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Ayude a sus líderes a descubrir sus dones

Por el Rdo. Irving Cotto


Déjenme empezar con una parábola sobre dos individuos interesados en el campo del derecho. Uno de ellos había completado sus estudios de leyes, obteniendo finalmente su licencia de abogado, pero resultó ser un abogado pésimo. El otro estaba en el proceso de completar sus estudios, así que todavía no tenía licencia. No obstante, la gente siempre venía a consultarlo gratuitamente, porque sabían que tendría una respuesta práctica, atinada y relevante. Un día ambos se encontraban caminando por la misma avenida, pero en aceras contrarias. El licenciado en son de burla le grita al estudiante: "adiós, abogado sin título". El estudiante le contesta: "adiós, título sin abogado".

Pablo ofrece una lista de dones específicos: profetizar, servir, enseñar, repartir, exhortar, presidir, hacer misericordia.Esta historia ilustra lo importante que es tener gente con verdaderos dones para el ministerio. Una de mis preocupaciones, a lo largo de mi quehacer pastoral, ha sido ayudar a la feligresía a que descubra dónde puede ser de mayor utilidad en la comunidad cristiana y, sobre todo, cómo puede rendir el mejor honor a Dios.

Tanto en las clases para membresía, confirmación, talleres de capacitación como en sesiones de consejería pastoral, he observado cómo personas de buen corazón y celo por su iglesia local están un tanto desubicadas. Es decir, se encuentran activas en una tarea en la que sus verdaderos talentos se han mantenido encubiertos y están tratando de realizar un trabajo que no va a la par con su verdadera vocación y llamado.

Romanos 12:3-8 ofrece palabras de consejo para cultivar una atmósfera saludable en la congregación. Estos versos son parte de una carta en la que el apóstol Pablo se concentra en la "comunidad del mesías". Esta comunidad promueve un tipo de vida radicalmente diferente a la sociedad que le rodea. Una vida basada en el amor (Ef. 4:15-16). Central a la preocupación del apóstol Pablo es preservar la unidad de la iglesia. En ese contexto, propone algunos consejos que todavía tienen pertinencia para la iglesia de hoy.

Primeramente, hace hincapié sobre la auto-imagen: "En virtud del don que he recibido, me dirijo a cada uno de ustedes: no tengan pretensiones desmedidas, más bien, sean moderados en su propia estima, cada uno según el grado de fe que Dios le haya asignado (Romanos 12:3, La Biblia de Nuestro Pueblo. Bilbao: Ediciones Mensajero, 2006).

En otras palabras, nos invita a explorar lo que pensamos de nuestra persona en lo que se refiere al carisma que Dios nos ha impartido. Nos llama a la cordura y a conocernos de veras; a conocer nuestras limitaciones, virtudes, fortalezas y debilidades. La comunidad donde participamos nos apunta en cierta dirección, se hace de una idea de quiénes somos o en qué manera podemos servir al Señor. Pero a la postre tenemos que conocernos a nosotros mismos.

En segundo lugar, Romanos 12 nos recuerda que los carismas son un reflejo de la gracia de Dios en la vida de sus hijos e hijas, y que deben compartirse en una atmósfera de cooperación, unidad y mutualidad. No son para nuestro deleite personal o para engrandecernos. Mediante el uso de la imagen del cuerpo humano, dotado de diversos miembros con diversas funciones, el apóstol insiste en que cada creyente deberá descubrir y ejercitar su carisma particular para adelantar el trabajo del reinado de Dios.

Pablo ofrece una lista de dones específicos: profetizar, servir, enseñar, repartir, exhortar, presidir, hacer misericordia. Estas acciones contribuyen a la formación, transformación y acción de la iglesia en medio de la sociedad.

Es de vital importancia que en la congregación haya un proceso intencional de discernimiento, reflexión y estudio por el cual las personas puedan descubrir los dones que Dios ha depositado en sus vidas para el bienestar y fortalecimiento de su congregación y para el desarrollo de sus respectivos ministerios.

Sé lo que es estar en situaciones donde solo podemos contar con un puñado de personas comprometidas con el reino de Dios, o en situaciones en las que la continua movilidad de nuestro pueblo latino nos deja sin líderes capacitados de la noche a la mañana. Esto nos fuerza a repartir funciones entre los que han quedado atrás y, lamentablemente, a veces hemos puesto responsabilidades sobre personas que probablemente serían más productivas en otras áreas de servicio.

Al mismo tiempo, sé lo que es disfrutar un liderato eficaz, floreciente, feliz y productivo, porque realiza una labor para la cual ha sido llamado y capacitado. Siempre habrá quienes piensen que este asunto del liderazgo es algo puramente administrativo, o un asunto de temperamento o personalidad. Pero si tomamos en serio las sagradas escrituras, la obra activa del Espíritu de Dios y la sabiduría de la comunidad de fe, no cabe duda de que tomaremos tiempo como líderes pastorales, como superintendentes o personas a cargo de algún grupo de trabajo para oír la voz de Dios, de nuestro propio espíritu y la de la asamblea, antes de seleccionar líderes.

Gran parte de mi trabajo actual, como director de desarrollo congregacional en la Conferencia Anual de Pensilvania del Este, consiste en reclutar personas para el ministerio de plantar iglesias o comunidades de fe. Este pasaje me ayuda a tener presente que cada una de estas personas es especial; que entre ellas va haber grandes diferencias y diversas virtudes para el desarrollo de una nueva iglesia. Al mismo tiempo, en algunos casos el mismo proceso de auto-examen puede resultar en dirigir a la persona a otra clase de ministerio donde pueda servir más eficazmente.

A veces nos apuramos a descartar a algunas personas para ciertas ocupaciones porque creemos saber cuáles son las verdaderas fortalezas o debilidades de estas personas. Por otra parte, a veces hemos sido demasiado rápidos en colocar a ciertos individuos en ciertas tareas, otra vez, porque creemos saber cuáles son las verdaderas fortalezas o debilidades de estas personas.

¿Cuánto tiempo hemos pasado en oración, discernimiento, diálogo, capacitación y acompañamiento para hacer un mejor trabajo de selección y envío al campo de trabajo? ¿Qué sistemas de apoyo, superación y evaluación proveemos para que personas puedan pulirse, descubrir o redescubrir sus vocaciones ministeriales de acuerdo a la “gracia que Dios le ha dado”?

No cabe duda de que es importante que la pastora o pastor puedan articular una visión propia que le dé dirección a la iglesia, pero a la vez deberá ser una visión de conjunto, es decir, que incluya la participación del liderato de la congregación. Por medio del comité de liderazgo, la congregación tiene la oportunidad de expresar su visión sobre la clase de liderato que necesita y los criterios para seleccionarlo.

El comité de liderazgo laico de la iglesia local bajo la dirección de su pastor o pastora puede ser de gran ayuda en este proceso de discernimiento, si entiende que su tarea va más allá de llenar vacantes o cumplir con una obligación disciplinaria para efectos del cargo pastoral. En una atmósfera de oración y diálogo sincero, este equipo puede abordar la tarea de recomendar personas adecuadas para una labor específica con un profundo sentido de responsabilidad y humildad.

El comité puede ofrecer talleres sobre los dones del Espíritu, exponer a la congregación a un cuestionario sobre talentos, y realizar varias reuniones durante el año para promover la oración y el discernimiento para conseguir las personas que la congregación necesita para fortalecer y expandir su misión.

Nuestras iglesias y ministerios serán más fructíferos, sanos e inclusivos, si nos esforzamos por crear oportunidades en las que personal y colectivamente podamos ver más claramente aquello para lo cual Dios nos ha llamado y así reclutar, capacitar y apoyar a cada integrante de la comunidad en el ejercicio de su vocación.
 

--El Rdo. Dr. Irving Cotto es Director de Desarrollo Congregacional y de Ministerios Latinos, Conferencia Pennsylvania del Este.


el Intérprete, noviembre-diciembre, 2011