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El ministerio integral de una clériga hispana

Por Patricia Bonilla


Es difícil hablar de la realidad de la comunidad latina de los Estados Unidos que es tan multifacética y única. De modo que, me siento obligada a hablar sólo de mi realidad, e incluso esto está limitado por lentes borrosos.

Primero, soy una candidata certificada al ministerio de diacona en la Conferencia Illinois Norte de la Iglesia Metodista Unida. He estado en el ministerio oficialmente por cuatro años, mayormente en el medio-oeste, en las localidades Little Village y Pilsen, donde se concentra la cantidad más grande de latinos. He trabajado mayormente con niños, pero todos sabemos que no podemos encajonar nuestros ministerios porque la realidad no es así. Toda vez que nos involucramos en el ministerio nos encontramos cumpliendo roles que no pensábamos serían parte de nuestro ministerio, tales como asistente social, defensora de la prevención de la violencia, consejera de violencia doméstica, promotora de una reforma al sistema de inmigración, directora espiritual, pastora, promotora de justicia social&ellipsis; y incluso profetiza, presbítera, diacona u obispa.

En el ministerio no podemos tener miedo de hablar por aquellos que han sido excluidos de la sociedad, aquellos que no han tenido la oportunidad de vivir una vida digna, que han sido llamados extranjeros ilegales, inmigrantes indocumentados y hasta criminales. Son más bien hijos de Dios que buscan sostener a sus familias, trabajar duro para ganarse el pan, ver crecer a sus hijos e hijas con oportunidades y fe, sobretodo fe.

Me empecé a involucrar en la vida de la iglesia durante mis estudios en la universidad. Trabajé para una organización sin fines de lucro que se dedicaba a la abogacía a favor de la justicia social en Chicago e internacionalmente, mayormente en América Latina. Llegué a conocer pastores, rabinos, y laicos con una gran pasión por buscar justicia para quienes han sido abusados, abandonados y marginalizados.

Sentí el llamado a ser parte de la Iglesia Metodista Unida, a sus principios sociales y a su misión. Pero pronto me di cuenta que la iglesia también necesitaba cambiar. De modo que, había que trabajar en asuntos de justicia social en la iglesia y en la sociedad.

¿Cuál es el papel de la Iglesia Metodista Unida en la sociedad? ¿Seremos una voz profética que aboga por la justicia? No basta predicar en nuestra iglesia local sobre amar al prójimo, cuando nuestro prójimo toca a nuestra puerta perseguido por el Departamento de Seguridad Nacional y el ICE que amenaza separar a las familias de los indocumentados.

Debemos levantar una voz profética en el medio de disposiciones que criminalizan a las futuras madres indocumentadas por buscar atención médica pre-natal o políticas que exigen que la gente presente su número de seguro social para obtener servicios de gas y electricidad para sus hogares. ¿Cuál es el papel de la Iglesia Metodista Unida en la lucha por una reforma a la ley de inmigración y a favor de la dignidad humana?

Algo está mal con nuestra visión del reino, cuando se ataca a todo un grupo de gente, se le deshumaniza y persigue. No afecta sólo a un grupo de gente sino a todos nosotros, porque estamos juntos en el ministerio. Como comunidad de Dios nos corresponde cuidar unos de otros en la comunidad y levantar la voz cuando nuestros hermanos y hermanas están siendo perseguidos. Pero no basta hablar, hay que actuar. Todos en la Iglesia Metodista Unida deben actuar para determinar las políticas, leyes y procedimientos que respeten la dignidad de todo el pueblo de Dios. Debemos abogar por una reforma al sistema de inmigración dentro de las iglesias, dentro de nuestras conferencias y en la Conferencia General.


-- Patricia Bonilla

el Intérprete, julio-agosto, 2008