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En el ínterin de los acontecimientos de la Semana Santa

 

Por Juan G. Feliciano-Valera

Texto: Mateo 21:1-11

Introducción.
Los discípulos de Jesucristo estamos hoy en el ínterin de los acontecimientos. Se nos invita a reflexionar sobre la Semana Santa, la Semana Mayor, la última semana de Jesús en la tierra, antes de su resurrección e investidura como El Mesías, El Ungido, El Cristo de la Gloria. Es una oportunidad que se nos concede de reflexionar como familia de Dios, como hermanos y hermanas que tenemos un mismo Padre y que somos hermanados por la misma Sangre; Sangre Preciosa del Cordero de Dios que fue inmolado, sacrificado para darnos Vida Abundante, para traernos "Zoé," es decir, Vida Plena, Esperanza Viva, Paz en nuestras almas, el "Shalom" del Señor.


Rdo. Dr. Juan G. Feliciano-Valera

Allí nos encontramos en demasiadas ocasiones. Enfermedades, médicos, hospitales, muertes, despedidas, violencia, desavenencias, despidos, interrogantes. Pero, nosotros(as) conocemos el final de la historia de la Semana Santa. No terminó "el Viernes," sino que allí comenzó el Principio del Final. Es decir, allí triunfó la esperanza, la paz, el amor, la Salud, la Plenitud de la Gracia de Dios para todas aquellas y aquellos que pueden creerle a Dios.

Llamado. No podemos quedarnos en el Sábado Santo, nosotros(as) conocemos el final de la historia de la Semana Santa. No podemos quedarnos en el ínterin de los acontecimientos. No podemos quedarnos en el clamor, tenemos que escuchar la respuesta de Dios. No podemos quedarnos en la enfermedad, tenemos que pasar a recibir la Sanidad Divina, la Voluntad de Dios. No podemos quedarnos en el valle de los huesos secos, tenemos que recibir la abundancia del Espíritu de Vida que nos da el Señor. No podemos quedarnos en la tumba fría del amigo de Jesús, Lázaro; tenemos que salir al escuchar Su Voz llamándonos por nuestro nombre. No podemos quedarnos estáticos delante del Mar Rojo, tenemos que marchar en la confianza de que el que nos invita, va con nosotros(as). No podemos quedarnos en el Sábado Santo, tenemos que amanecer al Domingo de la Resurrección.

No podemos quedarnos en el ínterin de los acontecimientos. Podemos pasar adentro, al lugar Santísimo, a la misma Presencia de Dios y sentarnos en Su Regazo y susurrarle al oído: "Padre, en Tus Manos encomiendo mi camino, mi existencia, mi ser, aquí y ahora."

Se nos ha invitado a reflexionar en preparación para La Semana Santa. Caminemos triunfantes con Jesús a Jerusalén, anticipando la traición, la muerte y su pasión. No nos quedemos afuera, entremos al ruedo con el Señor. NO hay que preocuparse, ¡El Señor Resucitó! ¡Venció por y para nosotros(as)! Aceptemos el reto: cuando se ponga duro el camino, hagamos una pausa para La Gracia de Dios. Dios siempre anda buscando maneras de alcanzarnos con Su Amor y susurrarnos al oído: "Yo te amo, hija mía; hijo mío. Yo estoy contigo, a donde quiera que tú vayas, Yo voy contigo. Confía en Mi." ¿Cómo responderemos este año?


--Por el Rdo. Dr. Juan G. Feliciano-Valera

el Intérprete Online, marzo-abril, 2012