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¡Pastor, cuidado con la salud!

 

Por Osvaldo Colón


La naturaleza de la labor pastoral es extremadamente exigente. Eso se agrava porque la gente, en ocasiones, idealiza la figura del pastor o pastora, lo que puede tener efectos nocivos a la salud psicológica y física del pastor. En una variedad de escenarios, el pastor tiene que ser un buen educador, evangelista, consejero, capellán, músico, oficiante de bodas, funerales y dedicaciones, predicador, líder de adoración, administrador, visitador de hogares, líder comunitario, misionero, tomar responsabilidades en la denominación (miembro de comités y juntas), entre muchas otras responsabilidades.

La multiplicidad de tareas exige una diversidad de funciones que genera tensión emocional y física. Ello puede desembocar en el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). El SFC es un desorden psicológico y cerebral (físico) que puede presentar los siguientes síntomas: agotamiento extremo y prolongado que no cesa con el descanso, trastorno del sueño, apatía, problemas de memoria, falta de concentración, entre otros.

El periódico Primera Hora, de Puerto Rico, publicó recientemente los resultados de una investigación realizada por la psicóloga clínica Heide L. Rodríguez Ubiñas y el sociólogo José Rodríguez Gómez. Esta fue llevada a cabo con pastores y pastoras de diversas iglesias de Puerto Rico. El estudio concluyó que los ministros están propensos a sufrir de SFC, pero que no presentan los síntomas a causa de la gran satisfacción que produce la tarea pastoral.

El estudio reveló que el 50 por ciento de los pastores se encuentra en alto riesgo de padecer dicho síndrome y algunos confesaron sentirse agotados y ansiosos. Los investigadores afirman que el trabajo pastoral es muy demandante, que genera estrés y pone en riesgo la salud mental de los pastores y pastoras. Esto obedece a las diversas responsabilidades, al manejo de personas y las situaciones existenciales y de crisis.

Según el estudio, se suman a esas variables las exigencias, tensiones y limitaciones sociales que surgen a causa de que el pastor y su familia no son cubiertos en sus necesidades básicas, en ocasiones no se les paga a tiempo o no tienen seguro médico.  Estas situaciones repercuten en la calidad de vida y en la salud mental del pastor.

De modo que, se hace imperativo crear conciencia acerca de la situación vulnerable de pastores y pastoras que corren el peligro de sufrir una condición de salud mental. Hay que empezar por tener una visión más realista del pastor. No hay que verlo como “superhombre” o como “mujer maravilla”, sino como siervos del Señor que también se enferman y padecen como cualquier otro ser humano. Esto debe llevarnos a velar con determinación por la salud física y mental del pastor y de su familia, lo que a su vez repercutirá en un trabajo más efectivo en la iglesia.

Como una forma de mostrar determinación en nuestro deseo de velar por nuestros pastores y pastoras, las congregaciones deben participar de eventos de capacitación que promuevan una visión más humana respecto al pastor y su tarea.

Es necesario entrenar a los miembros para que desarrollen destrezas que los involucren en el ministerio, aliviando así la tarea pastoral. Se debe establecer redes de apoyo que faciliten la multifacética tarea del pastor, así como la misión y programa de la iglesia. El trabajo en conjunto debe manifestarse en un buen ambiente de comunicación abierta y efectiva. 

Algunas sugerencias preventivas en el cuidado de la salud mental del pastor o pastora:

  • Brindar información a pastores y Comités de Relaciones Pastorales sobre lo que es el SFC, sus síntomas y consecuencias para desarrollar actividades y planes preventivos.
  • Examinar y asegurar que las tareas y el entorno de trabajo no sobrecarguen al pastor.
  • Implementar talleres de concientización y equipamiento que desarrolle las habilidades personales e interpersonales de los miembros para que la administración de la iglesia sea eficaz.
  • Atender las necesidades del pastor y su familia en forma preventiva y sanadora ante el conocimiento del SFC.
  • Desarrollar talleres de capacitación en el desarrollo de habilidades cognoscitivas, afectivas y conductuales para pastores de manera preventiva.
  • Se debe considerar la asistencia de ayuda psicológica y médica.

 

--Osvaldo Colón, Presbítero de la Iglesia Metodista de Puerto Rico, Profesor de la universidad de Puerto Rico


el Intérprete, enero-febrero, 2009