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Esperanza de vida

 

Por patricia Gandarillas


Mi nombre es Carmen Patricia Gandarilla, vengo sirviendo como pastora por más de 30 años y siempre plantando nuevos ministerios. En México, lo hice por 20 años y en Estados Unidos he servido por más de 10 años.


Foto por Patricia Gandarilla

Durante este tiempo, he trabajado con la iglesia metodista unida como pastora local. Un modelo con el cual me he identificado es el Plan Nacional para Ministerios Hispanos, que es una forma de hacer ministerio dentro de la comunidad hispano-latina. En México, trabajaba levantando nuevos ministerios por medio de células, grupos de estudio en hogares. Cuando llegué a los Estados Unidos, el contexto cambió totalmente, lo que dio paso en mi vida a una nueva forma de hacer ministerio a través del desarrollo de comunidades de fe.

Cómo se forma una comunidad de fe
Una comunidad de fe se forma por medio del proceso de ver, juzgar y actuar. El ver se refiere a un proceso de análisis. Aquí analizamos cuáles son los problemas que enfrentamos como comunidad y aprendemos a descubrir las causas de los problemas a través de una pregunta clave: ¿Por qué? Ver también exige escuchar lo que sienten los demás. Juzgar es el siguiente paso, donde tratamos de interpretar: ¿qué dice Dios respecto a los problemas que enfrentamos? Buscamos la respuesta tanto desde la perspectiva bíblica como de la de aquéllos que sufren la injusticia y la marginación. Es un proceso de discernimiento espiritual. Por último, viene el actuar. Aquí, el análisis global, el discernimiento, la reflexión bíblico-teológica y el crecimiento espiritual son orientados a la acción que se esfuerza por transformar la realidad. Esto produce la comunidad de fe.

Qué es una comunidad de fe
La comunidad de fe es un lugar donde se crea una agrupación de personas que son libres para participar. Allí siempre hay espacio para ser persona. Por encima de las ideas, los temas o principios está el sentir de las personas y el desarrollo y fortalecimiento de las relaciones humanas (amistad/compañerismo). La comunidad de fe busca la transformación de las personas y de la sociedad desde la perspectiva del reinado de Dios.


Patricia Gandarilla

Mi experiencia pastoral
Actualmente, soy directora de ministerios hispanos en el Distrito Missouri River, de la Conferencia de Nebraska. Tengo una pequeña comunidad de fe que establecí siguiendo los pasos del Plan Nacional. Se trata de una comunidad muy informal ubicada en un hogar donde todos los días llega gente nueva, jornaleros, jardineros, personas que trabajan en limpieza, en la cocina de restaurantes, carpinteros y constructores. Todos los días puedo escuchar a personas que no tienen voz ni presencia, compartiendo sus conflictos, sus necesidades y dolor.

De este lugar surgió un centro comunitario llamado "Esperanza de Vida". En este centro ha surgido un exitoso programa de niños. Actualmente, tenemos 75 niños que asisten a 8 semanas de Escuela Bíblica de Verano, un campamento para niños, HYLA Midwest y una comunidad llamada "Comunidad Cristiana", conectada con la iglesia de St. James, en Bellevue, Nebraska. Un nuevo ministerio llamado "Nueva Vida". Estas comunidades de fe, son resultado de una pequeña comunidad de fe informal. Siempre encuentro algo nuevo en el plan nacional y lo pongo en práctica, y Dios me ha bendecido.

Por la gracia de Dios, desde que llegué a los Estados Unidos en 1999, hemos establecido servicios de adoración regulares, estudios bíblicos, un programa de enseñanza de inglés como segundo idioma, un programa de tutoría después de la escuela y un grupo de Mujeres Metodistas Unidas. Recientemente, iniciamos dos comunidades de fe y realizamos los talleres de los módulos I, II y III del Plan Nacional para el Ministerio Hispano-Latino, a fin de crear un centro de formación de líderes. Le pido al Señor que nunca me permita olvidar de dónde me trajo y quién soy. Que siempre me permita escuchar la voz del necesitado y responder a ella, a través de ese llamado a servir.

Que Dios les bendiga.

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Programa de verano: Niños con Vida

El Centro Comunitario Esperanza de Vida ha surgido de nuestra comunidad de fe informal que se realiza en una reunión en el comedor de una casa sin un orden a seguir. Al ver la necesidad que tenía nuestra comunidad nos dimos a la tarea de hacer un plan y es allí donde surgió la idea de establecer un centro comunitario que lo llamamos "Esperanza de Vida".

El centro tiene la tarea de ayudar a cada persona que llega a los Estados Unidos sin conocer el idioma ni su forma de vida. La idea es ayudarlos a través de la educación: clases de inglés, computación, alfabetización y estudios bíblicos. Con el transcurso del tiempo, nos dimos cuenta de otra necesidad. Vimos que necesitábamos un programa para los niños que le proporcionara un lugar seguro. Así surgió "Niños con Vida". Este programa empezó el año pasado con escuela de verano y paseos a diferentes museos. Fue todo un éxito, con una asistencia promedio de 20 a 25 niños diariamente, llegando a tener 75 niños.

Al empezar este año, no había dinero para el programa. Empecé a orar que Dios que me guiara. Empecé a buscar voluntarios que estuvieran dispuesto a trabajar para este nuevo programa, los capacitamos y empecé a hablar con la comunidad de fe, el comité y las iglesias que quisieran ayudar. Una parte de la ayuda la puso la comunidad de fe, la otra parte personas en particular, y otra iglesias involucradas, para fines de mayo ya teníamos la mitad de lo que necesitamos y ya había 64 niños registrados.

El primer mes fue un éxito tremendo, empezaron a llegar muchos niños, y tuvimos que mover el programa al edificio de la IMU Grace. Los niños aprendieron a orar, cantar, jugar, compartir y sobre todo a tener un lugar seguro. Sus padres estaban tan contentos por todo lo que sus hijos hacían, logrando superar la asistencia promedio del año pasado a 50 niños por día. Para el de agosto, nuestro programa finalizó con un block party donde logramos reunir a los padres de familia, vecinos y amigos, con unas 200 personas asistentes. Recabamos fondos para sufragar los gastos de nuestro primer campamento de niños con un total de asistencia de 16.

Cada niño fue tocado por la gracia de Dios, y en su corazón llevan el recuerdo y la mejor experiencia de su vida. Me alegró tanto ver la sinceridad con que oraban, dando gracias a Dios por los alimentos o cuando cantaban con todo su corazón o cuando hacían drama personificando algún personaje bíblico. Creo que fue una gran bendición.


--Patricia Garandilla


el Intérprete, septiembre-octubre, 2011