Skip Navigation

Los 10 Mandamientos para el Siglo XXI

Por Juan Feliciano


Muchas personas dicen tener dificultad con aceptar los 10 Mandamientos. Dan como razón que los mandamientos están expresados en forma "negativa". De hecho, la mayoría comienza con un rotundo "no". Cualquier persona del siglo XXI expresará cierta incomodidad con este estilo de ordenanza. La gente está cansada de imposiciones expresadas en forma negativa.


Muchas personas olvidan también que estos mandamientos fueron las instrucciones que Dios dio a su pueblo cuando salía de la opresión y la esclavitud. Se nos olvida que cuando uno es liberado, uno se siente un poco perdido, en términos de cómo gobernarse y cómo relacionarse con otros y con Dios.

El propósito de este artículo es proponer una interpretación basada en la gracia de Dios manifestada en Cristo. Consideremos los 10 Mandamientos desde la óptica de la gracia:

Primer mandamiento: "Yo soy el Señor tu Dios". Dios es primero, por encima de todo; luego todo lo demás. Desde la óptica de la gracia, esto quiere decir: "&ellipsis;busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas" (Mateo 6:33).

Segundo mandamiento: "No tengas otros dioses&ellipsis; No te hagas ningún ídolo". Esto quiere decir que Dios nos da el privilegio para adorarlo sólo a él: "Mas se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad; porque así quiere el Padre que sean los que le adoren" (Juan 4:23).

Tercer mandamiento: "No pronuncies el nombre del Señor tu Dios a la ligera". Dios nos da el privilegio de llamarlo Padre: "Ustedes deben orar así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre" (Mateo 6:9).

Cuarto mandamiento: "Acuérdate del sábado para consagrarlo". Dios nos da el regalo del descanso: "Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma" (Mateo 11:29).

Quinto mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre". Dios nos da el privilegio de honrar el pasado que trae bendición a las futuras generaciones: "En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar" (Hechos 2:39).

Sexto mandamiento: "No mates". Esta es una invitación a amar la vida que Dios nos ofrece: "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna" (Juan 3:16).

Séptimo mandamiento: "No cometas adulterio". Dios nos da la bendición de apreciar la santidad del matrimonio, del cuerpo y las relaciones íntimas: "Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales" (Hebreos 13:4).

Octavo mandamiento: "No robes". Aquí Dios nos da el privilegio de compartir nuestros bienes con otros. Dios nos da y espera que nosotros también demos: "Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante"(Lucas 6:38).

Noveno mandamiento: "No des falso testimonio". Dios nos da el privilegio de comunicar la verdad, especialmente sobre los demás, y así sembrar la semilla de la honestidad y la verdadera amistad. Como dice Pablo: "Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio" (Filipenses 4:8).

Décimo mandamiento: "No codicies". Dios nos da el privilegio de contentarnos y estar agradecidos de lo que tenemos: "Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso&ellipsis; El amor al dinero es la raíz de toda clase de males" (1 Timoteo 6:8-10).

Vemos, pues, que los mandamientos pueden ser expresados en forma positiva, pues así captamos el verdadero propósito de ellos, que es el bienestar de todos nosotros.



--Rdo. Dr. Juan G. Feliciano-Valera, Pastor de la Iglesia Metodista Obispo Fred P. Corson, Puerto Rico.


el Intérprete, enero-marzo, 2009