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Llamado a la acción

Por Julio Gómez


El 4 de noviembre de 2010, el Concilio de Obispos aprobó el informe Llamado a la Acción producido por su equipo directivo. Este informe se ve como un gran paso adelante para una iglesia que por décadas ha estado perdiendo miembros en los Estados Unidos. Las recomendaciones principales del informe son: Hacer la vitalidad de la iglesia local "la primera verdadera prioridad" de la iglesia por lo menos por una década. Reformar dramáticamente el desarrollo de líderes clérigos, su despliegue, evaluación y llamado a cuentas. Esto incluirá despedir clero ineficiente y sancionar a los obispos que rinden por debajo de lo esperado. Recolectar información estadística que permita que la denominación pueda medir la asistencia, el crecimiento y el compromiso. Reformar el Concilio de Obispos, de modo que los obispos trabajen promoviendo la vitalidad congregacional y estableciendo una cultura de llamar a cuentas en toda la iglesia. Por último, reconfigurar y fusionar las agencias generales y alinear su trabajo y recursos con la producción de congregaciones llenas de vida.


Foto por Kathleen Barry

Hay que poner la casa en orden

--Julio Gómez


No hay dudas de que hay una preocupación alarmante sobre el estado actual de la Iglesia Metodista Unida en los Estados Unidos, la cual ha venido declinando en los últimos 40 años, perdiendo más de tres millones de miembros. El año pasado, el 43 por ciento de nuestras iglesias locales no ganaron ni un solo miembro nuevo. ¿Qué es lo que pasa? ¿Ha disminuido la población general? Todo lo contrario, según el último censo ha habido un incremento de la población.

¿Dónde están los hispanos en todo esto? Lamentablemente, en una situación tan precaria como la de la iglesia nacional. Por ejemplo, el año pasado se recibieron sólo 29 nuevos miembros en todas las iglesias hispanas combinadas en New Jersey. Comparemos esto con los 127 miembros que se recibieron en una sola iglesia coreana.

¿Podrá este nuevo informe de Llamado a la Acción ayudar a una iglesia hispana a ser activa, vital y agresiva? Es necesario que, al estilo de Juan Wesley, ofrezcamos a Cristo a la gente. Si la Iglesia Metodista Unida no pone su casa en orden, no podrá influir en la cultura. En los últimos cuarenta años nos hemos ido separando de la verdad básica de la autoridad de las Escrituras. Muchos dentro de la iglesia no creen que la Escritura sea lo que el Libro de la Disciplina define como "la verdadera regla y guía para la fe y la práctica". Hay muchos que no creen que las personas somos pecadoras y que necesitamos salvación.

El Concilio de Obispos ha endosado las recomendaciones del estudio "Llamado a la Acción", el cual aboga por una serie de reformas de la iglesia, incluyendo una mayor responsabilidad de los líderes de la denominación, además de luchar por el crecimiento de nuestras congregaciones. Esto de la responsabilidad de los líderes incluye a los propios obispos, quienes han sido muy laxos en hacer que la Disciplina se aplique debidamente en el sistema de gobierno y pasar por alto ciertas leyes que ofrecen una interpretación confusa y, a veces, en contra de las decisiones tomadas en la conferencia general.

La aprobación del informe de Llamado a la Acción fue anunciada como un paso adelante para una iglesia que ha sufrido por muchos años un declive de membresía. "Lo que esto significa es que cualquier cosa que nos mueva hacia adelante, el concilio se está comprometiendo con ello. Esperamos que la Mesa Conexional tenga el mismo compromiso de que, sí, estamos determinados a mover a la iglesia en la dirección en la que creemos el Espíritu de Dios nos guía", dijo el obispo de Illinois, Gregory Palmer.


Comencemos en Jerusalén

--Héctor Burgos

A diferencia de otras iniciativas del pasado, superficiales y poco realistas, este informe presenta, de manera muy franca, la realidad de nuestra denominación. Creo que para resolver un problema, el primer paso es reconocer que existe. Tenemos que enfrentar con valentía las tendencias negativas que existen en nuestra denominación y trazar un plan de trabajo agresivo e intencional que nos ayude a retomar efectivamente nuestra misión de hacer discípulos de Jesucristo para la transformación del mundo.

Desde mi punto de vista, la recomendación de mayor trascendencia del informe es la que llama a que, en la próxima década, se ponga un énfasis primordial al desarrollo y revitalización de las iglesias locales. Creo que esta recomendación da en el clavo y es una señal de esperanza para el pueblo metodista unido.

Hechos 1:8 nos provee con el mismo llamado a la acción: "Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra" (NVI). Este texto nos presenta un orden que no es accidental. El llamado de la iglesia de ser testigos de Jesucristo, aun cuando debe alcanzar todos los confines de la tierra, debe comenzar en "Jerusalén", esto es, en nuestras comunidades locales.

Tristemente, en los últimos años, nuestra denominación ha perdido esta visión del ministerio: empezar por Jerusalén. Parece que se la ha dado mucho énfasis a los ministerios globales. Es como si la visión conexional fuese que el trabajo principal de la iglesia local es sustentar financieramente a las diferentes agencias de nuestra denominación. Creo que cambiar el énfasis misional para dirigirlo a la revitalización de las iglesias locales es muy positivo, dependiendo de la forma que tome su implementación. Tenemos que empoderar a nuestras iglesias locales para que puedan ser testigos en sus comunidades. Creo que el apoyo a las misiones conexionales vendrá después, ya no como una obligación, sino como el fruto natural de la obra del Espíritu Santo en nuestras comunidades de fe.

Por otro lado, hay varias cosas que me preocupan. Primero, lamento que el informe no haya articulado claramente la necesidad de que se promueva un avivamiento espiritual a todos los niveles de nuestra conexión. No hay mucho énfasis en retomar una experiencia de fe que tenga énfasis en prácticas espirituales como la oración, el estudio de las Escrituras y la adoración transformadora. Nuestra crisis no es sólo estructural sino espiritual.

Además, creo que los hallazgos son limitados pues solo consideran la realidad anglo de la iglesia en los EEUU, y no se percibe un análisis profundo en lo que respecta a la realidad de los grupos étnicos y todas las cosas que los mismos pueden aportar a la revitalización de nuestra denominación.

Oro a Dios para que continúe dando sabiduría y visión a nuestro Concilio de Obispos y líderes para que, con la dirección y en el poder del Espíritu, dirijan a nuestra denominación a una experiencia de revitalización y avivamiento que nos permita continuar siendo testigos del amor de Jesucristo alrededor del mundo.


el Intérprete, enero-febrero, 2011