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Enfrentando desafíos

Por Amanda M. Bachus


Toña Ríos es salvadoreña y ha vivido en los Estados Unidos por 31 años. Había trabajado en el desarrollo de una comunidad de fe en Pico Unión por nueve años, cuando empezó a asistir a la Iglesia Metodista Unida de Baldwin Park, una ciudad pequeña entre West Covina y El Monte, al Este de la metrópolis de Los Ángeles. Toña fue colaboradora laica en Pico Rivera, en un programa de desarrollo comunitario antes denominado "Adelante", y que ahora se llama "Shalom".

Antes de llegar a California, Toña formó parte de una comunidad de monjas católicas y sacerdotes jesuitas que, junto con el finado Arzobispo Oscar A. Romero, lucharon por la justicia en El Salvador. Llegó a Los Ángeles y se unió a la Conferencia California Pacífico en sus intentos por desarrollar nuevos ministerios hispanos. Después del inicio de su ministerio, en Pico Rivera, ella y su familia se mudaron hacia Baldwin Park.

¿Cómo empezaste en la IMU Baldwin Park?
En el año 2000, me fui a vivir a Baldwin Park, y a la semana de haberme mudado encontré una iglesia Metodista. No tuve que buscarla, pues la iglesia estaba allí. Yo era la que andaba un poquito "enredada". Me llamó la atención que la iglesia estuviese a punto de cerrar ese año. ¿Cómo es que una iglesia anglo iba a cerrarse? Era una iglesia donde la mayoría de sus miembros eran ancianos y con anglos que se mudaban fuera de allí. Una iglesia situada en una comunidad 75% hispana.


Toña Ríos: Foto por Amanda M. Bachus

Yo decía que la iglesia tenía que seguir abierta, no podía cerrarse porque hay una cantidad de hispanos en sus alrededores. Pero la iglesia anglo insistía en cerrar, eran pocos y su pastor iba a ser enviado de misionero a Singapur.

¿Qué pasó cuando el pastor se fue?
Allí iba a quedar un puesto vacante, un trabajo pastoral. Fue entonces que me presentaron el reto. Me dijeron, aquí hay un espacio para ti. A la verdad, yo no buscaba pero allí estaba el espacio, un tremendo reto. De ese modo, con la colaboración del ministerio hispano conferencial y la gente que conocía de la conferencia, acepté el reto y entré como trabajadora para desarrollo de la comunidad.

Aunque fui miembro de la iglesia por diez años, aún no era miembro oficial de la Iglesia Metodista Unida. Entonces, lo primero que hice fue pedir membresía en la iglesia. Me recibieron como miembro a la semana que llegué. Me admiré de la rapidez con que lo hicieron. ¡Ah! fue difícil a un comienzo, porque la iglesia es angla y yo no hablaba muy bien el inglés.

Ese fue el primer paso y así empecé. También me sugirieron que tomara los Cursos de Estudio (COS) en el Seminario Teológico de Claremont. Entonces dije, bueno es una oportunidad para aprender y ver qué pasa. Tome los cursos de estudio y saqué la licencia como Pastora Local. Sigo estudiando, pues eso no se acaba, todavía necesito los cursos avanzados y estoy en el proceso de ordenación.

¿Qué cambios has notado desde que llegaste?
Aunque la obra en sí no ha crecido mucho en Baldwin Park, creo que ha progresado si se le compara con lo que había antes. Creo que le hemos dado un vuelco, especialmente en la comunidad hispana.

Ha sido, de veras, un trabajo muy duro dar a conocer a la Iglesia Metodista Unida en Baldwin Park. Al principio, la gente no sabía que nuestra iglesia era una iglesia. Pensaban que era una biblioteca o un museo. Cuando la gente llegaba decía, "Oh, este es un museo". Porque no tenía un letrero y apenas se veía una crucecita pequeña debajo de un árbol grandísimo. Yo les tenía que decir: "No es un museo, es la Iglesia Metodista Unida". Ahora ya tenemos un letrero. Poco a poco, con la ayuda de Dios, el apoyo de la comunidad y de algunos de nosotros, se han hecho cambios.

Dices que has conseguido acercarte a la comunidad ¿cómo lo hiciste?
Tocando puertas y tocando puertas. Empecé a tocar puertas, y la gente me abría. Me decían, "este hogar es católico"; y yo les contestaba: "Que bueno, no me espanta pues yo vengo de una tradición católica". Sin embargo, no entrábamos en conflicto. Simplemente les preguntaba qué bueno que ustedes son católicos. ¿Van a misa los domingos o no? A veces contestaban que no. ¡Pero cómo! Yo les decía. Y por allí llevábamos la situación, seguíamos la conversación y después les invitaba a venir a la iglesia. Inclusive, participamos en un servicio unido entre católicos y protestantes. Nosotros participamos con el coro de niños y a veces me invitan a que haga una reflexión.

En esa reflexión lo que yo pienso que se logra es que, primero, la gente entienda las diferencias. La otra es dar a conocer a Dios porque la gente sabe de Dios, pero no conoce a Dios. Han oído hablar de Dios y que Dios es bueno y que Cristo salva, pero no lo conocen. Entonces, en esa reflexión trato de que la gente conozca a Cristo y que lo busque. Porque una cosa es conocerlo y otra buscarlo, seguirlo.

Cuéntame un poco de los ministerios de tu iglesia y de las nuevas actividades. 
Tenemos ministerios para niños y niñas de todas las edades. Ahora tenemos el grupo coral de niños, ellos tienen también un líder juvenil, una mujer griega, no habla español, pero allí la tenemos y está cantando en español y está trabajando con los niños. También contamos con un grupo de 25 jóvenes, 18 jóvenes activos. Tienen su reunión los miércoles de 6 a 7 de la noche. Hemos logrado que un líder juvenil se interese por el ministerio. Es un joven muy activo, muy dinámico y lo estamos tratando de involucrar en más cosas.

Tenemos programas comunitarios como la clase de aeróbica. Comenzamos con dos personas, dos días a la semana, ahora somos 65 en esa clase y damos 5 días a la semana. Este grupo de aeróbicos es interesante. Primero, porque las mujeres vienen buscando hacer ejercicio para bajar de peso. Mientras yo estoy haciendo aeróbica converso con ellas, les digo, "aquí no venimos solo a bajar de peso, hacer compañerismo, para conocernos, para saber si hay algunas situaciones que nos podemos ayudar unas con otras y también para dar gracias a Dios porque tenemos un espacio donde compartir". Empezamos y a veces terminamos con una oración.

Luego sus niños participan, por ejemplo, en la escuela bíblica de vacaciones que la tengo en el mes de julio. Cuando empecé, la tenía por una semana, ahora la tengo por un mes. Todo el mes entre julio y agosto, dependiendo de cómo sean las clases. Y cerramos con una celebración juntos. Los invito, ellos no son de la iglesia, no son metodistas, pero los invito a participar esos domingos juntos, porque se les da los certificados a los niños porque los niños han hecho trabajo durante un mes y los niños son los que presentan. Yo me siento y los niños son los que hacen el trabajo. Y los padres colaboran en la comida y el desarrollo de todo eso.

¿Ha sido fácil organizar todas estas actividades?
Hemos visto el crecimiento. Pero no es fácil. De alguna manera o de otra, es difícil. Hay momentos en que queremos salirnos y volver para atrás. Yo he tenido momentos así donde solo quiero decir ya basta, y quiero tirar la toalla. También, a veces me pregunto. ¿Por qué yo tengo que estar en esto? Pero de repente sale algo que me dice que no es lo mismo irte para atrás, o caminar hacia atrás. Entonces me animo y digo, en vez retroceder por qué no seguir adelante. Y así veo yo a la comunidad.



--Amanda M. Bachus entrevista a Toña Ríos, pastora de Baldwin Park UMC, Los Angeles, California.
 

el Intérprete, enero-febrero, 2011