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La primera impresión

 

Por Sheila Fiorella


Recordemos que la gente que entra a nuestra iglesia viene con expectativas. Las primeras decisiones que hacen, las hacen como consumidores. Si volverán o no volverán a visitar nuestra iglesia depende completamente de su primera experiencia con nosotros. Cuando se van, hacen las mismas preguntas que levantan cuando entran a un negocio: ¿Valió la pena el tiempo invertido? ¿Me trataron bien?

Uno tiene que preguntarse cómo responderán las visitas a estas preguntas. Hoy hay una gran competencia, no sólo departe de otras iglesias sino que muchos otros servicios como centros comerciales restaurantes, campos de golf, parques, etc.

Según Mark Waltz, autor del libro First Impressions: Creating Wow Experiences in Your Church, esta competencia no solo ocurre los domingos en la mañana. Afirma que la competencia empieza cuando la gente queda deslumbrada en otro medio ambiente. Una persona envía un paquete por correo, sintiéndose segura de que llegará a tiempo. Otra recoge su ropa de la lavandería, complacida por la forma en que quedaron sus camisas sin mucho almidón y listas al día siguiente, tal como se le prometió. En el mostrador de un café, una persona es reconocida por nombre y recibió una bebida gratis por ser un cliente habitual.

Estas experiencias elevan las expectativas de la gente que visita nuestra congregación. La gente aprende a reconocer el buen servicio y vuelven a los lugares donde pueden experimentarlo. Hasta una cama caliente y confortable compite con nuestras visitas el domingo por la mañana. Todo tiene que ver con el valor de la experiencia. ¿Vale la pena levantarse y salir de casa para ir a la iglesia?

Esta es la clave: cuando la gente es valorada, las visitas quedan encantadas y vuelven.

La competencia de experiencias que afirman el valor del cliente es tan intensa que los consumidores, con frecuencia, evalúan la calidad de cualquier negocio o iglesia durante los primeros minutos de su experiencia. En corto tiempo, las congregaciones tienen que ser capaces de darle a las visitas una razón para seguir viniendo.

El mensaje es: "Usted sólo tiene una oportunidad para hacer que la primera impresión sea positiva". Esto es muy cierto. La gente espera más, mientras que se encuentra con una realidad que no responde a las expectativas.

También hay que considerar una consistencia de servicio. La impresión que uno tiene de un negocio o iglesia no surge siempre de inmediato sino más adelante. Estas experiencias dejaron una impresión imborrable.

Juguemos con el siguiente ejercicio. Mire la siguiente lista de negocios y diga en voz alta de inmediato lo primero que se le venga a la cabeza: Restaurante, Starbucks, supermercado, banco, iglesia.

"Usted sólo tiene una oportunidad para hacer que la primera impresión sea positiva".
Evalúe sus respuestas. ¿Qué respuesta revela su sentir al comienzo o al final de su experiencia de dicho lugar? ¿Qué le dice esto de las impresiones que guardamos? Estas impresiones nos ayudan a decidir si volveremos o no. Las organizaciones que entienden el carácter imborrable de las primeras impresiones, también entienden que la gente tiene valor. Cuando la gente es valorada, los clientes son cautivados porque sienten que se les valora. Si la gente tiene valor para Dios, nosotros deberíamos valorarla también.

No buscamos hacer una buena impresión para ser mejores que los demás, sino porque la gente tiene valor. Uno debe valorar lo que la gente piensa, cree, necesita y desea.

Fijémonos en lo que dice la Biblia: "¿Estás fatigado? ¿Estás agobiado? ¿Estás cansado de la religión? Escápate conmigo y recobrarás tu vida. Te mostraré cómo descansar. Camina y trabaja conmigo, fíjate cómo lo hago. Aprende el ritmo espontáneo de la gracia. No pondré ninguna carga pesada sobre ti o que sea impropia para ti. Acompáñame y aprenderás a vivir libre y livianamente" (Mateo 11:28-30, The Message).

Considere la siguiente lista de cosas que se pueden hacer:

  • La próxima vez que salga a comer con amigos, hable con ellos sobre la experiencia. ¿Qué los desilusionó? ¿Fueron bien servidos? ¿Qué fue lo que causó una buena impresión?
  • Al final de su día o semana de trabajo, haga una lista de sus experiencias como consumidor y otros encuentros que haya tenido. ¿En qué momento sintió que lo valoraban? ¿En qué momento lo cautivaron? ¿Cómo podría reproducirse esta fascinación en su iglesia?
  • Tuvo esta semana la oportunidad de mostrarle a otra persona que usted la valora? ¿Qué hizo? ¿Qué podría haber hecho mejor?


Dios valora a la gente; de modo que, nosotros debemos valorarla también. Si podemos seguir fielmente a Jesús, los visitantes que llegan a la iglesia se sentirán perdonados, aceptados y amados. Sabrán que los valoran. Las visitas captarán que hay relaciones auténticas y genuinas, y querrán ser parte de ellas.

Tiene que ver con encontrar a la gente donde está, no donde quisiéramos que estuvieran, sino sólo allí donde están.

¡Todos tenemos expectaciones!


--La Rda. Sheila Fiorella es fundadora de la IMU New Day, en Mansfield, Texas.

el Intérprete Online, marzo-abril, 2011