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Crecimiento congregacional por medio de grupos pequeños

Por Luky Cotto


La frase Rethink Church me hizo repensar en que la iglesia está llamada a salir de las cuatro paredes de su edificio. Si queremos crecer, tenemos que salir a compartir el evangelio como lo hizo Jesús.

Cuando empecé a plantar una iglesia en Hatboro, PA, empecé en mi casa, invitando a unas mujeres que conocí en el pueblo donde está la iglesia que me invitó a empezar un ministerio con personas latinas.

No las invité a la iglesia porque no quería que se alejaran, al pensar que tenían que ir a un edificio donde todo iba a ser muy formal. Después de varias semanas en mi casa, tomando café con pan, o chocolate, o algunas veces cenando, estudiando la Palabra y cantando, el grupo creció y nos mudamos al edificio de la iglesia anglosajona. Esta comunidad de fe creció y se ha multiplicado. Al seguir visitando, encontré a otras mujeres, y les pregunté si podíamos reunirnos una vez a la semana en una de sus casas. Esto permitió formar otra comunidad de fe.


Niñas de la Comunidad de Fe Hatboro

¿Cómo empezamos la comunidad de fe?

Entré en conversaciones cotidianas, preguntándoles cómo les había ido durante la semana, si había alguna preocupación personal o de la comunidad o si les gustaría que hiciéramos algo como comunidad de fe. También les compartí ideas de cómo ganarse algo de dinero adquiriendo nuevas destrezas, como bordar, coser, tejer, croché, o cocinando algún plato típico de sus países. También surgió la idea de enseñar artes manuales.

El lugar donde se encuentra esta comunidad de fe proveyó de una huerta para sembrar verduras, etc. Compramos semillas, las plantaron, las cuidaron, y luego vino la cosecha para compartir con la comunidad, ayudarse mutuamente con las verduras y vender el resto para ayudarse con alguna necesidad. Esta ha sido una experiencia maravillosa. Durante la primavera y el verano se levantan a las 5:00 a.m. para ir a regar la huerta, cuidarla, cosechar y aprovechar lo que Dios nos ha dado.

También hicimos colchas y frazadas para el invierno. Luego hicimos tapetes para la mesa y botitas de lana para bebés, para vender. Estas actividades atrajeron a otras mujeres y la comunidad siguió creciendo, ahora tienen su propia líder.

Una de las iglesias metodistas de otra ciudad escuchó que teníamos necesidad de comprar tierra para huerta y proveyeron de dinero para comprarla. Además, invitaron a las mujeres de nuestra comunidad de fe a asistir a un banquete para que el resto de la congregación las conociera.

Cada comunidad de fe es diferente. Hemos trabajado con cada una teniendo esto en cuenta, proveyendo lo que la gente necesita, está dispuesta a hacer y de la forma que pueden y quieren aprender.

En todos los grupos se come antes o después del estudio bíblico. Muchas veces las necesidades o situaciones ocurridas durante la semana ocupan el tiempo, y no se tiene el estudio bíblico sino una reflexión basada en la situación que se presentó.

Uno de los proyectos que tienen las comunidades de fe es ayudar con arroz y frijoles para el ministerio de comida de la iglesia madre. La iglesia sirve a la comunidad sin hacer preguntas de ninguna índole.

Tenemos cuatro comunidades de fe alrededor de la iglesia madre, la que está más lejos queda a 20 minutos de la iglesia. La primera comunidad de fe que se formó ahora es casi una congregación en formación.

Cada mes tratamos de que todas las participantes de las comunidades de fe se reúnan en la iglesia para compartir, conocerse y disfrutar de una noche familiar, en donde todo es diversión y compañerismo.

Multiplicación y crecimiento

El tener comunidades de fe alrededor de la iglesia ha permitido que la comunidad, que se reúne en la iglesia con cultos formales, crezca y se fortalezca, pues muchas de las personas que asisten a las comunidades de fe sienten que esa es su iglesia y asisten los domingos. Hay personas que quizás nunca asistirán, y está bien, sus compromisos laborales o familiares no les permiten asistir, pero son fieles a la comunidad de fe semanal.

Las comunidades de fe están compuestas de nuevas personas en Cristo, personas católico-romanas, y personas que no asisten a ninguna iglesia, así como de niños y niñas, que son fieles a la comunidad de fe y participan de todas las actividades de la iglesia en formación.

El salir de las cuatro paredes ha permitido que Casa del Pueblo, ministerio de la Iglesia Metodista Unida Lehman, sea un éxito para lo gloria del Señor.

Esto ha permitido que las comunidades de fe produzcan tres líderes. Al principio, yo atendía las cinco comunidades de fe, ahora sólo atiendo dos y el culto de los domingos. También dirijo a una de las comunidades de fe que se reúne por la noche en la iglesia, tipo estudio bíblico, pero con los componentes de una comunidad de fe que se reúne en un hogar.

El desarrollar líderes dentro de las mismas comunidades de fe es práctico y menos intimidante para las personas nuevas. Así, el pastor o pastora puede llegar a conocer mejor a su rebaño y discernir qué dones y talentos desarrollar.

Cuando se quiera plantar una iglesia, aconsejo que la persona encargada desarrolle comunidades de fe en el vecindario. Esto probará ser algo bueno para el ministerio. Los pastores que ya tienen una iglesia formada también deberían tener grupos pequeños semanales en la comunidad. Lo importante es salir de las cuatro paredes. Su iglesia crecerá. Dios nos ayude a seguir expandiendo su reino aquí en la tierra a través de muchas comunidades de fe.


--Luky Cotto, pastora de Casa del Pueblo en Hatboro Pensylvania.


el Intérprete, mayo-junio, 2012