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Glorificar a Dios por medio de la liturgia de dar

Por Cookie Santiago
 

Hechos 20:35,"Hay más dicha en dar que en recibir".

Juan 15:13,"Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos".

1 Crónicas 16:29,"tributen al SEÑOR la gloria que corresponde a su nombre; preséntense ante él con ofrendas, adoren al SEÑOR en su hermoso santuario".

En liturgia, cuando decimos "orden de culto", pensamos en una reunión llena de tradición y movimiento espiritual; rica en salmos, canciones, escritura, oración y oportunidades sacramentales para que el alma sea sanada, tocada e inspirada.

La liturgia es una oportunidad para dar y recibir dones. Es donde somos movidos a responder a la gloria de Dios con amor y alabanza. Es el lugar donde recibimos lo que se nos entrega y respondemos dando amor, pensamientos y compromiso con Dios a través de nuestra adoración de Cristo y vida en el Espíritu Santo.

Lo principal acerca de participar en la Santa Cena es la fe y el amor que precede al partimiento del pan. Se celebra en memoria de Cristo, Dios encarnado que vino al mundo para llevar a cabo la tarea de salvarnos por gracia, justificarnos y perdonarnos, de modo que pudiésemos ser uno con Dios y unos con otros. Simplemente debemos llenarnos de estos dones, permitir que fluyan a través de nosotros y llevarlos al mundo.

Venimos a la mesa del Señor a recibir. Es el don de Dios dado libremente a nosotros. Si hay algo que puede traer todo tipo de sanidad a toda la gente en todo lugar, eso sería los dones del amor y la gracia de Dios. Cuando estamos llenos de estos dones y les permitimos sanar nuestras vidas, podemos convertirnos literalmente en portadores de esta medicina y llevarla al mundo. La liturgia empieza en el santuario y después se mueve hacia afuera, hacia el mundo, a través de nosotros.


--Cookie Santiago



el Intérprete, marzo-abril, 2010