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La multiplicación del pan y las tortillas

 

Por Esperanza Baltazar Ramírez


El miércoles 27 de abril parecía no tener nada en particular, en Albertville, Alabama. Acostumbrada a levantarme a las 4 de la mañana, hice mis oraciones matutinas y leí el Aposento Alto. Equipada espiritualmente, me dispuse a empezar el nuevo día. Me extrañó no escuchar el canto de los pajaritos. ¿Sería que ellos sabían algo que yo ignoraba en ese momento?

De momento, empezaron a sonar las alarmas y prendí la televisión para ver el pronóstico del tiempo. Entonces me di cuenta que se avecinaba un tornado. Casi al mismo tiempo, empezaron a llegar algunas familias que viven en casas rodantes que son muy frágiles. Hace un año tuvieron una mala experiencia debido a que hubo también un tornado que causó muchos daños y algunas de estas casas desaparecieron.


Foto por Bilha R. Alegría

Los miembros del Ministerio Hispano El Puente, de la Conferencia de Alabama Norte, saben que nuestras puertas están siempre abiertas. Saben que cual sea la necesidad que tengan, tratamos de apoyarlos u orientarlos. Así que, confiadamente llegaron para albergarse. Al poco tiempo, no solo llegaron más miembros de la iglesia, sino que personas que ni siquiera conocíamos, pues sabían que allí nadie es rechazado.

Para mi esposo, el Rdo. Rosendo Sánchez, y yo, nos fue difícil ofrecerles comida a todos. Literalmente hubo que multiplicar frijoles, tortillas, arroz, etc. Poco a poco fuimos consumiendo todo lo que había en el refrigerador y, aún cuando afuera arreciaba el viento, empezaron a caerse los árboles y se cortó la luz, no teníamos temor, pues el Espíritu Santo nos infundía confianza.

Cuando llegó la noche, teníamos 62 personas pero nadie se atrevió a irse a su casa por el pronóstico de más tornados. Ya no había nada para cenar, solo un poco de leche que pedí se la diéramos a los niños. No dijimos nada pero todos sentíamos hambre. Además, sin electricidad, no podía cocinar para ellos. Sin embargo, todavía faltaba un milagro más. Llegó una familia más a refugiarse, trayendo pan. ¡Y nuevamente ocurrió el milagro! Todos pudimos comer pan y jugo de naranja y nos fuimos sin hambre a dormir. ¡Imagínese una casa común y corriente albergando a 62 personas! Como dice el dicho: "La casa es chica pero el corazón es grande" ó "De rincón a rincón, todo es colchón".

Gracias a Dios, pudimos dormir sin temor porque sabemos que el Ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende (Salmo 34:7). Al día siguiente, leí en el Aposento Alto, "Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra". Así que, confiadamente inicié un nuevo día, sabiendo que nuestro Dios está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo. ¡Dios es fiel!



--Esperanza Baltasar Ramírez


el Intérprete, julio-agosto, 2011