
Exaltemos a quien nos da libertad y salvación.
Adoramos al desechado de los hombres pero cimiento de nuestra salvación.
Todos:
"Éste es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él".

Oración afirmando la presencia de Dios
Oh Señor, ten piedad de nosotros; en ti hemos esperado. Sé nuestra fortaleza cada mañana; salvación en tiempo de angustia. Tú extiendes tu misericordia y amor para siempre. Tú nos sigues bendiciendo con tu intervención en la historia. Bendecimos tu nombre. Acepta nuestra gratitud que ofrecemos por medio de nuestro Señor Jesús. Amén.

Lectura del Antiguo Testamento:
Isaías 42:1-7

Confesión de pecado
Líder: Acudimos a Dios pidiendo nos perdone y que podamos perdonar.
Pueblo: Pecamos causando dolor y daño a nuestro prójimo.
A veces nos alejamos de tus caminos.
Perdónanos por no obedecer tus mandamientos.
Ayúdanos a perfeccionar nuestras vidas.
Todos: Tu Espíritu nos guiará con tu Palabra.

Himno:
"Al Cristo vivo sirvo", Mil Voces #149.

Lectura congregacional:
1 Corintios 15:1-8

Adoración por medio de las ofrendas

Lectura para el sermón:
Lucas 24:1.12.

Sermón
"La Tumba: vestíbulo de la victoria".

Respuesta Congregacional: "La tumba le encerró", Mil Voces # 147.

Bendición final

Postludio:
"A Cristo coronad", Mil Voces #157


--Rdo. Raúl Domínguez Flores, IMU El Divino Pastor rauldofa@yahoo.com


el Intérprete, marzo-abril, 2009