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El desafío de la iglesia cristiana en el tercer milenio

Por Rey Díaz


Desde su origen hasta el presente siglo, distintos grupos han desafiado a la Iglesia Cristiana respecto a seguir el evangelio o vivir sumergida en el declive de las corrientes filosóficas y religiosas contrarias a la palabra de Dios.

El Nuevo Testamento es la labor apostólica en defensa de la fe cristiana en el primer siglo. Varias de las doctrinas de la iglesia continúan siendo desafiadas todavía hoy.

Una lectura breve de los escritos del Nuevo Testamento nos indica, con toda claridad, la lucha de los primeros cristianos por distinguirse de las otras sectas judías del tiempo de Jesús.

Esta lucha se extendió a medida que los seguidores de Jesús expandían el mensaje hacia otros territorios y culturas, adversas a las demandas del evangelio de Jesucristo. Es muy sabido que las enseñanzas de Jesús fueron probadas en su mismo territorio, entre la adversidad religiosa más hostil que un nuevo grupo haya podido enfrentar jamás.

Esta adversidad religiosa contribuye al desarrollo de la nueva comunidad, bautizada como los del "camino", pero que más tarde fueron reconocidos en Antioquia, con el nombre de cristianos, por vivir apegados a las doctrinas y prácticas de su fundador, Jesucristo.

El mundo de ese entonces era muy pluralista. Estaba plegado de sectas y religiones de una variedad enorme.

Se añadía, además a todo esto, las creencias de la mitología de los griegos y la cultura filosófica helenística que competían a la par con el judaísmo clásico, así como también con otras religiones; especialmente si estas religiones entraban en pugna con los ritos y creencias ya establecidos y aceptados por la cultura dominante greco-romana.

El cristianismo fue visto como una secta más, salida de entre el judaísmo. En los evangelios, notamos los ataques de los fariseos, intérpretes de la ley y los saduceos, entre otros, para hacer caer a Jesús en una de sus trampas doctrinales.

Ejemplo de todo esto son las preguntas sobre si era lícito dar tributo al César, sobre la resurrección de los muertos, sobre sanar a un enfermo en el día sábado, o comer sin lavarse las manos.

Pero Jesús no cedió ni por un instante, sino respondió a aquellos que eran adversos a su doctrina y práctica. Las clásicas respuestas de Jesús ante las torpezas espirituales de sus adversarios quedaron registradas en las páginas de los evangelios.

"Denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt. 22:21); "¡Es que desconocen las Escrituras y el poder de Dios! Cuando resuciten los muertos, no se casarán ni serán dados en casamiento...; Él no es Dios de muertos, sino de vivos. ¡Ustedes andan muy equivocados!" (Mr. 12:24-27). Véase también Mateo 22:42-45 y Marcos 12: 28-34.

Estas luchas de Jesús y, después de su resurrección, de la comunidad apostólica muestran que quienes disentían de sus doctrinas y prácticas continuaron por muchos años tratando de hacer cambiar de parecer a los seguidores de Jesús.

De igual forma, aun en el día de hoy existen grupos, desde dentro y fuera de la iglesia, que luchan por minimizar el trabajo efectivo del cuerpo de Cristo y transformar los lugares de reunión en museos históricos, como sucede actualmente en Europa.

Las corrientes filosóficas del pasado se mantienen vivas en nuestra época, expresadas en distintas formas y con nuevos matices, pero su objetivo sigue siendo el mismo disminuir la fe cristiana y reducirla a un sistema inoperante.

Los discípulos de Jesús prefirieron el martirio antes de claudicar sobre su fe y sus valores espirituales. Al sanedrín tuvieron que decirle: "¿Es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en vez de obedecerlo a él? ¡Júzguenlo ustedes mismos! Nosotros no podemos dejar de hablar de los que hemos visto y oído" (Hch. 4:19s.). Fue entonces cuando el venerable Gamaliel habló, e hizo entrar en cordura a quienes estaban luchando contra Dios: "Si lo que se proponen y hacen es de origen humano, fracasará; pero si es de Dios, no podrán destruirlos, y ustedes se encontrarán luchando contra Dios" (Hch. 5:38s.).

El problema de hoy es que deseamos estar políticamente correctos en lo que decimos y hacemos. Nadie quiere ser rechazado por proclamar la palabra. Con frecuencia no queremos predicar sobre aquellos puntos controversiales contenidos en la palabra de Dios.

Muchos seminarios se han convertido en cementerios incapaces de impartir las doctrinas básicas de la fe cristiana para que los líderes que egresan puedan producir Comunidades de Fe donde la gente es llamada, nutrida y luego enviada al mundo para hacer discípulos de Jesucristo. Muchos de los hombres y mujeres que salen de los seminarios, son incapaces de articular las doctrinas básicas de la fe cristiana.

Los discípulos contendieron ardientemente por la fe que habían recibido de parte del Señor Jesucristo. Formaron iglesias en casas de familias, y en estas comunidades de fe instruyeron a los fieles en todo el consejo de Dios, para que los hombres y las mujeres que pertenecían a esos hogares fueran personas bien instruidas en la fe.

Estos apóstoles profetizaron sobre el carácter de los seres humanos en los postreros tiempos. Dijeron que vendrían hombres y mujeres amadores de sí mismos, enseñando doctrinas de demonios para apartar de la verdad a los fieles (véase 1Timoteo 4:1; 2 Timoteo 4:4).

El apóstol San Pedro dice a los cristianos del primer siglo: "Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes" (1 Pedro 3:15).

Pedro llama a los cristianos a estar sujetos a la palabra de Dios, solo así podemos santificar a Dios en nuestros corazones. Además, nos invita a estar preparados para responder a todo el que nos demande la razón de la esperanza que hay en nosotros.

En muchos casos, en vez de estar preparados para responder, lo que hemos hecho es claudicar la fe y aceptar prácticas y creencias contrarias al evangelio. En este estado de cosas, la iglesia es transformada por el mundo, en vez de la iglesia contribuir con la transformación del mundo.

Juan Wesley, fundador del metodismo, se caracterizó por ser el hombre de un solo libro. Sus enseñanzas estaban saturadas de la palabra de Dios.

En verdad, Wesley tuvo que pasar por la experiencia transformadora de Aldersgate, donde fue renovado por el Espíritu Santo, antes que pudiera ser usado por Dios para producir el avivamiento del metodismo en Inglaterra, Irlanda, Estados Unidos y otros países.

Si la Iglesia ha de producir un cambio social y espiritual al mundo, esa iglesia ha de estar saturada del Espíritu Santo y de la palabra de Dios. Sembrar dudas al proclamar la palabra de Dios sólo contribuye a una cosecha pobre debido a la falta de conocimiento de la palabra de Dios en la feligresía militante hoy.

La ley de la siembra y la cosecha nos dice claramente que todo aquel que siembra escasamente, también segara escasamente. No se puede sembrar escasamente y esperar una gran cosecha. A pesar de todo, la promesa bíblica es que la palabra de Dios no volverá vacía, siempre trae resultados, y si hemos de hacer crecer la iglesia de hoy, tenemos que regresar a las Escrituras.

Ahora bien, nuestro desafío como Iglesia Metodista Unida es ser fiel al llamado de Dios en el tercer milenio y para esto tenemos que reencontrarnos con el mensaje transformador que la Biblia nos ofrece a todos.

Bien dice San Pablo: "Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta" (Romanos 12:1-2).

Finalmente, solo el estudio bíblico, bajo la dirección del Espíritu Santo, puede conducirnos a ser transformados a través de la renovación del entendimiento para que podamos comprobar cuál es la buena voluntad de Dios para el presente.

Actualmente la iglesia enfrenta el desafío de tener que decidir entre ser influenciada por las corrientes filosóficas del mundo o ser saturadas del Espíritu y la palabra de Dios. Se hace imperativo tomar una decisión entre si vamos a ser de Cristo o no ser de Cristo.


--El Rdo. Dr. Rey Díaz es pastor de la Iglesia Metodista Unida en los Estados Unidos y enseña en el Curso de Estudios, del Seminario Evangélico de Garrett, en Evanston, Illinois.


el Intérprete, marzo-abril, 2011