Skip Navigation

Más allá de las diferencias de generación y estilo

 

Por Lourdes Pastrana


Así como mi papá y yo trabajamos juntos, también tenemos diferencias en el método de conducir el ministerio, lo cual nos ha provisto de algunas sanas discusiones. Pero nos respetamos mutuamente. Mi papá es un pastor; posee mucha sabiduría y su experiencia me ayuda mucho. Sabe que los tiempos son diferentes y que las necesidades no son las mismas a las que experimentó cuando servía a tiempo completo. Hoy tenemos un ministerio que tiene que ver más con las necesidades sociales, políticas y civiles de nuestra gente, si queremos realizar un evangelio que sea pertinente.

Mi padre, el Rdo. Antonio Pastrana, fue llamado al ministerio en 1984, cuando ya casi se jubilaba en Laredo, Texas. Su mayor esfuerzo no solo fue trabajar con la congregación a la que era asignado, sino que buscaba traer nuevas almas a Cristo y a la iglesia.

Después de haber servido como pastor en la Conferencia Río Grande, fue llamado a plantar una iglesia hispana en Austin, Texas. Abrió una obra nueva en la Primera IMU de Laredo, Texas. Iba de puerta en puerta visitando a los vecinos junto con mi madre, Cristina Pastrana. Comenzó abriendo cultos de oración y adoración los domingos en el sótano de la iglesia hasta que El Mesías pasó a ser iglesia. Fue la primera misión hispana convertida en iglesia de la Conferencia del Suroeste de Texas.

Mi papá siempre ha visto y verá el ministerio como un llamado a evangelizar a la gente. En mi caso, considero que mi llamado es a compartir, luchar y apoyar a la gente del pueblo. Sin embargo, hemos podido trabajar juntos haciendo buen uso de nuestros talentos, al combinar su sabiduría y elocuencia para evangelizar con mi habilidad de hablar inglés y buscar apoyo de las iglesias anglo. Asimismo, he podido servir como puente de entendimiento y mediación entre dos culturas.

Mi papá nunca pensó que la iglesia debía ir allí donde se refugiaban los inmigrantes. No es porque no le importara, sino porque en ese entonces no se usaba esta metodología ministerial. La expectativa de antes era que la gente tenía que venir a la iglesia. Yo pienso que debo llevar a la iglesia hacia la gente que no se puede mover libremente, sea por su estatus legal, enfermedad o simplemente porque no se sienten a gusto en un ambiente de iglesia.

Recibí mi llamado de a poco. Desde muy joven apoyé a mi padre en la iglesia con el ministerio a los niños y dirigiendo cultos. Pero el llamado real lo recibí en 1985. El día que me asignaron a mi primera iglesia, mi padre vino a Albuquerque y me regaló su primera estola durante una ceremonia de pasar el manto.

Fue todo un desafío recibir mi primera asignación a una iglesia anglosajona, en Albuquerque. Mi pasión es servir a la gente hispana, así que tuve la visión de tener una comunidad de fe en donde la membresía de la iglesia estuviera abierta a los inmigrantes que no hablan inglés y para los jóvenes de familias hispanas que hablan inglés, pero que no se sienten cómodos en un ambiente anglosajón, aunque son bilingües.

Hoy ofrecemos tres cultos o servicios, uno en inglés, uno en español y uno bilingüe con un estilo contemporáneo. Así que, le pedí a mi papá que viniera a Albuquerque a ayudarme a evangelizar, y yo me encargaría del seguimiento con las familias para que hubiese integración.

Mi papá todavía me apoya desde Edinburg. Me da consejos basados en sus experiencias de trabajo con despensas de alimentos y otros. También participa en la clínica médica gratuita que tenemos cada mes al igual que con el banco de comida rodante.

Hemos recibido un buen número de personas que desde hace más de seis años son parte de la iglesia y que han aprendido no solo a ser servidas sino a servir. La diferencia con mi ministerio es que ahora el desplazamiento del ministerio es hacia fuera.

Otra cosa es el idioma. Mi papá y yo somos inmigrantes mexicanos, pero la edad que teníamos al momento de venir a los Estados Unidos hizo la diferencia. Aunque mi papá habla inglés, no es su lengua de preferencia; para mí ambas lenguas tienen la misma importancia, por lo tanto el ministerio de cada uno toma un matiz distinto.

También tenemos teologías distintas para la implementación del ministerio. A pesar de todo, mi papá es mi modelo a seguir por su compromiso y su dedicación que son dos componentes esenciales para servir a Dios. Mi papá y yo tenemos muchas diferencias generacionales y hasta culturales que hemos podido superar, pero con “todo y todo” seguimos sirviendo juntos, lo cual me enorgullece. Me siento heredera y parte de su legado.

Obstáculos y desafíos

Como mujer hispana y pastora, he tenido que derribar barreras de cultura, sexo, machismo y celos dentro de las dos culturas donde realizo mi ministerio. Tanto de colegas que intentaron desvalorarme como líder, como de miembros de mi iglesia que no querían aceptarme, inclusive dentro de mi propia familia.

He tenido que ser creativa para abrirme camino en un mundo donde aun existe el machismo y la discriminación hacia la mujer en el ministerio.

Al comienzo de mi ministerio, una familia anglosajona en mi congregación me dijo que se irían de la iglesia, si llegaba una pastora hispana. No la aceptarían, no solo porque su iglesia se convertiría en una iglesia hispana, sino porque los inmigrantes no deberían estar en la iglesia. Yo debía pedirle papeles antes de dejarlos entrar. Mi respuesta fue que yo no vestía un uniforme de inmigración y que si tenía que pedir papeles a los hispanos también tendría que pedírselos a cada uno de ellos.

Otro de los obstáculos que he enfrentado ha sido dentro de mi familia, pues soy la única mujer de camino hacia la ordenación. Tengo un pariente que piensa que mi esposo no debería permitir que yo sea pastora. En una ocasión un pastor colega me dijo que yo usaba mis dones femeninos para que me dieran un lugar en la conferencia.

Durante los 6 años de estudio, he enfrentado palabras despectivas de compañeros y pastoras que expresan celo ministerial por el hecho de que hablo inglés. Por ser bilingüe se me abren las puertas y se me presentan muchas oportunidades para servir. Dentro del grupo del Curso de Estudio soy una de las pocas que toman clases en inglés.

¡Nada de esto es gratis! Toda mi preparación me ha costado mucho estudio, esfuerzo, desvelos, desafíos. En la Conferencia de Nuevo México soy la primera pastora local hispana que se gradúa del Curso de Estudios el 2010, y eso para mí es escribir historia.

Sigo adelante porque el llamado a servir es mucho más fuerte que todo lo demás. Soy una persona que sabe que fue Dios quien me llamó. 


--Rda. Lourdes Pastrana, St. Andrew's UMC, Ministerio Hispano Pajarito Mesa, Albuquerque, NM
lousebj@juno.com
 

el Intérprete, septiembre-octubre, 2010


En