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El Plan de Rosita

 

Por Rosita Mayorga


¡Una iglesia vibrante, creciente y dinámica y que adora a Dios! Me impresioné con esa visión del plan. Igualmente con su método de enseñanza: Acción, reflexión acción&ellipsis; Ver, juzgar, actuar. Apenas empezaba a conocer sobre el Plan Nacional para el Ministerio Hispano-Latino y, aunque todo era nuevo para mí, tenía sentido.

Fue a principios del año 1995 que tuve la oportunidad de participar de un taller de capacitación del Plan Nacional para desarrollar ministerios hispano-latinos, llamado Módulo I, que se daba en el Seminario Teológico Garrett. Era la primera vez que participaba de un taller del Plan Nacional. Allí tuve la oportunidad de conocer a la Rda. Cristian de la Rosa, al Rdo. Saúl Trinidad y a Marigene Chamberlain, quienes fueron los facilitadores. La experiencia fue maravillosa. A partir de esa fecha, creí en el Plan Nacional para Ministerios Hispano-Latinos. Simplemente ¡me enamoré del plan!

Quedé impresionada con la sencillez y la pasión con que los facilitadores compartían sus experiencias y hacían trabajar en equipo a un grupo de 30 participantes. Ahí no había reverendos, todos éramos iguales. Era un ambiente de hermandad, compañerismo y respeto, y todas las opiniones eran escuchadas con atención.


Rosita Mayorga

Regresé muy entusiasmada, con muchas ideas de cómo alcanzar a la comunidad. Mi esposo, el Rdo. Jorge Luis Mayorga, había sido nombrado como pastor local, para desarrollar un ministerio hispano en la ciudad de Lake Geneva, Wisconsin. Ya contábamos con la asistencia de unas veinticinco personas a los servicios en español. Estaba muy feliz porque sabía que ahora iba a poder ayudarlo para que creciera el ministerio, poniendo en práctica lo que había aprendido. Las 3 hermanas que me acompañaron al Módulo I estaban igualmente entusiasmadas, de manera que compartimos nuestra experiencia con nuestro pastor que se puso muy contento.

Empezamos visitando hogares
Unos meses más tarde, nos invitaron a ir a orar a un hogar en Delavan, un pueblo a unas 12 millas de Lake Geneva. El padre de familia había sufrido un accidente que lo había dejado prostrado en cama, con fracturas y dos piernas amputadas. El cuadro era dramático y triste, pero ahí estuvimos acompañando a la familia Manríquez, compartiendo palabras de fe y esperanza. A partir de ese momento, el hogar se abrió para permitirnos tener reuniones cada dos semanas, convirtiéndose así en nuestra primera comunidad de fe.

Más adelante, fuimos invitados a visitar a otra familia, donde también nos pidieron que los visitáramos para orar y hablarles de la Palabra de Dios. Les gustaba el hecho de que eran reuniones informales, sin un orden específico, lo que les permitía expresarse y ser escuchados. Me sentía tocada por los testimonios y venía a mi mente San Marcos 6:34, donde se dice que Jesús tuvo compasión de la gente "porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas". Compramos Biblias y empezamos a repartirlas, todavía recuerdo con emoción la gratitud con que la recibían, porque para la mayoría era su primera Biblia.

Poco a poco se abrían más hogares para recibir la Palabra de Dios. Después de nuestro servicio de adoración en Lake Geneva, un grupo de unas 8 personas, incluyendo nuestro pastor, íbamos a Delavan a reunirnos en los hogares.

El Plan Nacional daba frutos
Después de estar por un año visitando los hogares, en 1996, la hermana Carmen (matriarca de la primera casa que visitamos) nos dijo: Oigan ya que vienen acá, ¿por qué no nos reunimos en la Iglesia Metodista que está aquí en el pueblo? Para ese momento, ya estábamos en conversación, mi esposo y yo, con el pastor de la IMU de Delavan, el Rdo. Edward Johnson, quien estaba más que gozoso de recibirnos para que compartiéramos las dependencias y desarrolláramos el ministerio hispano.

¡Dios estaba abriendo puertas, y eso nos daba ánimo para seguir adelante con Su proyecto! Nos comenzamos a reunir en la capilla, ya que el grupo era pequeño. Nos reunimos allí por un año. En 1997, el grupo creció y nos movimos al santuario. A partir de ahí, planificamos los servicios para el mediodía, así que ya nadie pudo acompañarme, a excepción de mi amiga Gloria Miranda. Me quedé en Delavan como Misionera Laica dirigiendo al grupo. Mi esposo venía y oficiaba los sacramentos cada primer domingo de mes.

Puesto que estaba trabajando como voluntaria, había llegado el momento de dedicarme a ministrar a tiempo completo al grupo que se reunía para adorar a Dios. Hacia traducciones de actas de nacimiento, llenaba solicitudes de inmigración. Como no había transporte público, llevaba a las personas que lo necesitaban a citas médicas, ya fueran al médico o al hospital, a entrevistas de inmigración, a consultar abogados etc. Los módulos I y II me enseñaron que el reinado de Dios se hace presente en obras de misericordia y justicia y que el evangelio es integral; se interesa por el alma pero también por el cuerpo físico.

Dios me había llamado a ser pastora
En consecuencia, en 1992 comencé a tomar el Curso de Estudios para Pastores Locales. Ya me faltaba poco para graduarme y era candidata certificada al ministerio. De manera que, el 1 de septiembre de 1998, fui nombrada pastora local a tiempo completo. Me maravillaba de la manera en que Dios obraba y de cómo su presencia estaba conmigo. Entendí que Dios a quien llama respalda y que a los humanos sólo nos corresponde prepararnos de la mejor manera posible. ¡Gloria a Dios!

En un término de ocho años, desde Lake Geneva hasta Whitewater, habíamos alcanzado con el evangelio de Jesucristo a tres comunidades. Un hermano de Vida Abundante dio este testimonio: "Cambié la botella por una Biblia y mi vida fue transformada". La gloria sea para Dios, estas tres congregaciones, aun con sus luchas, continúan creciendo y proclamando la buena noticia del evangelio.

Siempre llevo el Plan Nacional en mi corazón
Durante quince años he colaborado con el plan como facilitadora y con la Junta General de Discipulado como consultora. Mi esposo y yo lo hemos promovido en nuestra conferencia. Logramos que se formara el Comité Conferencial para Ministerios Hispanos como comité independiente. También formamos el Instituto AHLMA (Adiestrando a Hispano-Latinos en América), el cual tuve el privilegio de dirigir por algunos años. El compromiso de AHLMA ha sido capacitar al laicado, empoderarlo a través de los módulos, para que vayan y sirvan a Dios y al pueblo hispano, estableciendo comunidades de fe. En la actualidad, tenemos tres nuevos ministerios que han sido levantados siguiendo las directrices del Plan Nacional. Esto ha sido productivo, pues la mayoría de misioneros y misioneras laicas, siguiendo el proceso requerido, son ahora pastoras y pastores locales.

A nuestros servicios asistían migrantes temporeros que venían a trabajar a las granjas y empacadoras de verduras, así como personas que venían de otra ciudad, Whitewater. En el invierno, aunque solo a unos veinticinco minutos, se les hacía difícil asistir a los servicios de "Vida Abundante" (así nombramos nuestra misión). De manera que, surgió la idea de empezar servicios de adoración en Whitewater. La Iglesia Metodista Unida del lugar nos abrió sus puertas. Mi amiga Gloria, que siempre había soñado con ser misionera y para este tiempo ya había tomado los Módulos I y II, quedó al frente de esta nueva comunidad de fe. Durante la semana, Gloria visita los hogares, sirviendo a las familias en lo que le sea posible. Como el primer modelo tuvo éxito, lo pusimos en práctica una vez más. Después de nuestro servicio de adoración en Vida Abundante, nos íbamos a apoyar el servicio que se llevaba a cabo en Whitewater a las 4:00 p.m. Llevábamos nuestros instrumentos y nuestros músicos tocaban. Así se fortaleció la comunidad de fe. La superintendente logró que Gloria fuera nombrada pastora local a medio tiempo.

Con la aprobación del Gabinete en el Proceso de Movilización Congregacional (PMC), la Conferencia de Wisconsin apoyó este proyecto que sabemos está siendo de mucha bendición para nuestras congregaciones en Wisconsin. Por esto, damos gracias a nuestra Obispa Linda Lee y al superintendente, Rdo. Jorge Luis Mayorga. Este proceso nos está ayudando a implementar nuevos paradigmas en nuestras congregaciones, para salir del marco tradicional de ser iglesia, a través de una visión nueva. Hemos tenido retiros pastorales y de grupos de pacto (grupos de cinco a ocho líderes de cada congregación). En los retiros con grupos de pacto contamos con la participación de ciento veinte personas y de verdad que sentimos la gloria de Dios. Se logró motivar aún más al laicado. Con la ayuda de Dios esperamos muy pronto ver la cosecha del PMC.

Finalmente, doy gracias a Dios por mis maestros y maestras del Curso de Estudios, a las facilitadoras y facilitadores del Plan Nacional y, en especial, al Rdo. Saúl Trinidad, del cual he aprendido muchísimo a cómo internalizar el plan, porque el plan soy yo. El Plan no muere porque lo llevo dentro de mí para seguir implementándolo donde quiera que Dios me lleve, lo que he aprendido, nadie me lo quita. En nuestra amada IMU nunca se deja de estudiar, por lo cual quiero dar gracias al Rdo. Saúl Espino y a la Junta de Educación Superior y Ministerio por darme la oportunidad de ser estudiante del Programa de Bachillerato en Teología de la Universidad Bíblica Latinoamericana, de donde, con la ayuda de Dios, tengo la meta de graduarme el próximo año.


--Rosita Mayorga


el Intérprete, septiembre-octubre, 2011