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Descubriendo líderes

Por Juan Quintanilla

Los laicos han jugado un papel muy importante desde los inicios de la iglesia cristiana. Por ejemplo, el Libro de Hechos nos habla de cómo se levantaron líderes cuando se presentó una crisis en el cuidado pastoral de la comunidad. Las viudas de los griegos, que ya eran parte de la nueva comunidad cristiana, eran descuidadas a favor de las viudas de los judíos. Esto presentó un reto a los apóstoles, que tomaron la siguiente estrategia:

"No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas. Hermanos, escojan de entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría, para encargarles esta responsabilidad. Así nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra" (Hechos 6:2-4).

Este pasaje nos entrega tres principios: Primero, la solución se encuentra dentro de la comunidad misma. Ella tiene los recursos humanos para resolver el problema. Segundo, se debe seleccionar líderes con características que ayuden a resolver el problema. Los apóstoles dieron prioridad al carácter de las personas que funcionarían como líderes, más que a sus habilidades. La línea de pensamiento fue buscar líderes con buen testimonio y llenos del Espíritu, características más importantes que cualquier otra habilidad. Por último, está la delegación, esto es, ponerlos a cargo de un ministerio. El asunto no termina allí. Laicos como Esteban y Felipe, que fueron elegidos para servir a las mesas, extendieron su ministerio a otras áreas, como la de testificar, en el caso de Esteban, y predicar y evangelizar, en el caso de Felipe.

El apóstol Pablo desarrolla una teología del ministerio en la que incluye a todos los laicos, porque se centra en la diversidad de dones: "Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado" (Romanos 12:4-6). Además, al final de las cartas paulinas, podemos observar el gran número de personas que eran líderes laicos que participaban en el ministerio de la iglesia.

Al aceptar el sacerdocio universal de los creyentes, afirmamos que todos los laicos tienen un papel significativo en la obra de Dios. La escritura dice que el Espíritu da a los creyentes ciertos dones "para el bien de los demás" (I Cor. 12: 7). Es en esa manifestación del Espíritu que reside el potencial para servir a la gente dentro y fuera de la iglesia.

En términos de agricultura, se diría que todas las semillas tienen poder de germinar, el potencial está dentro de ellas. Solo hay que proveerles de las condiciones necesarias (agua, tierra, luz, etc.) para que broten y empiecen a desarrollarse, florezcan y den fruto. Asimismo, los laicos son ministros en potencia, solo hay que crear las condiciones de crecimiento que necesitan.

Nuestra conferencia ha puesto en práctica algunos de estos principios para desarrollar liderazgo laico. Cuando se me nombró para fundar una iglesia en la ciudad de Woodstock, también se formó un comité de varias de nuestras iglesias no hispanas, para trabajar juntos en el establecimiento de esta nueva misión hispana. Al visitar una de las iglesias, cerca de donde queríamos empezar la nueva comunidad de fe, encontré a dos hispanos, José Luis y Asmir. Los invité a asistir a nuestras reuniones por la tarde y les conté de la visión de establecer una comunidad de fe para los hispanos. Vi en ellos el potencial de liderazgo por su buen testimonio. Dios empezó a bendecirnos cuando empecé a delegarles algunas responsabilidades. Gracias a su trabajo, Dios empezó a añadir gente de diferentes países: Guatemala, Salvador, Venezuela, México, República Dominicana, Cuba y americanos.

Como joven, José Luis es líder de los jóvenes y participa en el grupo de alabanza. Azmir es líder en el servicio y la mayordomía. Después otro joven llamado Luis se convirtió en la iglesia, recibió entrenamiento para grupos pequeños y llegó a ser otro líder de jóvenes, organizando un equipo de fútbol. Además, enseña inglés en un centro llamado “Mi Familia”, organizado por el Dr. Aquiles Martínez. La misión ya tiene alrededor de 60 personas.

También fui nombrado para establecer otra iglesia, en Mount Pisgah. Empecé con lo que había, con Jorge y Luz, una pareja colombiana. Con el tiempo y entrenamiento, se formaron líderes laicos para hacer crecer la iglesia hasta 65 miembros. Además, se logró descubrir a un nuevo líder que llegó a ser pastor. No fue fácil dejarlo ir, pero Dios nos envía laicos para desarrollarlos como líderes, y algunos partirán para cumplir los planes que Dios tiene para ellos.

Creo que la clave es crear las condiciones de crecimiento. Cosas como entrenamiento, selección, delegación. En todo esto, es vital confiar que los dones se darán y que los laicos de hoy serán los pastores del mañana.
 

--Juan Quintanilla, Director Asociado de Desarrollo de Nuevas Iglesias, Conferencia Georgia Norte. jquintanilla@ngumc.org


el Intérprete, marzo-abril, 2012