Skip Navigation

Jim y su pasión por el pueblo hispano-latino

Por Amanda M. Bachus

 

Jim, desde que te conocí me di cuenta de tu dedicación y participación, a todo nivel, en los asuntos que conciernen a la iglesia hispano-latina. Hace mucho que quería conversar contigo para que compartieras con los lectores de la revista el Intérprete.


Jim Perdue (foto por Mike DuBose)

Me dijiste que, desde los 16 años, has estado sumergido en la cultura latina y que a tus 40 años no sabías nada de español. Respondiste a tu llamado y te fuiste de misionero a la Argentina. A tu regreso te topaste con el proceso de trabajo del Plan Nacional para el Ministerio Hispano-latino de la IMU. Fuiste coordinador de ministerios hispanos en la Conferencia de Iowa-Idaho, y ahora estás trabajando en la Conferencia Desierto Suroeste como misionero del Plan Nacional en asuntos de inmigración. Se ve que tienes una pasión profunda por esta causa. También te defines más como un trabajador pastoral que un teólogo.

¿Qué es lo que te llevó a entrar en este asunto y qué te mueve a hacerlo?
Lo que me atrae a este trabajo viene, en parte, de mi propia experiencia. Nací y me crié en las montañas Apalaches que es una subcultura en los Estados Unidos. Vengo de una familia minera y sindicalista. Los sindicatos formaron la comunidad donde crecí. Era un lugar donde se tenía que cuidar a todo el mundo o nadie cuidaba de nadie. Hoy se ha perdido mucho de eso. En nuestra cultura de hoy, la gente se ocupa solo de cuidar de sí misma. Al desear tener lo mejor de todo, las personas perjudican a otras personas y, en el proceso, aquellos que no tienen recursos resultan las víctimas. Esa sensación de injusticia es realmente lo que me lleva a este ministerio.

Wesley lidió con situaciones similares con los metodistas de su época, cuando ayudaba a los trabajadores y gente de clase baja. Les enseñó a ahorrar, a manejar su dinero de la mejor manera y a progresar en toda forma. Después llegaron a convertirse en personas de clase media. Pero una vez que estas personas subieron de nivel económico ya no les importaba los demás. Wesley se arrancaba los cabellos hasta el final de sus días pensando que esos metodistas estaban perdidos.

Veo que demostramos nuestra fe personal diciendo "amo a Jesús y Jesús me ama", que todo está bien entre nosotros y ayudamos para sentirnos bien. Sin embargo, construimos barreras de todo tipo contra gente de otras tierras, entre los pobres, entre nosotros y los inmigrantes pues no queremos verlos. Entonces mi trabajo consiste en ayudarnos a mirarnos unos a otros.

¿Crees que este trabajo se puede lograr desde las iglesias locales?
Claro que lo podemos lograr. Las iglesias pasaron por esto, lo hemos hecho antes en los Estados Unidos. Primero encontramos el camino con la lucha por la emancipación. Hemos encontrado nuestro camino durante los derechos civiles por medio de las luchas. Encontraremos nuestro camino a través de esta lucha también. No tenemos que estar divididos como en el pasado, tenemos que empezar la conversación ahora.

Hoy en la iglesia hay que invitar a la gente a tocar el tema de la inmigración, y creo que es el Espíritu que me está diciendo que la iglesia necesita conversar ¡ahora!

Pienso que estoy llamado a este ministerio. Hacen 25 años, mi vida dio un vuelco de 90 grados, desde entonces he tomado mis decisiones en base a ese "llamado". Después todo se pondría muy interesante, inclusive el trabajo.

Hay gente que piensa que la iglesia no debiera inmiscuirse en estos asuntos, ¿Qué piensas?
Me pregunto por qué siempre nos resistimos a lo que Dios quiere que hagamos. La iglesia necesita conversar. Cuanto más escuchamos a la gente decir "no queremos conversar", y cuando muchos se agitan, se enojan y gritan al inicio de una conversación, ésta se pone más intensa y más productiva.

Aunque me entusiasma trabajar en asuntos de inmigración, es un asunto muy difícil de tratar. Cuando visito una iglesia, hay gente que me mira y quiere gritarme. Eso me gusta pues cuando gritan, se dan cuenta que no me hago problema con sus gritos, entonces dejan de gritar y empezamos la conversación. De eso se trata, conversando se dan los cambios. Estuvimos viendo esos cambios en Arizona, donde la gente gritaba una más fuerte que la otra y, de repente, después de unos momentos de conversación, la gente fue diciendo "sí". Creo que allí tienes un buen punto de partida.

Algo de esto tiene que ver con el hecho de ser la Iglesia Metodista Unida. La tradición wesleyana tiene dos elementos claves. Lo que conocemos como conexionalismo. Este problema ha quebrado nuestra conexión y necesitamos repararla. Tenemos la situación de "ciudadanos que son miembros" de nuestra iglesia y de también "inmigrantes que son miembros" de nuestra iglesia. Tenemos nuestras relaciones entre miembros que están en ambos lados de este problema. Debemos reparar estas relaciones y, antes de eso, debemos averiguar dónde estamos como una iglesia. Estaría bien si sólo pudiéramos juntar a todos los líderes, y decir: "Iglesia, esto es lo que tienen que hacer". La iglesia conexional no funciona así, la iglesia dialoga y luego resuelve.

El otro aspecto del metodismo se basa en la idea que Wesley llamó "santidad social". Wesley fue muy exigente en el desarrollo de una santidad personal, pero también le dio la misma importancia a la "santidad social". Wesley dijo que no hay santidad que no sea santidad social. No hay ninguna religión que no sea social. Y esa es nuestra tradición. Tenemos que recuperar esa iglesia. Tenemos un montón de gente en nuestra iglesia que desconoce quiénes somos. Así que, estamos caminando como una iglesia que tiene amnesia sobre la santidad social y amnesia sobre la conexión. Tenemos que aprender y curar ambas.

¿Crees que si recobramos nuestra santidad personal y social podremos abrir los ojos y ver más allá?
Para conseguir una reforma al sistema de inmigración debemos crear estrategias sobre este asunto y forjar alianzas. Pero una reforma de inmigración no es la última palabra para la iglesia. ¿Cómo podemos ser iglesia cuando las personas crecen de diferente forma? Ahora, la situación de los inmigrantes se nos presenta como un gran desafío. Pero una vez que los inmigrantes obtengan una reforma de inmigración, las iglesias serían un punto de partida.

¿Cómo podemos lograr que la gente con opiniones opuestas participe?
No debemos alarmarnos o sentirnos frustrados. Podemos empezar entablando relaciones de confianza donde podamos dialogar. Ahora mismo queremos compartir con el pueblo el modelo que estamos usando en la Conferencia Desierto Suroeste, llamado "Conversación Santa". El Concilio de Obispos redactó un precioso documento para la Conferencia General de 2008. Desde ahí es donde partimos. Organizamos una conversación con gente de perspectivas diferentes sobre el asunto, recibimos al grupo en la sala, empezamos con la presentación de cada persona. Decimos: "Díganos quién es usted, de dónde es y díganos por qué está aquí esta noche". Se permite a las personas compartir lo que consideran importante y escuchamos todos los argumentos desde todos los puntos de vista. Tocamos los asuntos que se están debatiendo por internet, televisión y el mundo. Cuando terminan, nos aseguramos de decirle a cada persona las palabras "gracias por su contribución", o "esto es importante", o "vamos a empezar a trabajar juntos en algunos de estos asuntos".

Tenemos la situación de "ciudadanos que son miembros" de nuestra iglesia y de también "inmigrantes que son miembros" de nuestra iglesia.
Una vez que hemos establecido un sentido de aceptación y confianza, entonces podemos empezar a identificar los puntos donde no estamos de acuerdo o los menos importantes. Luego empezamos a enfocarnos en los puntos donde concordamos. Todo el mundo debe entender que pasamos por un proceso de transformación, incluyéndome a mí. Tampoco podemos esperar que una mayoría sienta de la misma manera que los demás. Como iglesia todos estamos en un viaje de aprendizaje en este asunto. Salimos de este proceso cambiados, ya no somos los mismos. Ese es el tipo de aprendizaje y cambio que estamos empujando a que realicen las personas de la iglesia.

¿Cómo vamos a discernir todo el asunto político en la iglesia? ¿Cómo presta atención a este diálogo el Plan Nacional?
Esta es una posición nueva para el Plan Nacional y la estamos viviendo actualmente. Básicamente, estamos empezando a crear y compartir nuevos recursos que ayuden a toda la iglesia a entender lo que está sucediendo en inmigración. No sólo hay una gran brecha sobre la cuestión de la inmigración entre la iglesia, los inmigrantes y los ciudadanos, sino entre los miembros de la iglesia tenemos una gran división sobre el tema. Ahora estoy facilitando recursos de producción y modelos de conversación que pueden reproducirse y que ayudan a la iglesia a encontrarse en el centro de este asunto. Estamos realmente en un estancamiento a nivel nacional. Este estancamiento no debe poner a nuestra iglesia en un estancamiento. Tenemos que evitar esa tentación. Es por eso que me involucro con la mayoría de la iglesia y la iglesia inmigrante.


--Amanda M. Bachus
 

el Intérprete, mayo-junio, 2011