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Forjando una juventud sana en Honduras

 

Por Félix Emmanuel Baca Murillo


Soy pastor local, candidato al ministerio ordenado de la Iglesia Metodista Unida, en la Misión de Honduras, a través de Ministerios Globales. Mi jornada empezó en 2001, mientras estaba en Tegucigalpa pastoreando la Iglesia de San José de la Vega. De regreso a mi ciudad, sentí que el Espíritu me indicaba que había algo que debía realizar para el servicio del reino. Después de una plática con los pastores Gary Garay y Jorge Rodríguez, permanecí como colaborador pastoral. Con su apoyo, terminé mi bachillerato en ciencias y letras.


Empecé observando cómo los jóvenes se asesinaban cuando irrumpía la violencia en los campos de fútbol.

En 2002, un grupo de personas que fueron afectadas por el Huracán Mitch fue trasladado a sus primeras casas. El Rdo. Rodríguez y miembros de San José de la Vega veníamos a celebrar cultos bajo el follaje de una higuera. Luego empecé mi trabajo local, viajaba tres veces por semana y el grupo creció a 85 personas. Durante la reunión anual de la Misión Metodista Unida en Honduras en 2003, el Obispo Elías Galván me asignó a permanecer ahí, y así es hasta el día de hoy.

Empecé observando cómo los jóvenes se asesinaban cuando irrumpía la violencia en los campos de fútbol. Recuerdo que un día estábamos en una casa donde funcionaba un centro de predicación, al frente de una cancha de fútbol. De repente, los aficionados corrieron hacia la casa huyendo de las balas y el caos. Llegaron donde estábamos y se aglomeraron en el corredor. Esto me mostró que tenía que trabajar en el área de la salud, la educación y recuperación y formación de una juventud más sana.

En Tegucigalpa, empecé trabajando en una liga de fútbol para niños, junto a la Oficina de Deportes de la municipalidad. Mi afán era enseñarles cómo transformarse en una juventud menos violenta. Otro aspecto que logramos mejorar fue el analfabetismo. El requisito para participar en los deportes es estar matriculado en la escuela y tener buenas notas. Tenemos matriculados a más de 380 niños que pertenecen a 8 clubes.

Durante esos 8 años, hemos vivido momentos de triunfo y derrota. Cuando perdemos, reflexionamos en el por qué de la derrota. Esa experiencia nos enseña a no seguir perdiendo. Eso hace que el Club Metodista, en todas sus categorías, esté siempre en los primeros lugares.

Desafíos

Hoy el reto es seguir trabajando con los que pasan los 16 años. No tenemos el presupuesto e implementos para esta etapa. Estamos en un diálogo sobre cómo seguir este proceso para poder participar en la liga mayor.

Nos hemos dado cuenta que en cada equipo de fútbol tenemos niños de padres que han emigrado a los Estados Unidos. Vemos que la pobreza afecta a los líderes que están al frente de los clubes. Algunos desean retirarse porque, aunque tienen implementos, no tienen recursos para el pago de arbitrajes.

Cómo mejorar la situación

  1. Buscamos patrocinadores para premiar a los jóvenes, para así mantenerlos juntos hasta pasar su proceso de prevención.
  2. Cada niño tiene que visitar una iglesia para sus clases de religión.
  3. Cada niño debe asistir a la escuela pública o privada.
  4. Los jóvenes deben trabajar con los niños con la asesoría de un adulto de la liga.
  5. Deseo mantener diálogo con los niños que tienen padres emigrantes, para conocer sus deseos y retos a fin de ayudarles y orientarles. La separación familiar les afecta mucho.
  6. Deseo formar un colegio de árbitros juveniles para ligas menores.

La invitación de Jesús

Jesús nos invita a la realización de su reino en todo lo que afecta o menoscaba la vida. Busca a pastores y líderes que tengan pasión por mejorar este mundo mientras llega el reino en pleno. Pienso que la iglesia es responsable de llevar a cabo esta misión en un mundo confundido y sin esperanza.

Doy gracias por las personas que participan conmigo en la misión que realizamos en Ciudad España. La iglesia debe estar presente en todo lo que transforme una sociedad en algo más justo y equitativo, donde todos nos miremos como la imagen del Dios de la vida, que nos respeta, valora y empodera en la realización de su reino en nosotros.

 

--Félix Emmanuel Baca Murillo, Ciudad España, Tegucigalpa, Honduras.


el Intérprete, mayo-junio, 2011