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La misión y la fe hacen milagros

 

Por Beth Chapman

 

Miré cómo la grúa levantaba la incubadora para ponerla dentro del contenedor. Era todo un milagro que este equipo médico pudiese irse en barco hasta un hospital de Honduras, para ayudar a los bebés que dormían en cajas de madera.

Debería creer en milagros. He dado a luz a dos hijos sanos y esto ya es un milagro. Pero tener hijos no es caminar sobre el agua. Siempre sentí que tenía que caminar sobre agua, multiplicar los panes o poner mi dedo en su costado.

Durante el ajetreo de la grúa cargando las cajas, yo estaba en silencio, mirando y diciendo “gracias, Dios mío”, una y otra vez. De repente, desperté a tiempo para tomar una foto de una de las incubadoras que era puesta en el contenedor.

Este proyecto empezó en el lugar menos probable, en un club de salsa. Me enamoré de la música y la danza latinas, lo que me hizo querer aprender español. Me inscribí en un curso intensivo, en La Ceiba, lugar conocido por su música y baile.

El resultado de las clases fue que empecé mi trabajo como voluntaria en el hospital de La Ceiba. Es un lugar que sirve a los más pobres, un lugar sin el apoyo ni el personal necesario. Cada tarde, después de las clases de español, me dirigí a la Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal. Había más niños prematuros y enfermos que camas o incubadoras. Los bebés que necesitaban simple fototerapia eran puestos a un lado en una caja de madera bajo una luz para reducir la bilirrubina. Sólo uno o dos bebés podían ser puestos en una vieja incubadora.

Cuando volví a los Estados Unidos, mi propia unidad neonatal recibió la donación de dos incubadoras que no necesitábamos. "Si tan solo pudiéramos enviarlas a Honduras", me dije. Buscando en el internet, me di cuenta que había un grupo de misión de la Conferencia Anual Alabama Norte, que solía ir a Honduras. Se trata de Alabama Honduras Medical and Educational Network (AHMEN). Los llamé por teléfono y, 30 minutos más tarde, me prometieron llevar las dos incubadoras a La Ceiba. A cambio, yo debía ayudar en una escuela para sordos en las montañas de Honduras.

Sentí que ayudar en una escuela para sordos era algo que iba más allá de mis capacidades. No domino el español ni la lengua por señas. Me preguntaron si conocía a alguien que podría ayudar en una escuela para sordos. Bueno, conocía a una amiga que conocía a otra persona. Fue así que llegué a conocer a Fred Bess, director del Centro de Audición y Habla de Vanderbilt. Habiendo ido varias veces a Rusia para ayudar, el Dr. Bess estaba dispuesto a considerar Honduras.

El Dr. Bess y yo viajamos a Honduras primero, antes de llevar a todo un equipo para trabajar en dos escuelas para sordos. Hay mucha disparidad entre ciudades como La Ceiba y las áreas rurales, lo que incluye la educación. En la Ceiba, la escuela pública tiene, por lo menos, una clase para todos los niños sordos, sin importar su edad. Hay un solo maestro. Pero en la villa Plan de Flores, en las montañas, no hay escritorios, carteles y ni siquiera un maestro.

Mariana Salinas es una madre que temía que los niños sordos como José, su hijo, fuesen rechazados por no poder oír o hablar. De modo que, los juntaba a todos en su casita pequeña. El comedor está afuera y sirve como sala de clase. No hay suficientes sillas alrededor de la mesa. Los 11 niños tienen que turnarse para sentarse para la clase y para comer.

El equipo de audiólogos y maestros de Vanderbilt viajó por una semana a las dos escuelas, para proveer de audífonos y de entrenamiento para el maestro de La Ceiba y para José, que ahora enseña con su mamá en Plan de Flores. A pesar de la falta de financiamiento, AHMEN sigue con planes para construir un cuarto para clases en Plan de Flores y traerán a Mariana para un entrenamiento.

El proceso de enviar las incubadoras a Honduras fue toda una odisea. Hubo que encontrar la forma de empacarlas lo mejor posible y encontrar fondos para el flete. El financiamiento lo proveyeron las Mujeres Metodistas Unidas de mi iglesia. Después hubo que ver cómo trasladar las incubadoras a Cullman (Alabama), donde está el depósito de AHMEN. Terminé alquilando un camión U-Haul para llevar las cajas y me fui cantando a todo pulmón.

Me ha impresionado tanto mi experiencia con las incubadoras y la gente de AHMEN. Unos 50 miembros de iglesias metodistas unidas de Alabama apoyan financieramente a los estudiantes de la escuela de Mariana y José.

Ahora que AHMEN tiene el plan de edificar una escuela para sordos en Plan de Flores, nada los detiene. El depósito está lleno de cajas con útiles para la misión que serán enviados el verano. Las cajas contienen también las placas de zinc para el techo.

La fe es algo difícil de lograr para quienes son como Tomás. Requiere oración constante. Requiere que recordemos el milagro de los panes y los peces. Trabajando con Mariana y AHMEN he experimentado lo que son los milagros.


--Beth Chapman, RN, es enfermera y educadora en la clínica pediátrica de enfermeras del Hospital de Niños Monroe Carell Jr. En Vanderbilt. Nashville, Tenn. Es miembro de la iglesia multicultural West Nashville UMC.


el Intérprete Online, julio-agosto, 2011