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El ministerio pastoral y las redadas

Por Aquiles Martínez


Muchos de nosotros hemos sido testigos de las crecientes cruzadas por buscar, arrestar, encarcelar y deportar a quienes han cruzado la frontera ilegalmente o que, después de haber entrado legalmente a este país, se han quedado aquí por más tiempo de lo permitido por la visa y han decidido hacer de este país su hogar.

¿Dónde está la defensa de los derechos humanos que supuestamente nuestro país defiende?

Es cierto que es razonable aplicar todo el peso de la ley en contra de los inmigrantes que realmente han cometido crímenes dentro del país. ¿Pero qué de aquellos que han venido a este país para poder sostener a sus familias, porque la pobreza y la corrupción de sus países de origen no les dejan otra opción? ¿Qué diremos de las familias que han sido desintegradas y afectadas económica y emocionalmente por los encarcelamientos y las deportaciones de los padres, particularmente las familias con hijos nacidos en este país? ¿Quién vela por el bienestar de los niños? ¿Cómo reaccionar ante los muchos casos de inmigrantes a quienes se les ha negado sus derechos constitucionales y que han sido abusados por agentes de la policía e de inmigración? ¿Dónde está la defensa de los derechos humanos que supuestamente nuestro país defiende? ¿Por qué es que el Gobierno Federal se empecina en abordar la problemática migratoria tan sólo creando y aplicando leyes más severas, ignorando la complejidad del asunto? ¿Es que no se dan cuenta de que las redadas crean más dependencia de la ayuda del gobierno, hacen daño a los niños (muchos de ellos ciudadanos estadounidenses), contribuyen a que la gente no reporte a las autoridades los verdaderos crímenes y no solucionan nada?

Ante el inevitable incremento de las deportaciones y las secuelas negativas para millones de familias, el liderazgo de nuestras iglesias no puede quedarse de brazos cruzados o conformarse con espiritualizar a la fe. El Jesús que se hace presente en las vidas de los pobres, los extranjeros y los encarcelados, espera nuestra solidaridad con los que sufren sin importar su condición migratoria (Mateo 25.31-46).

¿Qué hacer ante esta situación que ha de empeorar? ¿De qué manera podemos caminar con las mujeres y niños afectados por las redadas, mientras nuestro gobierno no logra sentar las bases para la creación de una reforma migratoria integral? Quizá las siguientes sugerencias nos estimulen a dar los primeros pasos en busca de una solución práctica e inmediata a algunos desafíos generados por las redadas:

  • Aparte un momento durante la semana, no sólo para orar personalmente y con la iglesia sobre el asunto, sino también para educarse sobre el tema migratorio, particularmente sobre las propuestas de ley y las redadas que se llevan a cabo en su estado.


Un pastor o pastora desinformada, pasiva y simplista contribuye indirectamente a empeorar el problema que afecta a muchos hogares.

  • Estudie estos temas desde varios puntos de vista, ya que es un asunto multidimensional y complejo. Un pastor o pastora desinformada, pasiva y simplista contribuye indirectamente a empeorar el problema que afecta a muchos hogares.
     
  • Ofrezca sus servicios pastorales a las organizaciones de base y participe en sus actividades. Su congregación debe involucrarse también. La mejor manera de promover participación es el ejemplo. Servir detrás del telón es tan importante como proveer liderazgo. No siempre debemos estar a cargo o ser la voz cantante.
     
  • Entérese y ayude a diseminar información que proteja a las personas que corren el riesgo de ser arrestadas y deportadas, al igual que a sus familiares. Por ejemplo, su congregación pudiera ayudar a repartir folletos que hablan sobre estos temas u organizar foros informativos. Hoy día contamos con muchos recursos bilingües que informan a las personas que no tienen documentos sobre sus derechos constitucionales y sobre qué hacer antes y después de las redadas. Entre otros, podemos mencionar los derechos a permanecer callados, no dejarse intimidar, solicitar los servicios de un abogado, no firmar ningún documento que no se entienda, pedir fianza y mantener la puerta de la casa cerrada a menos que los agentes muestren una orden de cateo. También hay recursos que dan consejos prácticos a las familias afectadas en cuanto a cómo localizar a un familiar detenido y qué tipo de información debe tenerse a la mano.
     
  • Atrévase a predicar sobre la migración, la hospitalidad, la justicia, el amor al prójimo, las leyes y la función del gobierno, el tratamiento de los extranjeros, etc. Es muy curioso que muchos pastores no hayan hecho de esto una prioridad en su ministerio. No hay excusa para tal omisión.
     
  • Sirva de intermediario entre los reclusos y sus familias, ya que las familias no podrán ir a visitarlos. Después de contactar al capellán encargado de la prisión y ponerse al tanto de los requisitos y horario de visitas, contacte a pastores para hacer una lista de los que estén disponibles para participar en este ministerio.
     
  • Visite a las familias afectadas y haga lo posible por atender a sus necesidades más básicas. Ayúdeles a tomar decisiones realistas, tomando en cuenta las opciones y riesgos de cada una de ellas. Nuestro rol es el de acompañarles en estos momentos de enojo, tristeza, confusión y desespero.
     
  • Haga lo posible por ayudar a que las familias en alto riesgo tengan un plan de emergencia para cuidar de los niños cuando sus padres sean encarcelados o deportados. Este plan de emergencia es tan importante como la elaboración de un poder legal que autorice a un amigo o familiar para tener custodia temporal de los niños.
     
  • Contacte a los consulados de nuestros países latinos e infórmese sobre los recursos para ayudar a nuestra gente, en caso de que las familias tengan que regresar a sus países o necesiten ayuda legal o económica.
     
  • Tenga una lista de abogados comprometidos a los cuales los detenidos y sus familias puedan acudir en caso de una emergencia. La triste realidad es que, una vez aprendidos, la gran mayoría de las personas sin documentos no tienen posibilidades de ajustar su estado migratorio. Por supuesto, hay excepciones a la regla. El abogado debe tener la integridad para decirles si tienen posibilidades o no.
     
  • Informe a las organizaciones de derechos humanos sobre los abusos cometidos en contra de los inmigrantes. Abusos son la violencia física, impedir que el detenido hable con un abogado, obligarlo a hablar, entrar a una casa a la fuerza, proporcionar información falsa e intimidar psicológica y emocionalmente. Las injusticias deben hacerse públicas a través de los medios de comunicación, tanto en inglés como en español. Esto es parte del ministerio profético que debe caracterizar la tarea pastoral.


Atrévase a predicar sobre la migración, la hospitalidad, la justicia, el amor al prójimo . . .

  • Provea soluciones prácticas como organizar cooperativas para ayudar a los miembros a pagar gastos de abogados, multas por conducir sin licencia, manutención temporal de familias desamparadas y niñeras que han de supervisar a los niños que quedan abandonados. Para personas que no tengan licencias, se pueden hacer arreglos de transporte en base a tarifas módicas.
     
  • Finalmente, considere seriamente apoyar el "Movimiento Santuario", el cual ofrece asilo en iglesias a miembros de familias que urgentemente precisan de una mano amiga pues enfrentan deportación.


--Aquiles Martínez, profesor asociado de religión en Reinhardt College, Georgia

el Intérprete, septiembre-octubre, 2008

Artículo preparado para la Junta General de Discipulado