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¿Qué se quiere decir con practicar la justicia?

 

Por Angela M. Flanagan


Practicar la justicia es lo que demanda el Señor. No solo practicar la justicia sino amar la misericordia y andar en humildad con Dios (Miqueas 6:8). Sería bonito leer palabras que hablen de practicar la misericordia y amar la justicia, pero aquí el asunto es al revés. Dios nos llama a practicar la justicia y amar la misericordia.

Dios nos formó y quiere que seamos una señal de su alianza con el pueblo, una luz para todo el mundo (Isaías 42:6).Por otro lado, el profeta Isaías nos dice qué es practicar la justicia (Isaías 42:1-4; 58:1-59:8). Los que oyeron a Isaías, en el siglo octavo antes de Cristo, habrían pensado en una justicia a través de la violencia, una justicia con guerra y venganza (58:3, 4; 59:3-8). La justicia de Dios no es así. Isaías da una idea nueva sobre la justicia que traerá el siervo de Dios (42:1).

A los seres humanos nos gusta mucho definir términos como la justicia. Pero Isaías primero dice qué no es practicar la justicia antes de describir lo que es. No es gritar, no es la violencia ni la imposición de una orden. Estas acciones representan la justicia de Hollywood, pero no representan la justicia de Dios. Isaías nos dice que Dios traerá justicia por medio de la verdad. Ser testigo de la verdad requiere paciencia, requiere resistencia y requiere sacrificio.

Como seres humanos somos impacientes. Queremos que Dios traiga su justicia ahora. De esta manera, Dios sería el responsable, no nosotros. Dios nos llama a que seamos sus manos en el trabajo de la justicia en este mundo. Muchas veces leemos este pasaje pensando que se refiere a Cristo, pero Isaías tenía un mensaje bastante más radical. Cierto, Jesús es el siervo del Señor, pero nosotros también somos siervos de Dios.

El evangelio de Marcos nos dice, "Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos. Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos" (10:43, 44). Marcos nos enseña que el pasaje de Isaías es más que una profecía bonita. Más bien sirve como instrucción para que aprendamos a servir. Si somos siervos de Dios, debemos llevar justicia a las naciones (Isaías 42:1).

¿Qué tipo de siervos debemos ser, según Isaías? ¿Qué tipo de justicia realizaremos? ¿A quién la llevaremos? Dios nos llama a traer justicia a los enfermos, necesitados, huérfanos, viudas, a los que no tienen refugio (42:7; 58:6, 7, 10). Todos sabemos que en esta sociedad, los ricos definen y controlan lo que llamamos la justicia. Pero los poderosos no controlan la justicia de Dios. La justicia de Dios viene a las masas, a los necesitados y los débiles. ¿Y quién traerá justicia? Nosotros, los siervos de Dios.

Isaías habla de "las costas lejanas" (42:4). ¿A que se refiere? Se refiere a los países paganos que no formaban parte del pacto que Dios hizo con Israel. Las costas lejanas son los extranjeros, los marginados, los que más necesitan la justicia de Dios. Como los israelitas, a veces nosotros los cristianos pensamos que la justicia de Dios es sólo para nosotros. Pero el profeta Isaías nos recuerda que el amor de Dios es más grande que esto. La iglesia no tiene el monopolio de la justicia de Dios. La iglesia tiene una responsabilidad de anunciar y establecer la justicia de Dios en toda la tierra.

El siervo de Dios no se cansará hasta que establezca la justicia "en la tierra" (42:4). Si leemos los periódicos, vemos que en el mundo hay guerra, hambre, enfermedades y odio. Hay mucho que hacer.

¡Pero ánimo! Dios está con nosotros. Isaías nos dice que nuestro Dios nos ha llamado en justicia. Nos ha tomado por la mano para que seamos instrumentos de salvación en el mundo. Dios nos formó y quiere que seamos una señal de su alianza con el pueblo, una luz para todo el mundo (Isaías 42:6). Dios nos fortalecerá para ser siervos de Dios, brillando con su gloria en un mundo que necesita la justicia de Dios.


--Angela M. Flanagan Estudiante de teología, Universidad de Vanderbilt
angela.m.flanagan@vanderbilt.edu


el Intérprete, mayo-junio, 2008