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Combatiendo la pobreza

 

Por Luz Maldonado


La Iglesia Metodista Unida El Buen Pastor se encuentra en la comunidad del condado de Highland, en el centro de la Florida. Por más de 75 años, las cosechas de cítricos ha sido la mayor industria del área. La gente que trabaja en estos campos lo hace de sol a sol, reciben salario mínimo, trabajan horas extras que no les pagan, no tienen derechos como trabajadores, y no tienen seguro médico, ni para ellos ni su familia.

Quemados por el sol
En las plantaciones de Florida sólo trabajan hispanos, vestidos con ropas humildes. Viven quemados por el sol y llenos de sudor por la ardua labor que realizan día a día. En nuestra comunidad hay personas de México, Cuba, Puerto Rico, Nicaragua, Honduras, Panamá, Argentina y otros países de Centro y Sudamérica. Pero la población hispana más numerosa es la que trabaja en las fincas de cítricos. En su mayoría son hispanos indocumentados procedentes de México, Centro y Sudamérica.

Arriesgan sus vidas buscando la "tierra prometida donde fluye leche y miel". Sin embargo, la realidad es muy distinta, lo que encuentran es otro Egipto donde sufren opresión, racismo, explotación, violación de derechos humanos y laborales, desempleo, pobreza, falta de vivienda adecuada, falta de atención médica y problemas de salud.

En Estados Unidos, los hispanos/as han tenido éxito y fracasos en su empeño por abrirse paso en la compleja sociedad norteamericana. La carta de triunfo de los hispanos ha sido la educación que les permite ser competitivos (difícil de lograr en la primera generación, pero con mejores oportunidades en las siguientes) y en buena medida su participación política en los procesos electorales.

Los más necesitados
Los cuatro grupos de mayor necesidad en nuestra comunidad son: los ancianos, los trabajadores agrícolas, las mujeres y los niños.

 

Ancianos: La mayoría de los residentes son gente sola mayor de 50 años. Cuando se enferman no tienen a quién recurrir. No hay quien los lleve al médico, quien les haga compañía o les cocine. No tienen recursos para pagar lo que el Medicare no cubre y optan por no ir al médico.

Trabajadores agrícolas: Los hispanos/as constituyen el 90 por ciento de los trabajadores agrícolas del área. Sólo los que tienen visa de trabajo tienen derecho a que el patrón pague gastos médicos por accidentes laborales. Pero la realidad es que la gran mayoría son indocumentados. Los trabajadores agrícolas están expuestos a pesticidas, falta de higiene en el trabajo y condiciones de viviendas inapropiadas. Todo esto resulta en una incidencia alta de epidemias sin beneficios de salud.

Mujeres y niños: Hay muchas mujeres que estando en el quinto o sexto mes de embarazo, todavía no han visitado a un médico. Por falta de recursos muchas escogen dar a luz en la casa de alguna mujer que quiera asistirlas como partera. Al dar a luz, pierden su trabajo porque tienen que quedarse en casa cuidando del recién nacido.

En cuanto a los niños, algunos duermen en los autos de sus padres mientras éstos, a un par de metros, trabajan alimentando animales, limpiando o empacando en una granja. Los niños están expuestos a picaduras de insectos, roedores y a las inclemencias del tiempo. También prevalece una mala nutrición para los niños debido a la falta de recursos económicos o a causa de la ignorancia de los padres.

Una comunidad rezagada
La iglesia debe unirse a las diferentes agencias del gobierno para ayudar a la gente en necesidad, abogar contra la pobreza y promover la salud. Involucrarse con la comunidad impacta grandemente el ministerio de la iglesia. Tanto la iglesia como la comunidad se benefician por esta labor. No se puede hacer ministerio en una comunidad, si no se conoce cuáles son sus necesidades.

El año 2003, observamos, en un supermercado cercano a la iglesia, que varios trabajadores agrícolas tenían frío por carecer de ropa adecuada para el invierno. Inmediatamente, la gente de la iglesia se movilizó y trajo abrigos, frazadas, gorros, guantes y bufandas. Como sabíamos cuándo es que los jornaleros llegaban al lugar, nos preparamos para proveerles de la ropa y frazadas. Nos dio mucha satisfacción ver la sorpresa de ellos al recibir la ropa para el invierno que tanto necesitaban. Uno de los miembros del Comité de Misiones se dio el trabajo de seguir a un vehículo a su vecindario, descubriendo una comunidad hispana grande con muchas familias, mujeres y niños.

Ropa de invierno
Nuevamente hicimos el llamado a los hermanos para proveer ropa de invierno y frazadas a familias necesitadas. En comunicación con el Distrito Sur Oeste de Florida y el Superintendente Rdo. David Herman, conseguimos que se donara un camión repleto de ropa, abrigos, frazadas y juguetes.

Acción de gracias
Inmediatamente planificamos una actividad para celebrar una cena de Acción de Gracias invitando a la comunidad hispana para que conociera nuestra iglesia. Llegaron alrededor
de unas 80 personas. Luego de la cena, repartimos ropa y frazadas a todos los que estaban presentes. El evento tocó las vidas de estas familias y también las nuestras.

La carrera del pavo
En los últimos dos años, celebramos la carrera del pavo, que es un maratón en la iglesia y abierto a la comunidad. Todas las personas que compiten y llegan en primer lugar, en cada una de las categorías, se les regala un pavo para su cena de acción de gracias. El pasado año repartimos 32 pavos.

Navidad y juguetes
Otra actividad fue una cena de navidad con repartición de juguetes para los niños. La respuesta fue sorprendente. Llegaron unas 20 familias con niños. Tres hermanos de la iglesia se vistieron de Reyes Magos y repartieron los juguetes (tradición que se continúa celebrando todos los años). La ropa y frazadas y juguetes que quedaron de ese día los llevamos a la comunidad y los repartimos a todos los niños que nos encontrábamos por el camino.

Adorando a Dios bajo un solar
Un hermano nos prestó una parcela vacante para que podamos ofrecer una Escuela Bíblica todos los domingos. Este solar tenía un árbol alto y frondoso que se convirtió en nuestro lugar de reunión. Allí celebramos la escuela bíblica y cumpleaños, oramos por la comunidad y las necesidades de aquellos que nos acompañaban.

Clases de inglés y español
En la iglesia comenzamos a dar clases de inglés para los hispanos que querían aprender el idioma. También comenzamos clases para que los adultos aprendan a leer y escribir en español. Facilitamos transporte para quienes no tenían cómo llegar a la iglesia.

Canastas de alimentos y útiles escolares
Comenzamos a donar canastas de alimentos tres veces al año para las familias más necesitadas: para Acción de Gracias, Navidad y Semana Santa. Cada canasta estaba llena de alimentos, productos de primera necesidad y sorpresas para los niños. Una de las satisfacciones más grandes es ver el rostro de los padres al recibir esta ayuda y ver a los niños disfrutando de las sorpresas. Para el comienzo de clases, en agosto, preparamos una bolsa con libretas, lápices, crayolas y efectos escolares básicos.

Otros programas
Con el tiempo, los ministerios van cambiando conforme a la necesidad que se presenta. Hemos retenido algunos de los programas del principio. Recientemente, hemos incluido programas de salud. Con financiamiento del Departamento de Salud y Home Depot, la iglesia recibió un huerto de hortalizas valorado en $13,000.00 dólares y hemos facilitado la construcción de una huerta. Estos programas han sido muy beneficiosos para la comunidad. Estas experiencias enriquecen mi vida. Lo más importante que he aprendido es entender que podemos transformar vidas y comunidades, si organizamos programas de alcance a la comunidad que respondan a sus necesidades reales.

Si tomamos en cuenta tanto las necesidades corporales como las espirituales, la experiencia sacramental, litúrgica, culto de sanidad, devocional y participación en estas áreas, conectaremos el ministerio de sanidad de la iglesia con las prácticas de la comunidad de fe, entonces nos daremos cuenta que estos son los medios de gracia y restauración.


--Luz Maldonado


el Intérprete, mayo-junio, 2010